CINE DE ANTES versus cine de ahora

Un tiempo pasado que fue mejor

Dustin Hoffman dijo que ya no se hace cine como “El Graduado” y que el talento está en la televisión. Puede tener razón y aquí van algunas explicaciones de eso.

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Cine de antes versus cine de ahora. Foto: Archivo El País

Dustin Hoffman se despachó hace unos días contra el estado actual de la industria cinematográfica, diciendo algo que muchos piensan: "Creo que ahora mismo la televisión vive su mejor momento. El cine, sin embargo, está en el peor. En los 50 años que he estado trabajando en esta profesión, este es el peor momento de todos". Y pudo agregar: "Nosotros hicimos El graduado (1967) y la película todavía se sostiene. Tiene un maravilloso guión que costó crear más de tres años, y un excepcional director con un magnífico reparto. Pero hicimos una película pequeña entre cuatro paredes y con pocos actores, y aún así fueron más de 100 días de grabación". Según él, hoy, con los presupuestos que se despliegan y las exigencias de filmar rápido para que los costos no aumenten más todavía, eso resultaría imposible.

Es significativo que otra gente opine de manera parecida. Hace también pocos días, un grupo de gente con dificultades de comprensión lectora se enojó porque alguien dijo que era un alivio saber que no iba a haber otra Volver al futuro, y creyó que eso era un ataque a Volver al futuro. En realidad, era solamente el reflejo de la opinión de Robert Zemeckis, realizador de la original trilogía futurista, que se opone terminantemente a que hagan una "remake", sospechando con causa que lo que Hollywood haría hoy sería destrozar la franquicia (casi toda nueva versión o secuela, desde la de La diligencia hasta la de Psicosis, han sido peores que los originales; probablemente la excepción sea la saga de El padrino, de la que la segunda entrega es ciertamente mejor que la primera gracias a su compleja estructura en dos tiempos y a la ausencia de Marlon Brando).

Pero el tema tiene varias aristas. Una de ellas es la de la industria en sí misma. La otra es lo que tiene que ver con la televisión. Vayamos por partes.

Épocas.

Dustin Hoffman saltó a la fama en un momento en que Hollywood y la sociedad estaban cambiando, y El graduado fue uno de los títulos icónicos de un cine joven y contestatario que reflejó las vivencias de una generación que se rebelaba contra al guerra de Vietnam, la injusticia social y algunos de los valores de sus mayores. Esa generación incluyó a directores como Mike Nichols, Dennis Hopper, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese, Peter Bogdanovich y varios más, y a actores como el propio Hoffman, Al Pacino, Bobby DeNiro, Robert Redford y otros. Ese cine inquieto duró por lo menos hasta mediados de los años setenta, con el trasfondo de la retirada de Vietnam y el escándalo Watergate. Coincidió además con la jubilación o muerte de buena parte de los cineastas importantes de la generación anterior: Hawks y Wyler ruedan su última película en 1970, Ford su último largo en 1966 y un documental en 1970, Capra, Vidor y Cukor seguían vivos pero ya se habían retirado.

Había quedado atrás el sistema de estudios, que tenía por cierto sus limitaciones pero que en su época de esplendor le concedió espacio a los mayores creadores que haya proporcionado el cine americano (varios de los nombrados y también Welles, Borzage, Aldrich, Sirk, Nick Ray, Kazan, Preminger, Minnelli, otros). La industria contaba con un público fiel y sabía que cualquier cosa que pusieran en la pantalla, alguien iría a verla, y eso permitía márgenes de libertad para los autores más inquietos: RKO podía perder dinero con Orson Welles, porque no dudaba que lo recuperaría ganaba con el otro montón de películas que producía al mismo tiempo.

La transición de los sesenta y setenta fue hecha empero por gente que todavía conocía y amaba a los clásicos: Coppola añadió el "Ford" de su nombre como homenaje al viejo Jack, Bogdanovich venía muy directamente de Hawks (Qué pasa doctor es casi una "remake" de Domando al bebé, y la última película que, cerrando un ciclo, se exhibe en el cine que cierra en un film llamado casualmente La última película es Río Rojo), Scorsese ha dicho a quien quiera oirlo que Taxi Driver es su versión personal de Más corazón que odio.

Casi todo eso cambió en 1977, cuando se detectaron rasgos que profetizaron la "revolución conservadora" de Reagan. El público pareció hartarse de films contestatarios, y los dos títulos más taquilleros del año fueron La guerra de las galaxias y Encuentros cercanos del tercer tipo. Un poco antes, en los Oscar Rocky le había ganado a Taxi Driver. Los efectos especiales comenzaron a ganarle a la inteligencia y así estamos (habría que hacer una excepción con Spielberg: sabe usar los efectos especiales pero también sabe contar, poniéndolos al servicio de la historia; es uno de los pocos).

Televisión.

Lo que ocurrió a lo largo de la segunda mitad del siglo XX con lo que al principio llamaron "la caja boba" tiene que ver también con el cuadro. Cuando la competencia se hizo dura (en los años cincuenta), la industria del cine se llevó a los mejores talentos de la televisión, de Lumet a Ritt, de Ralph Nelson a Mulligan.

Hoy se está produciendo el movimiento contrario. Lo que vende en cine son los grandes espectáculos (naturalmente: no es lo mismo ver El señor de los anillos o Los Vengadores en la gran pantalla que en la televisión), mientras que las buenas historias se ven en casa. El tiempo tiene algo que ver con ello.

Una película debe narrar su historia en dos horas, o un poco más. Una buena miniserie puede disponer de diez para enriquecer la anécdota, construir de manera más minuciosa el arco dramático de un personaje, proporcionar un drama más sustancioso. Las batallas y los robots lucen más vistosos en la pantalla grande. El drama íntimo y el matiz de conductas funciona mejor en la ya no tan chica. Eso explica que los Scorsese, los Fincher, los Michael Mann o los Hoffman apuesten cada vez más por la tele.

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