cine - crítica

Cómo nació la esperanza de derrocar al Imperio

Rogue One: Una historia de Star Wars [****]. Dirección: Gareth Edwards. Guión: Chris Weitz, Tony Gilroy. Fotografía: Greig Fraser. Música: Michael Giacchino. Elenco: Felicity Jones, Diego Luna, Mads Mikklesen, Ben Mendelsohn, Riz Ahmed, Donnie Yen, Wen Jiang, Forest Whitaker.

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Foto: Disney

Esta saga necesitaba una inyección de frescura que la revitalizara luego de las tres pesadas “precuelas” de George Lucas, y ese mastodonte argumental y visual de JJ Abrams: El despertar de la fuerza. Curiosamente, hubo que ir al pasado para darle vitalidad al presente. Esta película se nutre en una medida nada desdeñable del espíritu “blockbuster” que Una nueva esperanza (1977) ayudó a definir: una mezcla hecha en base a la espectacularidad visual, una premisa sencilla, algo de humor y algo de dramatismo. Si hay una historia de amor, mejor. Pero no es imprescindible.

La anécdota en Rogue One es básica: hacerse de unos planos que son fundamentales para poder inhabilitar la nueva arma de destrucción masiva del Imperio. Para eso, hay que reunir a una colorida y algo caótica pandilla, en la que cada uno tendrá una función específica, y que le aportará a la película distintos puntos de vista y motivaciones.

Esas interacciones, más allá de las escenas de acción y batallas —filmadas con claridad y precisión— ayudan a sostener las más de dos horas de duración de la película.

Los combatientes son liderados por Jyn Erso, una Felicity Jones a la que no le sobra carisma pero que compensa con una mirada acerada, llena de determinación y propósito. No es difícil ver en el proceso que lleva a la acción algo parecido a Los siete Samurai. O a la aventura de Fidel Castro, cuando juntó a sus guerrilleros para lanzar el fallido ataque a La Moncada.

Hay algo de utópico —y revolucionario— en el emprendimiento, entre otras cosas porque es una banda de forajidos con desdén por la autoridad y las formas (algo que se nota hasta en el vestuario). El grupo. exceptuando un integrante, es díscolo y poco disciplinado, incluso cuando las órdenes vienen de los aliados.

Perfecta para algo más de dos horas de entretenimiento liviano pero muy bien hecho.

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