CRÍTICA

En paz con la historia

Regreso con gloria [**]Dirección: Jay Roach. Guión: John McNamara, basado en un libro de Bruce Cook.

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Foto: Difusión

No hay arte más autorreferencial que el cine: abundan las películas sobre el cine y muchas romantizan la industria de Hollywood y sus protagonistas.

Regreso con gloria está a mitad de camino: es la historia de Dalton Trumbo condenado por esta misma industria que hoy lo eleva a la categoría de héroe. Es una reivindicación necesaria y una limpieza de conciencia innecesaria; en ambos casos merecía una mejor película.

Trumbo era un guionista talentoso y un comunista convencido al servicio de los capitalistas de Hollywood, una contradicción que no lo apuraba. Sus desplantes eran aceptados porque realmente era bueno en lo que hacía: se le ofreció el que fue el mejor contrato para un guionista de su generación. Pero eran malos tiempos para la rebeldía y Trumbo cayó en desgracia cuando, como parte de los llamados "10 de Hollywood".

Algunos la pasaron muy mal pero Trumbo se las ingenió para seguir en activo disimulado tras seudónimos o testaferros. En esas condiciones ganó dos Oscar y fue un ejemplo de la ridiculez de la caza de brujas que cayó sobre la industria del cine con anuencia de la patronal. Terminó reivindicado cuando un negocio más adaptado a los nuevos tiempos, lo volvió a recibir como uno de los suyos y pudo firmar los guiones de Espartaco y Éxodo, dos exitazos.

Las bases de esa historia están, claro, en este biopic dirigida por Jay Roach y con Bryan Cranston en el papel principal, que bien mereció su nominación al Oscar como mejor actor. Es un mérito importante porque consigue humanizar un personaje presentado desde sus grandes rasgos (comunista, padre de familia ausente, pendenciero, fumador tenaz que solía escribir en su bañera) y evita hacer escalas más profundas en un personaje que debería tener una riqueza mayor.

Roach (La familia de mi novia) consigue alguna originalidad en el uso de imágenes documentales pero se maneja con prudencia y perfil bajo, hay algún secundario interesante (no el depresivo de Louis CK pero si el expansivo de John Goodman) y un discurso final sobre la libertad funciona en su intención de emocionar. Pero es una película anodina, un adjetivo que Trumbo nunca mereció.

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