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La nueva vida de una estrella

El actor tiene pronta su primera película como director y acá cuenta cuál es su método.

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La historia de la producción inicial de Crowe transcurre en la Primera Guerra.

Russell Crowe preferiría no llamarlo crisis de la edad adulta. Prefiere considerarlo una revelación a la mitad del camino. Como quiera que sea, a sus 51 años, el actor ganador del Oscar estaba buscando su siguiente gran trabajo.

"Pensaba que tenía el mejor trabajo del mundo", dice con una amplia sonrisa. "Después hice esto, dirigí una película".

Al mediodía de un soleado domingo en Los Ángeles, el actor australiano, aunque a veces es volátil, estaba de excelente humor. Considerado y expansivo, él se dirigió a prácticamente todos como "amigo".

"Amigo, déjeme poner esto en perspectiva", dice. "Empecé a trabajar a los seis años. He estado actuando por 25 años. No fue algo intelectual que yo pensara que era tiempo de dirigir: tenía que hacerlo".

Crowe dirige y actúa en The Water Diviner, que se estrena en Estados Unidos este viernes. Interpreta a Connor, un granjero australiano que en 1919, cuatro años después de la catastrófica batalla de Gallipoli, emprende una peligrosa jornada a Turquía para recuperar los cuerpos de sus tres hijos, muertos en la batalla.

A lo largo de su épica jornada, se enamora de la hermosa propietaria de un hotel turco (Olga Kurylenko) y tiene que hacer las paces con un oficial turco (Yilmaz Erdogan) del que él sospecha que mató a uno de sus hijos.

"Como padre de dos hijos, esto me llegó a un nivel muy esencial", refiere Crowe. "Además, la batalla de Gallipoli es un punto de referencia cultural en mi país.

"También fue un movimiento, en ese tiempo, en el que los jóvenes dejaban el hogar en busca de aventuras", dice. "Todos, incluso sus padres, animaban a los jóvenes de Australia originarios de pequeños pueblos a salir y ver el mundo. En esta película interpreto a un padre que quizá no debió alentar tanto a sus hijos".

La historia es acerca de la Primera Guerra Mundial y sus consecuencias, pero hay más.

"Es una historia de amor, de pérdida, de dolor y de aventura para todos en esas playas y esas trincheras", explica. "Habla de la delgada línea que separa el bien del mal y que es el amor".

Para moldear su actuación como Connor, un cálido e intuitivo padre, Crowe se basó en sus sentimientos por sus propios hijos, Charles de once años y Tennyson, de ocho.

"A partir de que somos padres, toda nuestra vida la vemos a través de ese prisma", señala el actor. "Se despierta una intuición natural que, básicamente, está al alcance de todos.

"Creo que las mujeres creen más en la intuición", continúa Crowe, "pero está a disposición de todos. Empero, hablamos con muchachas que nos dicen que cortaron con el novio porque esa persona no estaba en el lugar adecuado.

"Eso también es intuición", comenta riendo.

The Water Diviner se rodó con 22 millones de dólares, pero Crowe hizo todo para impulsar una dinámica de película independiente en el estudio.

"No quería que esto se volviera una súper producción hollywoodense", afirma. "Necesitaba mantenerse como película independiente y tenía que rodarse en Australia, pues eso ayudaba a la historia. También era lo que había que hacer".

Sin embargo, pocas películas independientes tienen 53 días de rodaje y pueden llevar a sus actores de Australia a lugares tan lejanos como Laos y Turquía. El film, sin embargo, empezó a tomar forma en un lugar muy con los pies en la tierra: la granja de Crowe en Australia, donde organizó una especie de campo de entrenamiento para Ryan Corr, James Fraser y Ben OToole, los jóvenes que interpretan a los hijos de Connor.

Un director estricto.

Una vez seleccionados los actores, Crowe los llevó a su granja para que probaran lo que era la vida en una granja en la Australia rural de hace un siglo.

"Fue una tortura", bromea. "Francamente, los sometí a pruebas muy estrictas. Se despertaban temprano, hacían yoga y montaban a caballo. Hubo lecciones con armas, seguidas por un paseo en bicicleta de 50 kilómetros. Si no daban en el blanco, esa noche no cenaban.

