Obituario

Con Olivia de Havilland se fue la última estrella del Hollywood clásico

A los 104 años murió la actriz de Lo que el viento se llevó y La heredera y una de las primeras en luchar contra la tiranía de los grandes estudios en la edad dorada del cine estadounidense

Olivia De Havilland
Olivia De Havilland, 1916-2020

Olivia de Havilland, la actriz que ganó la inmortalidad cinematográfica en Lo que el viento se llevó y construyó una ilustre carrera cinematográfica marcada por una lucha exitosa para aflojar el control dictatorial de los estudios sobre los actores, murió ayer en su casa en París. Tenía 104 años y era una de las últimas estrellas sobrevivientes de la legendaria edad de oro de Hollywood.

De Havilland era a la vez una belleza clásica de Hollywood y una actriz de prestigio cuyo nombre y porte la hacían aparecer como miembro de una suerte de aristocracia del cine. Aunque al principio de su carrera fue encasillada como la recatada ingenua, pasó a papeles más sustanciosos que le dieron cinco nominaciones a los premios de la Academia, dos de los cuales le valieron Oscar: Lágrimas de madre (1946) y La heredera (1949).

Esos papeles llegaron a ella en gran parte debido a su resolución al enfrentar a los estudios y ganar una batalla que empujó a Hollywood a la modernidad, sorprendiendo a los dueños de los estudios que tal vez no esperaban tal fiereza en una actriz tan suavemente atractiva y tan increíblemente menuda.

Había mostrado una determinación similar 10 años antes, en su papel decisivo, cuando se hizo notar entre sus formidables coprotagonistas: (Gable, Leigh y Howard), en Lo que el viento se llevó.

Como Melanie Hamilton Wilkes, la prometida y luego esposa de Ashley Wilkes (Howard), aportó inteligencia y gracia a su retrato de una mujer cuya naturaleza tímida, indulgente y casi demasiado amable contrastaba con los celos a menudo venenosos de su enérgica cuñada, Scarlett O’Hara (Leigh).

La actuación le dio una nominación al Oscar como mejor actriz de reparto, aunque el premio fue para otra integrante del reparto, Hattie McDaniel, quien interpretó a Mammy, la ama de llaves de Scarlett. (Leigh ganó como mejor actriz).

Olivia De Havilland
Olivia De Havilland con su Oscar por "La Heredera"

De Havilland estaba bajo contrato con Warner Bros. cuando el director original de la película, George Cukor (luego reemplazado por Victor Fleming), que trabajaba para MGM, la invitó a audicionar para el papel de Melanie. Después de obtener el papel, tuvo que suplicarle a su jefe, Jack Warner, que la prestara para la producción de MGM, que supervisaba David Selznick.

Para entonces se había establecido en Warner como una heroína familiar en unas 20 películas y había comenzado una larga colaboración con el director Michael Curtiz, que abarcaba nueve películas. Lo más notable fue una serie de típicas películas de acción y dramas de época junto al elegante Errol Flynn, entre ellos El capitán Blood (1935), La carga de la brigada ligera (1936) y Las aventuras de Robin Hood (1938), en la que fue Marian.

Warner tenía a De Havilland con un contrato de siete años en 1935 gracias a su actuación ese año como Hermia, la hija desafiante que se resiste a un matrimonio arreglado, en la adaptación cinematográfica de Max Reinhardt de Sueño de una noche de verano.

Después de su éxito en Lo que el viento se llevó, de Havilland regresó a Warner con la expectativa de papeles más desafiantes. Eso no pasó.

Una excepción fue La puerta de oro (1941), en la que interpretó a una maestra de escuela estadounidense que es seducida en México por un astuto exiliado europeo (Charles Boyer). Su actuación le valió otra nominación al Oscar, pero esta vez perdió con su hermana, Joan Fontaine, quien ganó por La sospecha. Los dos rara vez se dirigieron la palabra después de eso: la rivalidad de las hermanas es conocida como la más feroz en la historia de Hollywood.

Los roles de la fórmula seguían llegando. Cuando De Havilland se quejó, le dijeron que había sido contratada porque fotografiaba bien y no estaba obligada a actuar.

No estuvo de acuerdo y comenzó a rechazar papeles que consideraba inferiores. Warner tomó represalias suspendiéndola por seis meses y, después de que expiró su contrato, insistió en que, debido a las suspensiones, seguía siendo propiedad del estudio por seis meses más.

De Havilland los demandó. El caso se prolongó durante un año y medio, pero David finalmente venció a Goliat cuando la Corte Suprema de California confirmó un fallo a su favor en 1945. Lo que se conoció como la “Decisión De Havilland” estableció que un estudio no podía extender arbitrariamente la duración del contrato de un actor.

