CINE

Un Oscar confuso que premió con buena puntería

Luz de Luna (****)Estados Unidos, 2016. Título original: Moonlight. Director: Barry Jenkins. Guión: Jenkins, Tarell McCraney. Fotografía: James Laxton. Música: Nicholas Britell. Edición: Joi McMillon, Nat Sanders. Diseño de producción: Hannah Beachler. Con: Trevante Rhodes, André Holland, Janelle Monáe, Ashton Sanders, Jharrel Jerome, Naomie Harris, Mahershala Ali. Duración: 111 minutos. Estreno: 23 de febrero.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mahersala Ali y Alex Hibbert en una escena de la oscarizada Lus de luna. Foto. Difusión

Ganó además otros dos premios: Mejor Guión Adaptado (del director Barry Jenkins a partir de una historia del dramaturgo Tarell Alvin McCraney), y Mejor Actor Secundario, Mahershala Ali, quien solo actúa en el primer tercio de la historia. Es el primer Oscar para una película dirigida por un afroestadounidense.

La conmoción que provocó el sonado error de anunciar la ganadora equivocada en el final de la entrega de los Oscar, no debería hacer olvidar los valores de Luz de luna, la vencedora del premio a Mejor Película.De hecho, el tema, el escenario, el elenco y el equipo técnico principal son afroestadounidenses, lo que ha sido visto como una compensación hacia esa minoría de parte de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas acusada de omisión en ese tema.

Pero no se trata de compensaciones: Luz de luna es una gran película, llena de ideas cinematográficas que dejan claro que Jenkins, que tiene 37 años, es un director con muchas cosas para decir; solo había dirigido una película hace seis años, la interesante Medicine for Melancholy. Aún no tiene un proyecto claro en su futuro, pero desde 2011 está vinculado a A Contract With God, una demorada adaptación de la novela gráfica de Will Eisner.

Luz de luna
divide en tres episodios la vida de Chiron, un muchacho pobre y negro de Miami. Así lo vemos como niño y adolescente acosado por sus compañeros y como un adulto protagonista de la violencia de su entorno. En todo ese tiempo lo vemos lidiar con una sexualidad conflictiva, una madre adicta al crack, y apoyarse en un par de personajes con vocación de ángeles. A pesar de todo ese entorno, Luz de luna es, básicamente una historia de amor entre dos personajes que se desencuentran y quizás se vuelvan a encontrar. En eso no es tan diferente a La La Land.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Luz de luna, eso sí, representa un acercamiento al cine totalmente opuesto a La La Land, su rival en los Oscar, y con cuyos responsables compartieron escenario y perplejidad el domingo de noche.

Si, por ejemplo, La La Land de Damien Chazelle (Oscar a Mejor Director) representa, una Los Angeles ideal construida sobre sueños y escenarios cinematográficos, Luz de luna ocurre en una Miami que está bastante lejos de la postal de inversión inmobiliaria y playa.

En Luz de Luna —como Hollywood lo era para la otra— el entorno es un gran protagonista de la película. Para el caso es el pobrísimo y negro Liberty City, el barrio donde nacieron Jenkins y McCraney. Los dos se criaron durante la epidemia de crack que asoló el barrio en la década de 1990. Y los dos tuvieron madres adictas y con HIV (la de McCraney murió de sida en 2003) que perdieron la tenencia de sus hijos.

Y si La La Land es una película clásica americana que rinde culto a esa tradición, acá Jenkins recurre a referencias a la nouvelle vague (esa mirada final a la cámara en una playa es una referencia clara a Los 400 golpes de Truffaut) y a cierto espíritu independiente (Jenkins se ha dicho fanático de Cassavetes y se le nota), la película recupera una manera de contar que últimamente parece escondida tras la grandilocuencia de mucho cine industrial. También parece una película de los Dardenne, con sus protagonistas siempre en movimiento como buscando respuestas.

Visualmente muy atractiva, con un uso notable del color y con una gramática que tiende a la simetría, y con un guión que evita los estereotipos (el Chiron de la última parte es un personaje buenísimo). La historia también se apoya en una banda de sonido que incluye desde el “Cucurrucucú Paloma” por Caetano Veloso hasta un fragmento de las Vísperas solemnes de confesor de Mozart.


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