Entrevista

"Con la película sólo encontré entusiasmo y cariño"

Una charla con el director de "Una mujer fantástica", la chilena la ganadora del Oscar a mejor película extranjera

Sebastian Lelio
Sebastián Lelio

El director de Una mujer fantástica,  que está en cartel en Uruguay y que ganó el último Oscar a la mejor película extranjera, está ocupadísimo. El 27 de abril estrena su primera película en inglés (Disobediencie con Rachel Weisz y Rachel McAdams) y edita la versión americana de Gloria, su película de 2013; esta remake, está protagonizada por Julianne Moore. Pero Lelio, que está casado con una uruguaya, atiende a El País para hablar de Una mujer fantástica, el melodrama sobre Marina, una viuda transgénero que consiguió un Oscar, premios en Berlín, nueve nominaciones a los Platino y abrió un debate en la sociedad chilena.

—¿Cómo ha sido la vida después del Oscar?

—Muy vertiginosa y emocionante. Recibir el primer Oscar para un largometraje para Chile fue un honor tremendo y una alegría para todo el equipo. Y es muy potente cómo la película y el Oscar reactivaron con mucha fuerza, la discusión sobre la identidad de género en Chile. La presidenta Bachelet le dio suma urgencia y aunque el actual presidente Piñera, que es de un sector más conservador, le quitó la suma urgencia, sigue teniendo urgencia simple. O sea es un tema que se está discutiendo en la sociedad y en el Congreso. Eso también nos emociona mucho porque si bien no era nuestra intención hacer una película de causa, es muy fuerte cuando el cine se desborda de la pantalla hacia el tejido social. Y ha sido muy sorprendente y conmovedor, ver la alegría que este premio generó en los chilenos.

—Aunque dice que no es una película de causa, era consciente del material con que trabajaba...

"Marina es mi superheroína. Ella y Gloria. Con ellas ya tengo mi franquicia Marvel"

—Sí y no. La película funciona en muchos direcciones, juega con muchos géneros y es una especie de caballo de Troya que opera utilizando distintos tonos y no es una película tan sencilla. Sabía que había una provocación en la película y un cierto nivel de belleza pero pensé que nos íbamos a encontrar con muchísima más oposición. Pero desde el estreno en Berlín, lo que más encontramos fue entusiasmo y cariño. Así que ni estaba preparado, ni sabía realmente lo que teníamos entre manos.

—Quizás porque en Uruguay ese tema ya, por lo menos ya se ha debatido, visto desde acá, los personajes parecen demasiado maniqueos en su rechazo a Marina, el personaje central de Una mujer fantástica por su condición transgénero. ¿Esa es una licencia de la narración o refleja la posición de muchos en Chile?

—Te invito a pasar una temporada en Chile como mujer transgénero. Hay una dimensión de la sociedad chilena que es tremendamente reaccionaria y que está tremendamente ligada a temores atávicos producto de nuestra condición insular. Hemos sido un país muy isla, entonces se dan estas deformaciones endogámicas. Hay dos Chile, uno orientado al pasado y otro que es mucho más moderno y avanzado, y en esa guerra santa nos la pasamos. El guión lo trabajamos con Daniela (Vega, la protagonista) como consultora del proyecto y lo cierto es que todo lo que ocurre allí, es completamente factible en la sociedad chilena.

—Esa idea de algo escondido está clarísima en la recurrencia a lo subterráneo, a un mundo abajo del otro.

—Eran una de las ideas visuales de la película. Había una especie de submundo que representa otras dimensiones de las posibilidades de ser. Hay un juego con los niveles de existencia y lo que está soterrado. Es parte de los juegos de la película como también lo son los reflejos. Son recursos muy clásicos del cine: la escalera y los espejos son motivos recurrentes del cine de suspenso, del melodrama.

"El melodrama es uno de los géneros más nobles. Es puro cine y eso es lo que lo hace hermoso"

—Las cataratas al comienzo marcan también un tono de melodrama...

—Completamente. Es un comienzo de película...

—De Douglas Sirk...

—Sí, es totalmente “sirkiana”, guardando toda la distancia.

—El melodrama americano era una forma para decir otras cosas como pasa con Una mujer fantástica.

—Para mi el melodrama es uno de los géneros más nobles. Es puro cine y eso es lo hermoso. Hay un cierto exceso en el melodrama, una confluencia que es casi irreal pero lo que se genera es la exacerbación de los sentimientos que cuando está bien hecha, a pesar de la artificialidad de la suma de los elementos, resultan en sentimientos genuinos. Esa contradicción es hermosa.

—Está en la etapa de montaje de una nueva versión de Gloria. ¿La película necesitaba una relectura?

—No, más bien sentía que luego de Una mujer fantástica y mi primera película en inglés sin ninguna vinculación con Chile era un buen momento para revisitar esos materiales, sobre todo movilizado por mi admiración por Julianne Moore. Y se reactivó porque en estos tres años el mundo dio un giro de 180 grados hacia el medioevo y políticamente Estados Unidos retrocedió muchísimo. La historia de una mujer que está llegando a los 60 y reclama su derecho a seguir viviendo se transforma en una película urgente y con posibilidades de tener resonancias potentes. La idea es hacer películas capaces de relacionarse con el mundo real.

—¿Ha recibido mucho proyecto disparatado de Hollywood?

—Lo que pasa es que el tema de la transición hacia el cine en inglés lo empecé a dar de manera muy natural después de Gloria, entonces es un proceso que venía con algo de experiencia. Pero ahora se han disparado las ofertas.

—¿Hay un superhéroe en tu futuro?

—No creo. Marina es mi superheroína. Ella y Gloria. Con ellas ya tengo mi franquicia Marvel.

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