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Los nórdicos que cruzaron el mar

Una presentación de Vikings, la serie creada por el director británico Michael Hirst para quienes anden buscando un relato televisivo con el cual engancharse. Nota prácticamente sin spoilers.

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Foto: Metro Goldwyn Mayer

En diciembre, publicamos una nota a raíz de una conferencia telefónica con Michael Hirst a raíz del comienzo de la segunda parte de la cuarta temporada de Vikings (ver notas relacionadas). En esa conferencia, el director británico —creador y guionista de la serie— remarcaba que su serie no era una subida al exitoso carro tirado por Game Of Thrones.

Es que algunas similitudes con la serie de HBO ponía a Hirst en una actitud algo defensiva. Entre otras cosas, también en Vikings hay mucha violencia y sexo, además de intrigas por el poder.

Sin embargo, es la estética (vagamente, medioeval) la que principalmente ha llevado a confusiones a despistados. O a pensar en copias y oportunismos. En realidad, ambas series son bastante diferentes entre sí.
Producida por Metro Goldwyn Mayer, la serie encontró su lugar natural en las señales de televisión para abonados del grupo Fox, pero ahora que todas las temporadas de Vikings están disponibles para “binge watching” en la plataforma Netflix, vale una presentación para quien ande buscando un nuevo relato televisivo con el que engancharse.

Hirst había señalado en la conferencia que uno de los atractivos de la serie era que giraba en torno a una familia, tal como Los Soprano.
En este caso se trata del clan de los Lothbrok, un clan encabezado por Ragnar (Travis Fimmel), un hombre que arranca como agricultor pero llega muy alto en las jerarquías vikingas.

Ragnar está unido a Lagherta (Katheryn Winnick), tiene dos hijos y un hermano, Rollo (Clive Standen), un guerrero aún más capaz que el propio Ragnar, pero con un temperamento que a menudo lo domina y lo lleva a cometer errores. A ese núcleo central lo rodean personajes como Floki (Gustaf Skarsgård. Sí, hijo de Stellan y hermano de Alexander), Haraldson (Gabriel Byrne) y Athelstan (George Blagden), entre otros. Este último será, a lo largo de los episodios, uno de los personajes más importantes junto a Ragnar.

Todo arranca con el sueño de Ragnar de cambiar, de probar algo distinto a lo que los vikingos hacen cada vez que la nieve se retira de los fiordos. “Siempre hacemos lo mismo: vamos hacia el Este a saquear y buscar tesoros”, dice Ragnar en una de las reuniones de los clanes de vikingos, presididos por Haraldson.

Él quiere, mucho antes que Colón, navegar hacia el Oeste. Está seguro que encontrará tierra firme, aunque todos le dicen que ese viaje es un peligro, que morirán todos, que se los devorará alguna criatura mitológica. Testarudo, Ragnar no se da por vencido y gracias a Floki —quien le construye un barco— iza las velas y clava los remos en el agua para emprender la travesía.

Lo que sigue es una serie donde las batallas nunca están demasiado lejos, donde el sexo está retratado sin hacer juicios de valor desde la óptica cristiana, y donde Ragnar aprende que no solo debe dominar la espada, el hacha y el escudo, sino también las artes de la política si ha de sobrevivir y cumplir su sueño, que no vamos a revelar acá.

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