SE RENUEVA LA CARTELERA DE CINE

El Oscar no es todo y a veces ni ayuda al actor

Llega Ellos vienen por ti con el oscarizado Adrien Brody.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Foto: Difusión.

Debería ser un premio y para algunos se convierte en un castigo. Es un castigo dulce, claro, porque ganar un Oscar por lo visto no asegura una carrera respetable a los actores, cierto, pero quién les quita lo bailado y el prestigio del premio más importante de la industria.

El estreno hoy de Ellos vienen por tí, un ejercicio de suspenso australiano, sirve, por ejemplo, para ejemplificar el derrotero de Adrien Brody, ganador del Oscar por El pianista en 2002. Desde entonces, Brody no ha conseguido un éxito prestigioso como ese (aunque se volvió un habitual en la troupe de Wes Anderson e hizo de Dalí para Woody Allen en Medianoche en París, lo que no está nada mal): lentamente su carrera ha declinado hacia rondar demasiado la clase B, de aquella que solía ser directa para video.

Hay quienes han hablado de una "maldición del Oscar al mejor secundario" (Brody ganó por un protagónico, pero es más o menos lo mismo), una leyenda urbana que tiene muchas variantes (hay quienes dicen que las actrices que lo ganan terminan engañadas por sus parejas) pero algunas pruebas científicas le dan cierta credibilidad. Cuba Gooding Jr., por ejemplo.

Ganó un Oscar un poco exagerado por aquel deportista que le era fiel a Tom Cruise en la divertida Jerry Maguire. Desde entonces, 1996, en Uruguay, por ejemplo se estrenaron sólo ocho películas de sus más de 50, y la lista incluye El crucero de las locas. Hoy hace de OJ Simpson para una serie de televisión.

Hay más historias conocidas de ganadores a los que el Oscar no consolidó una carrera y se vieron condenados a la dura lucha del buscavidas del cine. Joel Grey (Cabaret, 1972), Timothy Hutton (Gente como uno,1980), Louis Gossett Jr. (Reto al destino, 1982), Geen Davis (Un tropiezo llamado amor, 1988), Mercedes Ruehl (Pescador de ilusiones, 1991), Mira Sorvino (Poderosa Afrodita, 1995), Kim Bassinger (Los Angeles al desnudo, 1997) Jennifer Connelly (Una mente brillante, 2001), son algunos.

Y está Adrien Brody. Este actor nacido en Nueva York, llegó a su Oscar después de una carrera irregular que igual incluye a Terrence Malick (entró en La delgada línea roja para ser el protagonista, pero su papel quedó reducido a segundos), o Spike Lee (Summer of Sam), pero El pianista fue su consagración. Desde entonces no ha encontrado papeles a su altura.

Una película más.

No es que Ellos vienen por tí esté tan mal, pero una película australiana que parece tomar prestada ideas de fórmulas ya probadas (Sexto sentido, es la más notoria) no parece el elemento de un ganador del Oscar.

Brody interpreta a un psicológo que empieza a encontrar una extraña coincidencia entre todos sus pacientes: todos murieron el mismo día. No es de extrañar esa clase de clientela si se tiene en cuenta el lugar donde consulta pero, más allá de la decoración de interiores, tiene otro problema: la muerte de una hija en un accidente de tránsito, un triste suceso que lo culpabiliza. Nicholas Roeg trabajó algo así con más pericia en Venecia rojo shocking.

Michael Petroni, el director de este asunto, no es Roeg eso está claro (ni tampoco un M. Night Shyamalan inspirado) pero consigue cierta tensión y administrar las vueltas de tuerca con cierta habilidad, rutinaria sí, pero cierta habilidad.

Brody compone su personaje desde el cuerpo, esa flacura que habla por sí sola. Lo otro que aporta es una voz susurrante que puede ser un poco molesta, pero que está a tono con los colores apagados que dominan la puesta en escena.

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