CINE

Músicos en el cine: poner una vida en una película

Se vienen tres bio-pics de músicos famosos, una vieja y lucrativa tendencia de Hollywood.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
La mayoría de las biografías musicales se centran en la superación de la crisis. Foto: Difusión

A Tom Hiddleston, Ethan Hawke y Don Cheadle les espera, entre otras cosas, un año muy musical: los tres le darán nuevo rostro a tres figuras claves de la música estadounidense.

Hiddleston (que es británico) será la leyenda de la música country Hank Williams en I Saw the Light; Hawke, el aclamado trompetista de jazz Chet Baker en Born to be Blue y Cheadle, Miles Davis en Miles Ahead.

Y buscan Oscar. La Academia gusta de los actores haciendo de músicos pop. James Cagney, Marion Cotillard, Jamie Foxx, Sissy Spacek y Reese Witherspoon ganaron Oscar y Julie Andrews, Angela Bassett, Gary Busey, Laurence Fishburne, Jessica Lange, Bette Midler, Joaquin Phoenix y Diana Ross fueron nominados. A las películas no les va tan bien: Esta tierra es mi tierra (1976) y Ray (2004) fueron nominadas a mejor película, pero la última y única biografía musical ganadora fue La novicia rebelde (1965).

Es raro ya que las biografías de músicos son un género básico de Hollywood desde Triunfo supremo (1942) y El hombre inolvidable (1946), que le dieron un Oscar a James Cagney y una nominación a Larry Parks. Igual, siguen haciéndose. A los actores les encantan y los estudios las ven vendidas de antemano: si le gusta la música va a la película.

Sin embargo, es un género engañoso. La gente va a verlas por las canciones, pero cuando el actor hace una pausa para cantar, la historia languidece.

Es difícil encontrar actores indicados pues, sin importar de quien se hable, escasean las estrellas lucrativas que más o menos se parezcan físicamente y pueda cantar o tocar. Aun más, aunque el actor se parezca o suene como la persona que está interpretando, tendrá que esforzarse para no caer en una imitación.

Claro, siempre cabe el recurso de mover los labios con una grabación original, pero los actores consideran eso una actuación a medias. Su ansia por interpretar por completo al personaje es encomiable, claro, pero es difícil alegar que La hija del minero (1980), Johnny y June: Pasión y locura (2005) y I Saw the Light no habrían sido mejores con la voz auténtica de Loretta Lynn, Johnny Cash y Hank Williams. Los tres actores hicieron un trabajo nota- ble con la música, pero ni ellos negarían que los originales eran mejores.

Otra forma es narrar la historia de los años mozos, antes de que se volviera un personaje legendario. La novicia rebelde, Backbeat (1994) y Nowhere Boy (2009) siguieron esta estrategia, presentando a Maria von Trapp, los Beatles y John Lennon en sus años formativos y haciendo correr los créditos finales cuando iban camino a la gloria.

Además está la posibilidad de elegir a un cantante: Diana Ross fue Billie Holiday en El ocaso de una estrella (1972), Bette Midler, Janis Joplin en La rosa o Beyonce, Ross en Dreamgirls (2006). El problema es que las grandes cantantes destacan por su singularidad, no por parecerse a otras.

Una solución muy especializada, no siempre disponible es la que se aplicó en Your Cheatin Heart (1964) y Letras explícitas (2015). En la primera se usó la voz de Hank Williams Jr. para darle vida a su padre. En la segunda, fue OShea Jackson Jr., hijo de Ice Cube, quien lo interpretó en la pantalla.

Ya muy apuradas las cosas, se puede hacer una historia ligeramente ficticia, como La rosa (1979), Casi famosos (2000), Rock Star (2001), 8 Mile (2002), Dreamgirls y en particular, Im Not There (2007) sobre Dylan.

Vida de cine.

Una verdadera biografía empieza cuando el protagonista es joven, avanza por su vida y termina con su muerte, que es como se escriben la mayoría de las biografías. Este es un enfoque válido también para el cine y algunas películas hacen eso: Música y lágrimas (1952) y The Buddy Holly Story (1978).

Este enfoque, si bien es limpio y sólido dramáticamente, tiene algunas desventajas desde la perspectiva de la narración. Para empezar, es difícil asumirlo si el sujeto todavía está vivo.

Para seguir, la mayoría de los músicos sobre quienes se hacen películas pasan sus años postreros en calidad de superestrellas, ricos, famosos y disfrutando del brillo de los reflectores. Sus mejores obras quedaron muy atrás, como sus mayores desafíos. Los años de otoño tienden a ser previsibles, incluso aburridos. Además de que una película que termine con la muerte del héroe tiende a ser un poco deprimente.

No es sorpresa que las biografías de Glenn Miller, Buddy Holly y Hank Williams —al igual que La rosa y Dulces sueños (1985)— que abarcan básicamente toda su vida, son también de músicos que murieron prematuramente: la duda sobre lo que hubieran podido hacer es parte de su aura.

