CINE

El ojo ladrón de un voyeur

El director italiano Bernardo Bertolucci recuerda algunos momentos de su carrera.

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Bernardo Bertolucci

El realizador italiano Bernardo Bertolucci consideró que todos los directores son en algún momento "ladrones de cine" y que el objetivo de la cámara es el ojo "de un voyeur".

"Todos los directores hemos sido ladrones de cine. ¿Quién no ha copiado una escena, un personaje... Lo importante es que no le descubran a uno", dijo Bertolucci (nacido en Parma en 1941) en un encuentro público en la Fiesta del Cine de la capital italiana.

Bertolucci, ganador de dos Oscar en 1988 por El último emperador, habló durante cerca de hora y media sobre quiénes le influyeron y mencionó especialmente al francés Jean-Luc Godard y al italiano Roberto Rossellini quien, dijo, solo cuando fue valorado por la Nouvelle Vague francesa pudo ser redescubierto en Italia.

Para el director de El conformista, todo cineasta es un "voyeurista", alguien que mira a través del objetivo de la cámara como a través del ojo de una cerradura. "No podía no pensar que el objetivo de la cámara es el de la cerradura de la puerta de la habitación de los padres", recordó Bertolucci en una referencia a El conformista.

"El voyeurismo es también un sistema de pensamiento", resumió el director de El último tango en Paris. Contó a propósito de la película que escandalizó en el momento de su estreno que el papel que finalmente interpretó Brando lo había ofrecido a Jean-Paul Belmondo y a Alain Delon: el primero lo rechazó por "obsceno"; Delon no quiso actuar pero se ofreció a producirlo.

Bertolucci recordó momentos de su vida y de su vida en el cine, interrumpidos con saltos en su memoria que le hacían frenar su discurso y perder en algún instante el hilo de la conversación.

Pero el director explicó detalles por ejemplo del rodaje de El último emperador, que le permitió conocer una China que, a mediados de la déacada de 1980, todavía no había comenzado a dar el giro que le convirtió luego en una súperpotencia económica mundial.

"A veces el cine te lleva a situaciones muy fuertes", comentó al recordar una imagen que se le quedó impresa en la memoria: decenas de soldados a los que les cortaban el pelo en grupos para actuar como extras en las escenas de la historia del emperador Pu-Yi en la Ciudad Prohibida de Pekín.

El realizador reconoció que el cine actual, con el empleo de la tecnología digital, se aleja de unos orígenes en los que él aprecia el vínculo con la pintura impresionista, pero se mostró dispuesto a aprender.

Aunque reconoce que ha hecho "pruebas" con la tecnología digital, admitió que hace unos años, recordando las escenas rodadas para El último emperador, no estaba tan definido, "estaba como enyesado", y por eso para eligió la película tradicional.

"Hoy usaría el digital, es una cosa que tengo que explorar", avanzó antes de decir: "quién sabe si también con lo digital se podrá llegar hasta dentro del personaje".

"Hoy veo muchas series de televisión estadounidenses, que están muy a menudo hechas con planos fijos", confesó Bertolucci, quien detecta también en el cine italiano muchos autores que recurren a ese tipo de plano antes que al de secuencia.

"Siempre pertenecí a un cine que me parecía no tan severo y ascético sino más bien generoso", reconoció sobre su inclinación a evitar la sala de montaje mediante los planos secuencias que, con la tecnología digital, pueden hasta convertirse en auténticos "planos infinitos".

Una larga y agitada carrera

Bernardo Bertolucci es, junto con Marco Bellochio, el último gran maestro vivo del cine italiano (este año murió Ettore Scola, por ejemplo). Su carrera abarca 50 años que van desde sus primeros trabajos con Pasolini y su primera película como director (La commare seca) hasta Tu y yo, su última película no estrenada en Uruguay.

En el medio hay cosas como El conformista (1970); Último tango en París (1972), 1900 (1976); El último emperador (1986): Refugio para el amor (1990) sobre Paul Bowles; Pequeño Buda (1993) y Los soñadores (2003), la última película estrenada comercialmente en Uruguay.

Su cine pasó de cierta afinidad neorrealista del comienzo, con el afán experimental heredado de la Nouvelle Vague a cierta grandiosidad hollywoodense que abarca un largo período de su carrera. Es un director cargado de personalidad, esa clase de cineastas que son una firma y una presencia. Su salud se ha visto deteriorada últimamente por lo que no hay anunciada ninguna nueva película.

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