"En la noche había conferencias con las que les alimentaba el corazón y la mente", continúa Crowe. "Les daba conocimiento para que hubiera profundidad detrás de su mirada cuando las cámaras estuvieran rodando. Cuando alguien conoce la historia de la época, eso se adivina en su rostro.

"Así que básicamente, regresé a esos muchachos en el tiempo".

La idea del "campamento de entrenamiento" se hizo más literal en las escenas que recrean la batalla, en la que las fuerzas australianas quedaron atrapadas en sus trincheras, entre los turcos y el mar, bajo un bombardeo constante y el fulminante fuego de las metralletas.

"Yo les dije a los jóvenes: No se levanten. No se levanten por una taza de café entre toma y toma. No vayan al baño. Simplemente quédense ahí y contemplen el momento", señala Crowe.

Esa fue una lección que aprendió de uno de sus mentores en dirección.

"Eso viene de Ridley Scott", revela Crowe, que trabajó con ese director en Gladiador (2000), Un buen año (2006), Gánster americano (2007), Red de mentiras (2008) y Robin Hood (2010). "Él nos recrea el mundo y hace que contemplemos el momento".

También refleja la filosofía de uno de los actores preferidos de Crowe, Peter OToole.

"Una vez, cuando Peter OToole estaba hablando de actuación, dijo que los mejores momentos estaban en la contemplación silenciosa", indica Crowe. "Esos momentos son los que nos dan el poder".

Dirigirse a sí mismo fue una experiencia apasionante, agrega.

"Hubo algunos momentos muy locos en los que yo estaba hablando conmigo mismo acerca de mí mismo en el monitor", admite riendo.

Sin embargo, Crowe asegura que la transición de actuar a dirigir la sintió muy natural.

"Fue un simple avance", explica. "Yo hablo el mismo idioma que los directores, y he acumulado mucho conocimiento por haber estado en platós maravillosos. Ésas fueron experiencias de aprendizaje únicas".

De cómo un asesino a sueldo recupera su libertad o por qué un actor quiere ser director

nCrowe nació en Wellington, Nueva Zelanda, hijo de padres que trabajaban llevando comida a los estudios de cine. Era todavía un niño cuando su familia se fue a vivir a Australia, que tenía una industria cinematográfica mucho más sustancial. Así que le resultó natural empezar a actuar en producciones teatrales locales.

Hizo su debut profesional en un programa de la televisión australiana llamado Neighbours (1987), y llamó la atención de Hollywood como un violento skinhead en Romper Stomper (1992). Después hizo películas como The Sum of Us (1994), Rápido y mortal (1995), Asesino virtual (1995), Los Angeles al desnudo (1997), El informante (1999) de Michael Mann, Prueba de vida (2000), Una mente brillante (2001) de Ron Howard, Capitán de mar y guerra (2003) de Peter Weir, El luchador (2005) de Howard, "Les Miserables" (2012), El hombre de acero (2013) y "Noah" (2014). Ganó un premio de la Academia al Mejor Actor por su actuación en el protagónico de Gladiador de Riddley Scott.

A continuación vendrá Father and Daughters donde él interpreta a un escritor galardonado con el Premio Pulitzer que sufre una crisis nerviosa. Lo acompañan en el elenco Aaron Paul y Amanda Seyfried.

El actor admite, sin embargo, que estos días tiene puesta la mirada más en el trabajo detrás de las cámaras.

"Estoy comprando mi libertad," afirma Crowe. "He sido pistolero a sueldo por 25 años. He recorrido el mundo para rodar películas. Ahora tengo un hijo de ocho años y otro de once. Me conviene estar al frente pues dirigir una película es un proceso de tres años. La mayor parte del tiempo lo paso en casa, donde están mis hijos y donde puedo verlos crecer. Si siento que tienen algún problema en la escuela, puedo hablar con ellos en persona en la tarde y pedirles que me digan si hay un problema, pues siento que lo hay.

"Ahí es donde tengo puesto el corazón."

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