En el caso de estrellas más longevas, a veces la respuesta es hacer una película que sea una historia de origen. Por ejemplo, La hija del minero —para muchos la mejor biografía musical— habla del ascenso de Loretta Lynn hasta fines de la década de 1960, aún con medio siglo de fama por venir. Lo mismo Esta tierra es mi tierra que presenta a Woody Guthrie solo cuando se está abriendo camino. Plantean que la lucha es la parte interesante, que basta con ver que el héroe se encamina a la gloria. No necesitamos verlo cosechando premios, reconocimientos y discos de oro para entender la idea.

A veces, la lucha no está en los comienzos. Algunas de las biografías musicales más exitosas han descartado la idea de narrar la historia completa para concentrarse en un momento de crisis, un punto en el que esperamos que salga a la superficie la identidad más profunda, más humana del protagonista.

Ese es el caso de Johnny y June: Pasión y locura en la que la crisis con las drogas de Johnny Cash y la ruptura de su matrimonio son el meollo de la película. También sucede con Whats Love Got to Do with It en la que el vínculo de Tina Turner con su abusivo marido es el núcleo. Estas películas hablan del ascenso del protagonista, pero sostienen que el verdadero triunfo fue sobre sus demonios personales. Miles Ahead hace básicamente lo mismo, centrándose en una crisis de un Davis con su carrera avanzada.

Esto plantea problemas de autenticidad. A Hollywood le gustan las historias bien cerradas y, así, Johnny y June: Pasión y locura termina cuando Cash se repone de las drogas y encuentra el verdadero amor con June Carter. Las cosas no fueron así: la abstinencia de Cash fue relativamente corta y su matrimonio con Carter fue más complicado. Si el público sale del cine con otra idea, bueno, así es Hollywood.

LAS TRES PELÍCULAS QUE SE VIENEN.

Un trío de Vidas trágicas y apasionadas.

Cualquiera de los tres tuvieron vidas apasionadas, geniales, dignas de contar pero también trágicas.

Por eso debió ser todo un desafío para Ethan Hawke, Don Cheadle y Tom Hiddleston interpretar, respectivamente, a Chet Baker (uno de los trompetistas más carismáticos del jazz), Miles Davis (uno de los grandes genios de la música del siglo XX) y Hank Williams, la más grande leyenda de la música country estadounidense.

Baker no solo era un gran trompetista sino también un personaje que conseguía con sus facciones cuidadas de la juventud, resumir el concepto de lo cool en su música. Era un adicto a la heroína y eso melló aquella belleza pero a su vez le dio aun más melancolía a su forma de ejecutar; murió al saltar intoxicado de una ventana de un hotel en Amsterdam en 1988. Una buena forma de descubrirlo es en alguna compilación del tipo My Funny Valentine y hay un documental del fotógrafo Bruce Weber, Let Get Lost que ayuda bastante a entenderlo.

Ethan Hawke parece el actor apropiado para interpretarlo. Tiene la madurez de un joven que supo ser galán pero el tiempo, a la vez, le ha endurecido las facciones, lo que lo aproxima físicamente a su retratado. En Born to be Blue que se estrenó en Estados Unidos hace dos semanas, Hawke interpreta al Baker de la década de 1960 cuando intentaba uno de sus tantos regresos. La película la dirige Robert Budreau, quien ya había hecho una película sobre Baker en 2009.

Miles ahead es un proyecto de Don Cheadle, que escribió el guión, lo dirige y se reservó para él el papel principal. Miles Davis no solo fue un trompetista y uno de los grandes egos de la industria musical, fue, además, un verdadero genio que rompió siempre las estructuras de su género haciéndolo avanzar varios casilleros. Tuvo problemas con las drogas, claro. La película se centra en un período de su vida, a fines de la década de 1970, donde no hizo prácticamente nada; en la década siguiente volvería a revolucionar el panorama musical mezclando el jazz con el hip hop en discos como Tutu. Es la segunda película como director de Cheadle, después de la comprometida Hotel Ruanda.

Finalmente parece una elección extraña que Hiddleston, nacido en Westminster, Londres, se ponga en la piel de Hank Williams, nacido en Mount Olive, Alabama. Pero, la verdad, Hiddleston tiene el psyche du role para este cantante desgarbado de sombrero cowboy que entre las décadas de 1940 y 1950, abrió la cabeza de la música country y, aunque no es muy conocido acá, sea el otro gran cantante americano junto a Frank Sinatra y Bob Dylan. Williams era un adicto a la heroína que murió a los 29 años en el asiento de atrás de un auto pero entonces ya había tenido una serie increíble de éxitos y cambiado el sonido de la música country de una vez y para siempre. I Saw the Light la dirige Marc Abraham, un productor de larga fama aquí en su segundo largometraje.

Las tres películas tienen estreno local anunciado pero aún sin fecha precisa.

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