CRÍTICA

Una película con muchas vidas

Fragmentado [***]Estados Unidos. 2016. Título original: Split. Escrita y dirigida por M. Night Shyamalan. Fotografía: Michael Gioulakis. Música: West Dylan Thordson. Montaje: Luke Franco Ciarrocchi. Dirección artística: Jesse Rosenthal. Con: James McAvoy, Anya Taylor-Joy, Betty Buckley, Haley Lu Richardson, Jessica Sula, Neal Huff, Brad William Henke, Izzie Coffey. Duración: 117 minutos. Estreno: 23 de febrero.

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Fragmentado. Foto: Difusión

Ha sido una carrera rara la de M. Night Shyamalan, un director que iba para importante. Lo consiguió a medias. Aunque como queda claro en la nota que acompaña esta crítica, sus películas han sido si no tan exitosas como Sexto Sentido, sí le han dado el crédito suficiente para seguir filmando. Lo que está claro es que ninguna de sus siguientes películas (entre las que hay buenas como La Aldea y otras con buenos momentos como Señales), son tan contundentes como aquella primera y que, como guionista y director Shyamalan es tirando a irregular.

Con más de 20 años de carrera, en todo caso, este director de origen indio pero que siempre filma en Filadelfia, es un buen generador de ideas a las que adorna con interesantes puestas en escena y guiones que no siempre son la manera más afortunada de resolver esas buenas ideas.

Acá lo que hay es una buena combinación de Avenida Cloverfield y No respires pero donde antes había una amenaza extraterrestre o un ciego realmente peligroso, acá hay un secuestrado con 23 personalidades, a la espera de la 24 que va a ser la peor de todas. Mientras, mantiene secuestradas a tres adolescentes listas para el sacrificio.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Pero Fragmentado no es tan inventiva como Avenida Cloverfield, ni está tan bien como la de Fede Álvarez. La puesta en escena es interesante, aprovechando escenarios imaginativos y algunas ideas interesantes de encuadres (esos travellings enmarcados por pasillos; los primeros planos; la cámara fija que deja lo esencial fuera de cuadro). Pero son todos detalles que están en el Shyamalan básico.

El problema es cuando empieza a abarcar muchas cosas. Por ejemplo, una terapeuta tolerante que intenta dar una explicación científica y nadie le cree, o una subtrama de abuso infantil que aporta poco, o no deja claro la razón de estar ahí.

Pero este es el show de James McAvoy, un actor escocés no muy carismático pero que es Charles Xavier en alguna de las sagas de los X-Men. Acá compone algunas de las 23 personalidades que habitan en el cerebro de su personaje y que van desde una niña a un demonio musculoso que verdaderamente mete miedo. McAvoy consigue la transformación necesaria para su personaje, a veces incluso en una sola toma.

La posibilidad de que Shyamalan acá esté haciendo una suerte de reflexión sobre la condición de los superhéroes queda explícita en una escena final que refiere a otra película suya. Es un guiño divertido y que avisa que acá la cosa viene de saga. Este personaje fragmentado y peligroso tiene vidas para rato.

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