Análisis

Las nominaciones de los premios Oscar reflejan un año con pocos brillos

¿Qué dicen las candidaturas a los premios de la Academia y qué se puede esperar de la ceremonia?

Las favoritas del Oscar
Tres candidatas al Oscar: "La favorita", "Roma" y "El infiltrado del KKKlan"

Más allá de inconducentes debates sobre la recurrencia de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas, a repartirse de acuerdo a criterios comerciales, políticos o sociales y no siempre cinematográficos, está claro que el Oscar es un buen resumen de por dónde anda el cine industrial de Hollywood. 

La conclusión este año es que no hubo grandes películas, que los superhéroes llegaron a las grandes ligas, que Netflix consolidó su posición de jugador fuerte y con mucho dinero para hacer y promocionar lo suyo y que, si se permite la expresión de deseo, debería ganar Spike Lee. Eso no va a suceder.

Las dos películas con más nominaciones son dirigidas por extranjeros. Roma, la elogiadísima película en blanco y negro y en español del mexicano Alfonso Cuarón, y para cuya promoción Netflix gastó más de 20 millones de dólares, consiguió 10 nominaciones, incluyendo mejor película y mejor película extranjera, tres exclusivos para Cuarón (director, guion y fotografía), dos para sus actrices (Yalitza Aparicio y Marina de Tavira) y tres en rubros más técnicos (edición y mezcla de sonido, y diseño de producción). Nunca una película hablada en un idioma que no fuera inglés ganó a mejor película.

La otra que tiene 10 nominaciones es La favorita del griego Yorgos Lanthimos, una intriga de palacio en la corte de la reina Ana a comienzos del siglo XVII, cargada de anacronismos, fotografía que se hace notar y grandes actuaciones de sus tres (nominadas) actrices principales: Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone. La película, que está en cartel en Uruguay, tiene, además, nominaciones a película, dirección, guion original, fotografía, edición, diseño de producción y vestuario. En alguna de esas categorías, están sus mayores logros.

También pretenden ser la mejor película Pantera Negra (que en total consiguió siete nominaciones), El infiltrado en el KKKlan (seis en total), Bohemian Rhapsody (cinco, entre las que está Rami Malek por su Freddie Mercury), Green Book (cinco, incluyendo sus dos protagonistas, Viggo Mortensen y Mahershala Ali), Nace un estrella (ocho, entre las que no está su director, Bradley Cooper) y El vicepresidente (ocho, con Christian Bale reconocido en su transformación en Dick Cheney, el hombre fuerte de la última administración de George Bush). De estas, la única que falta estrenar en Uruguay es Green Book, que llega el 31 de enero.

Lo de Roma era previsible. Es probablemente la película más importante del año en términos artísticos e industriales, y rescata la posibilidad de contar historias personales de manera imaginativa y seductora.

También es una toma de posición política para una película en blanco y negro, en español y mixteco, sobre la empleada de una familia de clase media, en la México de la década de 1970. Roma se puede ver en Netflix y está en cartel en Cinemateca Uruguaya, la plataforma ideal para disfrutarla.

Más política y sorpresiva es, quizás la mejor del lote: El infiltrado en el KKKlan, la primera película de Spike Lee en conseguirle una nominación como mejor director. Lee es uno de los grandes directores estadounidenses del último medio siglo (y el más relevante de los afroestadounidenses de la historia), que ha hecho de su cine una denuncia sobre las relaciones raciales en Estados Unidos. 

Que lo haga en tono de comedia y a partir de un caso real (un policía negro que verdaderamente se infiltró en la organización racista), además de las triquiñuelas narrativas que son costumbre en el director, construye una tesis sobre la permanencia de estereotipos raciales alentados por la política y la industria del entretenimiento.

Lee siempre ha jugado el papel del infiltrado en la industria de Hollywood, y aquí resume y actualiza algunas de las inquietudes que están en sus películas, desde Haz lo correcto en 1989. El mismo tono de comedia y pastiche para contar una historia real y política que parece increíble, lo tiene El vicepresidente de Adam McKay.

Lo afroestadounidense, de paso, tiene una fuerte presencia en las nominaciones aunque claramente, Lee es el que tiene un discurso más maduro para tratar el tema. No hay mucha madurez en todos los lugares comunes de Green Book, la historia de un italiano (Mortensen) que es el chofer, guardaespaldas y amigo de un pianista de jazz (Ali) de gira por el hostil sur en la década de 1960: su mirada del conflicto es chatísima, pero puede ser una sorpresiva ganadora de mejor película. 

Pantera Negra, además de ser la primera película de superhéroes en conseguir colarse entre las mejores películas, tiene un tema de empoderamiento de la negritud que, por lo menos, habilitó todo un debate. Otra película sobre el tema que parece interesante es la nueva de Barry Jenkins (el de Luz de luna), If Beale Street Could Talk, que solo consiguió mejor guion adaptado.

Pero en definitiva, de lo que se trata esto es de cine, y a diferencia del año pasado (cuando compitieron obras importantes como El hilo fantasma, Dunkerque, Tres anuncios por un crimen, The Post, Llámame por tu nombre, Lady Bird y Proyecto Florida, aunque ganó la más tradicional, La forma del agua), este es un año en que las mejores películas son más la excepción que la regla.

Mayores conclusiones se podrán sacar el 24 de febrero, cuando en una ceremonia que aún no tiene conductor, se conozcan los ganadores. Se abre, ahora, un tiempo de elucubraciones, debates, pencas y de ver las películas. Y eso es lo más lindo que el Oscar aporta todos los años.

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