crítica

Cuando el paraíso se convierte en infierno

No hay crímenes en el paraíso". Esa es la frase con la que se abre Crímenes ocultos, dirigida por el sueco de raíces chilenas Daniel Espinosa, y que se repite en boca de algunos personajes un par de veces a lo largo de las más de dos horas de metraje.

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Hardy y Oldman, que ya coincidieron en El Topo, sobresalen en Crímenes Ocultos.

En ella se encierra la principal particularidad del film: un policial convencional, con un investigador protagonista tras la pista de un asesino serial que apenas deja huellas, con el aditivo de estar ambientado en la Rusia gobernada por Stalin. El protagonista, Leo Demidov (Tom Hardy), es un héroe de guerra soviético que se coronó en la toma de Berlín y que en el tiempo en que transcurre la historia es un importante agente de la policía secreta, precursora de la KGB.

La ambición de Crímenes ocultos es mucha y su resultado desigual. Si hay algo que merece destaque, ante todo, es la actuación de Tom Hardy, que de El origen (2010) hasta acá, pasando por El topo (2011), La entrega (2014) y la serie Peaky Blinders (2013), entre otros roles, demuestra que puede cargar con grandes pesos en pantalla. En este caso, Hardy compone un personaje duro y sangriento, con luces y sombras, pero siempre cercano al espectador, lo primero que uno rescata entre tantos individuos de dudosa moral. Es una certeza en una película llena de dudas, que a veces engancha y que otras veces desconcierta. Estas dudas, probablemente, estén determinadas por la naturaleza misma de la historia: Espinosa y el guionista Richard Price (que trabajó sobre la novela de Tom Rob Smith) toman una porción demasiado grande de acontecimientos y a la hora de llevarlos a un metraje comercial de dos horas optan no por prescindir de algunas partes —lo que hubiera potenciado mucho más las virtudes— sino por apilarlas todas y apretarlas hasta hacerlas entrar por la fuerza. El resultado es tosco en cuanto a ritmo, con ramificaciones y momentos que pueden generar impaciencia en el espectador, pero que se vuelven necesarios para cerrar todas las puertas que la propia película abre. Tomando partes por separado (el desempeño de Hardy, la impecable reconstrucción de época, los momentos de tensión conspirativa, escenas de búsqueda de sospechosos) Crímenes ocultos funciona y atrae; el problema ocurre cuando todo eso aparece junto y termina generando cierta saturación.


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Primero está la historia de Demidov, su infancia, su época de héroe, su retrato como hombre de confianza de los altos mandos, su vida familiar como esposo de Raisa (Noomi Rapace) y su degradación a sospechoso de conspiración. Después llega su vinculación con una serie de curiosos asesinatos a niños que atraviesan varias ciudades de Rusia y que implican al hijo de un amigo suyo. Es decir: la película podría haber sido: 1) un muy buen thriller histórico-político, o, 2) un muy buen policial con tintes de espionaje (Hardy y Gary Oldman, que también tiene unos buenos minutos, ya hicieron dupla en El topo bajo esta misma clave y con grandes resultados). En cambio, decidió mezclar ambas cosas y se convierte en una película mucho más grande pero menos sólida.

El misterio central de la historia termina siendo el policial y para cuando empieza a desplegarse, ya pasaron demasiadas cosas. Al final, Espinosa tiene que vincular el policial con el contexto sociopolítico que lo genera y hasta le da la nafta para retomar un pequeño hilo sentimental vinculado a la paternidad. La densidad se vuelve confusión y desdibuja el conjunto.

SABER MÁS

CRÍMENES OCULTOS


Estados Unidos, 2015 - Título original: Child 44. Director: Daniel Espinosa - Guión: Richard Price (novela de Tom Rob Smith). Reparto: Tom Hardy, Gary Oldman, Noomi Rapace, Joel Kinnaman, Vincent Cassel.

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