con Abderrahmane Sissako, director de Tombuctú, candidata al Oscar

"Nuestra religión es rehén de fanáticos"

Dos secuencias resumen el espíritu de Tombuctú, una de las candidatas al Oscar a mejor film de habla no inglesa. En una de ellas, un grupo de jóvenes juega al fútbol sin pelota, un desafío a la prohibición de cualquier deporte por parte de los fanáticos. 

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Tombuctú generó polémica por el retrato de violentos fanáticos. Foto: Archivo El País

En otra, una mujer se enfrenta a una Kalashnikov porque se niega a ponerse guantes: ha aceptado la obligación de cubrirse el cuerpo totalmente, pero ni quiere ni puede ponerse los guantes porque es pescadora. No podría trabajar. La primera de ellas habla de la inteligencia y la solidaridad frente al absurdo. La segunda, de cómo la violencia que imponen los fanáticos se cuela en todos los aspectos de la vida.

—Su película ha sido acusada de humanizar a los yihadistas. ¿Cómo responde a ello?

—No lo veo como una acusación, sino como una constatación de alguna gente que no tiene la costumbre de contemplar así la violencia, la barbarie. Estamos acostumbrados a mirar el mundo como si estuviese dividido entre buenos y malos. La razón por la que hice esta película es para rechazar la violencia y la barbarie. Pero eso no debe impedirnos mostrar a esa gente. Son personas que han tenido una infancia, que han sido normales, pero que luego han cambiado y esa transformación les ha llevado a la yihad pero también podía haberles llevado a cualquier otra forma de criminalidad. Los yihadistas también son normales en cierto sentido. Todo hombre, incluso un bárbaro como ellos, tiene capacidad de remordimientos. El arte tiene que mostrar las cosas.

—Su film muestra cómo gente normal se enfrenta al absurdo de la violencia yihadista. ¿Es un alegato en defensa de las víctimas?

—Sin duda. Los fanáticos siempre piensan que van a ganar, pero son cobardes. Son siempre hombres armados frente a personas indefensas. Es algo terrorífico, pero no creo que la humanidad sea eso, más bien todo lo contrario. Es absurdo que traten de prohibir la música, porque todos tenemos música dentro de nosotros. Cuando uno de los jefes yihadistas fuma pese a haberlo prohibido a la población, quiero mostrar la hipocresía pero también algo humano. Quizás remordimiento ante lo que está haciendo, porque fuma después de una flagelación y una lapidación. Quizás se está haciendo preguntas.

—¿Por qué cree que la yihad más brutal tiene tanta fuerza en tantos lugares, desde Nigeria hasta Siria?

—El objetivo de ellos es hacerse con el control de grandes territorios. ¿Cómo podemos evitar eso? Imagine que la vida en Madrid se hubiese parado después de los atentados del 11 de marzo: hay que luchar contra todo eso con los medios que tengamos a nuestro alcance, impedirlo. Pero es verdad que está pasando algo excepcional: Mali, Siria, Irak, Boko Haram... La yihad es muy fuerte. También tenemos que preguntarnos cómo es posible que ocurra todo eso, porque ninguno de los países afectados fabrica armas.

—Una de las secuencias más celebradas muestra un partido de fútbol sin pelota ¿Cómo se le ocurrió ese momento?

—El fútbol tiene algo de universal y, además, a diferencia del tenis, se puede jugar en cualquier lado, no hace falta un terreno específico. Es extremadamente popular y su fuerza viene de que se produce una comunión entre la gente. Me sirvo de esa secuencia para mostrar la cohesión, la armonía en la resistencia. Habla de la resistencia pacífica, de la verdadera victoria.

—También muestra a un imán que echa a los yihadistas de su mezquita. ¿Trata de mostrar con ese personaje que también existe un islam tolerante?

—Le daría vuelta la pregunta. Toda religión debe de ser así, toda religión debe estar al servicio de la humanidad, de la concordia, de la tolerancia. En el caso del islam, una minoría la tiene tomada como rehén. Nadie nace con una barba y una Kalashnikov. El imán representa los principios del Islam en los he sido educado, los valores que simboliza Tombuctú que también son universales.

—¿Se siente usted amenazado después del éxito que ha alcanzado su película?

—Es una pregunta difícil. Prefiero no sentirme amenazado.

—Usted hizo una película sobre la inmigración desde África. ¿Cree que Europa es consciente del drama que está ocurriendo en sus puertas?

—Europa debería haber comprendido hace tiempo que la única solución es compartir su riqueza con África, no hablo de cooperación, sino de compartir. Eso es mucho mejor que dejar un continente a la deriva. No digo que toda la culpa sea de Europa, en absoluto, pero no creo que construir una barrera física sea una solución. Me parece una elección retrógrada.

—En la película hay momentos de humor en mitad de la tragedia. ¿Cree que el humor es importante para narrar una historia?

—El humor es comunicación, es un elemento esencial para contar las cosas. El humor debe ser utilizado como un elemento narrativo. Una película no trata de alcanzar la verdad, no es una declaración, es otra cosa. Debe tomar distancia para permitir que sea el espectador el que escoja. Es un elemento más, como los movimientos de la cámara, y forma parte del diálogo con el público.

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