CINE

Paseo por la época de oro del cine italiano

Siguiendo el estilo de documentales que revisan la obra de cineastas como Las playas de Agnès (Agnès Varda, 2008) o Qué extraño llamarse Federico (Ettore Scola, 2013), en Detrás de los anteojos blancos Valerio Ruiz repasa la obra de Lina Wertmüller, primera mujer en ser nominada al premio Oscar a la Mejor Dirección y una de las pocas figuras elogiadas por el brutal crítico de Hollywood John Simon.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Evocaciones: Ruiz, un gran trabajo de guión y dirección. Foto: Emanuele Ruiz

La película aprovecha la fascinación que aún subsiste hacia la cinematografía italiana de los años 60 y 70, cuando coincidieron nombres notables como Federico Fellini, Pier Paolo Pasolini, Bernado Bertolucci y Luchino Visconti, y hurga en un detrás de cámara que reúne anécdotas como asistente de dirección de la mítica y de su convivencia en el set con estrellas del porte de Marcello Mastroianni.

Ruiz exprime al máximo el maravilloso carácter de su protagonista, vital y activa a los 88 años, en un retrato lleno de ideas y de movilidad, en el que traslada a Wertmüller por su memoria y por varias de las locaciones que le inspiraron guiones. Como una muestra de su particularidad personalidad, la hace cantar a cámara en repetidas escenas, al tiempo que colecciona anécdotas que delinean sus excentricidades, como la vez que compró 5.000 lentes de marco blanco.

Además, sumó los testimonios de actores con los que trabajó, entre ellos Sophia Loren, Harvey Keitel y Giancarlo Giannini. Este último protagonista de sus consideradas obras maestras: Mimí metalúrgico, herido en su honor (1972), Insólito destino (1974), y la más importante Pascualino Settebellezze (1976). También incluyó la opinión de Martin Scorsese para referir a la importancia que su cine tuvo en generaciones más jóvenes de norteamericanos, el cual, según este director, hizo nacer una tendencia gracias a sus atípicas escenas sexuales en las que se planteaba una lucha del género femenino sobre el masculino.

El testimonio de otro puñado de críticos insiste en que el cine de Wertmüller también se ocupó de rodar en el sur italiano, inexplorado por las cámaras hasta su llegada. Las grietas económicas entre las distintas regiones del país fueron su principal preocupación en buena parte de su filmografía, convirtiendo a su obra en un objeto de estudio casi social.

En uno de los pasajes, la genial directora explica que su principal interés fue lograr películas divertidas, virtud que encuentra más valiosa que el éxito. Por eso se concentró en generar comedias grotescas como nadie había hecho hasta ese momento. Scorsese señala la particularidad de que Pascualino Settebellezze apueste al humor dentro de un campo de concentración nazi, en una época en que el tema era tratado solamente como tragedia.

Uno de los rasgos más notables del film es constatar la lucidez y el compromiso de esta generación de artistas, por ejemplo cuando Loren y Giannini explican cómo su dirección de actores se apoyaba en el montaje para probar estilos de actuación que eran imposibles de lograr en una sola toma. El conocimiento técnico y narrativo de detrás de cámara de estos actores es notable, así como su gusto por discutir sobre ellos, muy lejano a las frases repetidas que suelen decir las estrellas de la pantalla en las entrevistas actuales.

Detrás de los anteojos blancos [****]

Italia, 2015. Dirección y guión: Valerio Ruiz. Fotografía: Giuseppe Pignone. Música: Lucio Gregoretti. Con testimonios de: Sophia Loren, Giancarlo Giannini, Martin Scorsese, Harvey Keitel, Rita Pavone. Género: Documental. Duración: 112 minutos.

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