Cuando reanudó su carrera, De Havilland apareció en cuatro películas en rápida sucesión, todas en 1946. En una, Tras el espejo, interpretó a gemelas, una buena y otra malvada. En su oscarizada actuación en Lágrimas de madre, era una madre soltera que debía abandonar a su pequeño hijo cuando el padre, su amante, un sviador de la Primera Guerra Mundial, moría en acción.

De Havilland pronto asumió uno de sus papeles más exigentes, el de una joven novia que se enferma mentalmente y es enviada a una institución, en Nido de víboras (1948). La película, dirigida por Anatol Litvak, fue un duro estudio sobre la enfermedad mental y los tratamientos disponibles en ese momento, desde narcóticos hasta electrochoques. De Havilland fue nominada al Oscar pero no ganó.

Conseguiría su segundo Oscar al año siguiente con La heredera, dirigida por William Wyler en la que presentaba un retrato conmovedor de una joven reprimida y solterona dominada por un padre rígidamente protector (Ralph Richardson).

Era uno de los papeles favoritos de De Havilland. “Las películas que amé”, dijo en 1964, “mis grandes amores son Nido de víboras, La heredera y, por supuesto, Lo que el viento se llevó.

Pero no amaba Hollywood, y en la década de 1950 sorprendió a la ciudad cuando se fue a vivir a París con un nuevo esposo, aunque mantuvo su ciudadanía estadounidense.

“Para Olivia”, escribió William Stadiem en un perfil en Vanity Fair en 2016, “había un olor a decadencia y desilusión en Hollywood”.

Olivia Mary de Havilland nació el 1° de julio de 1916 de padres británicos en Tokio, donde su padre, Walter, primo del pionero de la aviación Sir Geoffrey de Havilland, dirigía una firma de abogados de patentes, aunque no era abogado. En 1919, su madre, Lillian Ruse, maestra de declamación, se mudó con Olivia y Joan, su hermana 15 meses más chica, a Saratoga, California. Los De Havilland se divorciaron y Lillian se casó con George Fontaine, un ejecutivo de una tienda por departamentos, cuyo apellido, Joan tomaría como su nombre artístico.

Se casó dos veces. Ambos matrimonios terminaron en divorcio. El primero, en 1946, fue con Marcus Aurelius Goodrich, novelista, guionista y periodista nacido en Texas; tuvieron un hijo, Benjamin, y se divorciaron en 1952. Se casó en 1955 con Pierre Galante, autor de historias militares y editor de la revista Paris Match, después de que la pareja se conoció en Francia. Se mudaron a París, tuvieron una hija, Gisele, y se divorciaron en 1979. El hijo de De Havilland murió de la enfermedad de Hodgkin en 1991.

Antes de casarse, De Havilland tuvo relaciones románticas con James Stewart, Howard Hughes y el director John Huston, con quien vivió por un tiempo después de su primer divorcio. También rechazó al joven John F. Kennedy, que estaba visitando Hollywood después de su servicio en la Segunda Guerra Mundial.

Le sobrevive su hija, Giselle Galante Chulack. Joan Fontaine murió en 2013 a los 96 años.

Desde mediados de la década de 1960, la actuación de De Havilland se limitó en gran medida a papeles esporádicos en series de televisión como El crucero del amor; películas de televisión como The Royal Romance of Charles and Diana (1982), en la que interpretó a la Reina Madre; y miniseries como Raíces: la siguiente generación (1979). Su trabajo en la miniserie de 1986 de la NBC Anastasia: El misterio de Anna, en la que interpretó a una emperatriz rusa, le valió un Globo de Oro y una nominación al Emmy.

En 1965, se convirtió en la primera mujer en encabezar el jurado en el Festival de Cine de Cannes.

Regresó al cine solo ocasionalmente, entre ellos la exitosa Aeropuerto 77, en la que se sumó al elenco de actores veteranos. Su última película de Hollywood fue El quinto mosquetero (1979), en la que interpretó a la madre de Luis XIV.

Pero incluso cuando ya tenía más de 80 años, no había renunciado por completo a la idea de volver a ser el centro de atención. Fue presentadora en los Premios de la Academia en 2003. Fue la narradora de I Remember Better When I Paint,un documental de 2009 sobre el impacto positivo de la terapia de arte en las personas con Alzheimer.

Sus lecturas de las Escrituras en Navidad y Pascua en la Catedral Americana, en la avenida George V, se convirtieron en eventos anuales en París. En 2010, Nicolas Sarkozy, entonces presidente de Francia, le otorgó la Légion d’Honneur. Y su asociación con una época lejana de glamour de Hollywood la convirtió en una leyenda viva en su ciudad adoptiva.

En 1999, fue honrada con una fiesta en París para celebrar el 60 aniversario de Lo que el viento se llevó. En un momento, uno de los anfitriones recordó, con un vaso en la mano, ella brindó por la película y sus actores principales, recordando a la habitación que ella era la última en pie.

Y ahora ya no queda ninguna estrella de su brillo. Con ella, ahora sí definitivamente se cierra una era en la historia del cine.

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