Martín Piroyansky

Hacer la película que te gustaría ver

Ha estado en cine (es el amigo de Daniel Hendler en Mi primera boda), televisión (Amas de casas desesperadas) pero fue con su protagónico en Tiempo de libre su serie que se ve en YouTube, en donde Piroyansky mostró su potencial como actor, escritor y director de una suerte de reality sobre la vida de un actor que no es otro que él mismo.

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Piroyansky en una comedia argentina hecha por y para jóvenes.

La primera temporada es muy divertida. Ahora, algo de ese espíritu está presente en Voley, la película que escribió, protagonizó y dirigió y que se estrena en Montevideo este jueves. En su segundo film como director Piroyanski homenajea a los humoristas norteamericanos y se deja influir por Eric Rohmer.

"Una película para jóvenes hecha por jóvenes." Así define Martín Piroyansky a Voley, su segunda incursión en la dirección cinematográfica, que se estrena este jueves 23 en Uruguay. El argumento de la película es simple: Nicolás (el propio Piroyansky) llega a una típica casa del Delta con un grupo de amigos. La idea es celebrar el Año Nuevo sin mayores sobresaltos. Pero terminará protagonizando una serie de inesperados enredos amorosos que lo pondrán en jaque. Inés Efrón, Violeta Urtizberea, Vera Spinetta, Justina Bustos y Chino Darín completan el elenco de esta película, condimentada con graciosos equívocos provocados por el consumo de drogas y algún que otro chiste escatológico.

—¿Cuándo empezaste a trabajar en la idea de este largometraje?

—Hace unos seis años, después de un viaje a Cabo Polonio con un grupo de amigos y amigas. Y una película que me gusta mucho, Pauline en la playa, de Eric Rohmer, de algún modo me sirvió de inspiración. Pensé en una comedia de enredos aggiornada, bien de esta época, y la escribí de un tirón. Después la abandoné, la retomé y aquí estoy... Cuando la presenté en Patagonik, ni siquiera había pensado en el elenco, porque di por descontado que la productora iba a decidirlo. Pero me dejaron la decisión a mí, cosa que agradezco mucho.

—¿La nueva comedia norteamericana fue también un modelo para la película?

—Sí, es evidente. Loco por Mary, por ejemplo. Es un tipo de cine que me gusta mucho. En la Argentina todavía hay un terreno virgen para explorar en ese sentido. Se hicieron cosas, pero hay muchas por hacer. Creo que si hiciéramos remakes de las comedias norteamericanas de los 80 serían un éxito. Ariel Winograd está trabajando muy bien en este terreno: Mi primera boda es una muy buena comedia romántica, inusual para el cine argentino. Creo que van a empezar a aparecer más películas de este tipo. Yo escribí Voley porque me gustaría ver en cine una película así. Supongo que mucha gente va a entrar rápido en el código porque ya vio muchas películas norteamericanas de este estilo.

—¿Qué expectativas reales tenés con la taquilla?

—Como actor ya viví muchos estrenos, vi cómo son los procesos de una película y lo difícil que es adivinar su destino, que depende de cosas muy aleatorias. Encima no hay muchos casos parecidos a Voley. No hay películas protagonizadas por jóvenes, hechas por jóvenes y con los jóvenes como principales destinatarios, como para observar un antecedente. Pienso en Las insoladas, pero tampoco se parece tanto... Estoy un poco perdido, no tengo idea de lo que va a pasar con la película. Obviamente, me interesa que la vea mucha gente, me interesa hacer un cine convocante que me permita seguir filmando.

—Es un tipo de comedia que también podría funcionar en la televisión. Sin embargo, las comedias de la TV argentina son completamente distintas.

—Sí, claro que podría funcionar. Yo tengo proyectos para la TV, pero son caros. Ojo, para Pol-ka lo que yo necesito quizá sea un vuelto, pero para una productora más chica no tanto. Hice Tiempo libre, una serie con capítulos cortitos, de entre cinco y siete minutos, y anduvo muy bien en YouTube. El primer capítulo tuvo más de cien mil reproducciones. Era un proyecto para la Universidad de Tres de Febrero, que iba a lanzar un canal que al final no apareció. De la TV no me interesaba especialmente la popularidad, la llegada, todo lo que ese medio promete. Pero empecé a dirigir y me cambió el paradigma, porque cuanto más popular sos, más recursos tenés. Ojalá pueda dirigir una tira alguna vez.

—¿Te sentís cómodo dirigiendo?

—Sí. Cuando descubrí la dirección fue toda una novedad y ahora quiero profundizar en eso. Me encanta actuar, de hecho este año tengo bastante laburo como actor, pero la dirección me abre un campo de investigación muy interesante. Ser actor me permitió estar liberado de cierto temor que tienen los directores cuando trabajan con los actores. A mí eso no me pasa porque conozco mucho el oficio y no estoy encima de los actores. Me dedico mucho más a la imagen y confío en los colegas que elijo.

—¿Qué trabajos como actor tenés este año?

—Estoy en la nueva película de Ariel Winograd, Sin hijos, con Diego Peretti y Maribel Verdú. Y en Waterfall, de Alejandro Chomsky, una historia que tiene un humor absurdo que a mí me gusta mucho.

—¿Voley terminó siendo la película que esperabas?

—Yo tenía en la cabeza un tono específico para la película, pero notaba que nadie lo veía en el guión, que nadie confiaba del todo en que el resultado terminara siendo el que yo esperaba. De hecho, cuando terminamos el rodaje, muchos de los que trabajaron conmigo me dijeron: "Che, me gusta más la película que el guión". Me lo confesaron después, pero yo ya lo sabía. Por suerte, creo que tenía razón yo.

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