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Netflix estrenó "Uncut Gems", la película por la que Adam Sandler merecía un Oscar

Es la nueva de los hermanos Safdie y el comediante interpreta a un joyero ludópata en una carrera contra el tiempo

Adam Sandler
Adam Sandler, un comediante que sabe elegir películas y ahora está en "Uncut Gems",  la nueva de los hermanos Safdie, las nuevas promesas del cine americano

No se puede decir que Adam Sandler no le ha puesto todo el empeño a ser considerado un actor serio, además de un comediante. Pero ha sido tan fuerte el peso específico de la parte más atendida de su carrera, que no ha conseguido hacer avanzar demasiado esa causa.

En esa lógica tiene que haber caído su ausencia entre los nominados a mejor actor en los próximos Oscar por su protagónico en Uncut Gems, la nueva de los hermanos Safdie, que ayer se integró a la grilla de Netflix. Hay quienes hablaban de que es lo más cerca que ha estado de un papel a la altura de la exigencia de la Academia.

En esos intentos por mostrar su rango actoral y su buen ojo para encontrar proyectos ajenos, están Embriagado de amor de Paul Thomas Anderson, Siempre hay tiempo para reir de Judd Apatow, The Meyerowitz Stories (New and Selected) de Noah Baumbach y ahora esta última del tandem que conforman Josh y Bernie Safdie, una de las promesas del cine estadounidense. En sus dos últimas películas como productor ejecutivo aparece Martin Scorsese, quien además es una influencia.

A esa lista de Sandler quizás haya que agregar proyectos fallidos en los que quiso explorar otras zonas como como la comedia romántica en Spanglish de James L. Brooks o el drama Reign Over Me o Golpe Bajo-El juego final, una remake en la que interpretaba un papel que había sido de Burt Reynolds. Y ha hecho comedias con cierta eficacia como The Wedding Singer, Locos de ira o algunas de las que filmó con Jennifer Aniston.

Pero nada de eso puede, parece, contra lastres como En tus zapatos, Jack y Jill, El hijo del diablo, No te metas con Zohan (una película que, milagrosamente, tiene sus adeptos) o esa reunión anual de amigos que son Son como niños o Yo los declaro marido y Larry. En esa estantería hay que ubicar toda su producción reciente para Netflix, la plataforma que lo contrató millonariamente en 2014 y a la que hasta ahora ha dado cosas como The Ridiculous Six, Sandy Wexler, The Do Over. También estrenó por allí, su primer especial de stand up en 22 años.

Las películas de Sandler para la plataforma de streaming han sido vapuleadas por la crítica pero se han convertido en éxitos de público. Murder Mistery que se estrenó en junio fue vista por 70 millones de espectadores en todo el mundo y fue el contenido de Netflix más visto en Estados Unidos en 2019.

Ayer se anunció que Netflix renovó por cuatro películas más su acuerdo con Happy Madison, la productora de Sandler. “Ya sea que lo conozcas como Sandman, el aguatero, Billy Madison, Happy Gilmore, Nick Spitz o simplemente Adam, una cosa está muy clara: nuestros clientes nunca tienen suficiente de él”, dijo Ted Sarandos, el jefe de contenidos de Netflix.

La revista Forbes, mencionó a Sandler como uno de los actores mejores pagos entre 2019 y 2019 con ingresos de 57 millones de dólares. Es, verdaderamente, uno de los hombres más exitosos del espectáculo estadounidense.

Sandler —quien salió del stand up y fue un secundario visible en Saturday Night Live antes de volverse una impensada estrella de cine— practica un humor popular, directo y de pocas sutilezas. Su personaje es un holgazán de clase media, de vestuario descuidado (a misma imagen que muchas veces da en sus espaciadas apariciones de civil en los late shows) y rodeado de un grupete de amigos que le siguen la onda. En esa troupe figuran Rob Schneider, David Spade, Chris Rock, Kevin James y algún ocasional. A excepción de Rock (que dirigió a Sandler en la poco difundida Top Five, que no estaba nada mal), ninguno parece tener un talento que vaya más allá de las películas de su jefe. Todos, a su cobijo, también se han vuelto estrellas de cine.

Quizás allí esté la explicación de por qué Sandler no está nominado por Uncut Gems, una película que lo tiene en cada escena como Howard Rattner, un joyero de Nueva York que está pasando por una mala racha de las definitivas. Tiene varios frentes abiertos, casi todos generados por una peligrosísima y suicida ludopatía. Perseguido por acreedores que no tienden a la amabilidad, está jugado a un negocio salvador y millonario que, él mismo, se encarga de boicotear. Además su matrimonio está en ruinas, el vínculo con su amante es amoroso pero complicado y sus empleados están hartos de su metodología de trabajo. Tiene un papel destacado, la estrella de la NBA, Kevin Garnett, interpretándose a sí mismo.

En las películas de los Safdie, los personajes siempre están corriendo. En Good Times, la anterior, tenían como loco a Robert Pattinson, que después de un robo a un banco tenía una noche para rescatar a su hermano. Era una suerte de After Hours de Scorsese pero que en lugar de la cocaína como combustible, parecía bañada de una combinación de drogas de las más sofisticadas.

Acá es más o menos lo mismo. Uncut Gems es una carrera contra el tiempo, una maratón psicológica y física siguiendo el derrotero de un hombre marcado. Es una sumatoria de intensidad que, quizás, debiera tener una advertencia para corazones frágiles.

Y Sandler está a la altura de las circunstancias en un tour de force que debe haber sido agotador em uno de los personajes menos simpáticos de su área “seria”: Rattner es un mentiroso compulsivo, egoísta, inmaduro, celoso y tiene esa cosa de hacer de las apuestas un deporte extremo.

“Esta era una película distinta”, dijo Sandler a The New York Times poniendo en perspectiva Uncut Gems con su filmografía. “Era intensa, sórdida y fuerte. Era una oportunidad para lucir diferente, hablar diferente e incluso caminar diferente frente a la cámara”.

Todo bien pero otra vez no alcanzó para un Oscar, aunque sí para un montón de reconocimientos del National Board of Review que lo eligió actor del año y varias publicaciones especializada. No es fácil la vida del comediante que quiere que lo tomen en serio.

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