Crítica

Un mundo de colores de este lado del arcoíris

Crítica de El proyecto Florida, la gran olvidada de los Oscar de este año, que ya está en los cines locales

El proyecto Florida
El proyecto Florida. Foto: Difusión

Que El proyecto Florida haya visto limitadas sus pretensiones de Oscar a una única categoría (Willem Dafoe como mejor actor de reparto), tiene que querer decir algo. Tal vez su franqueza, su compasión y su mirada crítica, no sean los atributos que se esperan de una película oscarizada.

Quizás sea porque en estos días, el “realismo” se permite en un formato épico y por lo tanto irreal (Churchill, The Post) o en un tono tirando a jovial (Tres anuncios por un crimen). Y por eso el neorrealismo a technicolor de El proyecto Florida de Sean Baker, termine siendo demasiado hiriente, tan chillón como el barrio en el que viven estos personajes desangelados, pobrísimos pero, quizás, felices. En un tiempo de maniqueísmos sociales, políticos y cinematográficos, esta película es otra cosa.

Junto con "American Honey" de Andrea Arnold (que habla de una realidad similar), es un inevitable doble programa para entender algunas fragmentaciones pronunciadas de la actual sociedad estadounidense.

El director Sean Baker había sorprendido con su anterior película, Tangerine, una crónica de cámara nerviosa sobre la vida de unos travestis de Los Ángeles. En tono cinema verité filmado con iPhone, Baker conseguía meternos en un submundo lumpenizado y prostibulario sin perder el corazón sensible que debe tener toda mirada cinematográfica sobre sus héroes.

Acá va por otro lado, aunque la miseria es la misma. El proyecto Florida —que fue elegida mejor película del año pasado por el American Film Institute, los celadores del arte cinematográfico estadounidense— es un desgarrador testimonio de los daños colaterales del poscapitalismo, un retrato de los que quedaron de lado, los vecinos rústicos de la prosperidad. Su ambiente es de casas abandonadas y de violetas violentos. El proyecto Florida, al que refiere el título, es un proyecto fallido.

En el centro están Halley (Bria Vinaite), una madre tirando a adolescente y su hija, Moonie (una increíble Brooklyn Prince, una de las niñas actrices más sorprendentes en mucho tiempo), soltadas de la mano de Dios y sobreviviendo de vender perfumes (lo que hacen es básicamente mendigar) en los hoteles caros de los cercanos parques de atracciones del estado de Florida. La idea de que viven al lado del paraíso (o del reino de Oz) está bien clara en una hermosa escena que incluye dos niñas y un arcoiris, y en una conmovedora escena de créditos finales grabada, como en Tangerine, con un Iphone con vocación documental.

El proyecto Florida
Tráiler de El proyecto Florida

Madre e hija viven en un hotel, y en una complicidad casi hermanos de juegos compartidos y displicencia ante las obligaciones de la vida. Están cobijadas por Bobby, el conserje más bueno del mundo, interpretado con mirada crítica por Dafoe. Su personaje pasa por todos los estados de ánimo que provoca la película: es buenísimo, está del lado de sus clientes, pero responde a las órdenes de sus patrones, que no son tan bien intencionados como él, y termina resignado.

La película se concentra en Moonie y sus amiguitas, que recorren ese patio trasero del mundo de Walt Disney totalmente despreocupadas en un entorno controlado, y víctimas de la serie de decisiones desafortunadas que toma la madre. Los niños convierten la desventura en travesura, en un panorama devastado que alguien podrá llamar posapocalíptico, pero que es poscrisis de la década pasada. Esa es, en todo caso, un área devastada con helicópteros sobrevolándola, nunca deteniéndose.

Una pareja extraviada de turistas brasileñas, revela la incomunicación entre el mundo de la fantasía y la realidad.

O quizás solo sea sarcasmo. La idea de que no hay salida, por ejemplo, se contrapone a los anticuados colores flúo de los edificios abandonados que al igual que “Celebration” de Kool & The Gang que abre la película, o que el lugar donde viven se llame Magic Castle, aportan un tono cínico. Es que ahí no hay nada para celebrar, ni castillos mágicos con una princesa lumpen que tiene la actitud y la capacidad de discernimiento de una preadolescente. Lo único que tiene para ofrecerle a su hija es amor. No es poca cosa.

Es que se las ve felices en su negación y es recién cuando el Estado interviene, que uno presiente que lo que viene va a ser mucho, mucho peor. El final es pesimista y el corolario inevitable de un drama que se fue presentando desde la neorrealista mirada de los niños. Hay algo de Los 400 golpes de Francois Truffaut, en eso de que en el destino de estos personajes estamos todos implicados.

Baker es como un chofer de El salario del miedo: sabe que el material con el que lidia es explosivo y eso lo obliga con compromiso, tanto en los arrebatadores planos generales, como los abarrotados encuadres de esas habitaciones que son refugios desordenadas para vidas desordenadas.

Quizás la desolación de ese panorama sea lo que desalentó el aprecio de la Academia. Es de esperar que no incida en la curiosidad de los espectadores. Dos por tres el cine americano consigue una obra necesaria.

Esta es una de ellas.

Ficha

El proyecto Florida [*****]

Estados Unidos, 2017. Título original: The Florida Project. Director: Sean Baker. Guion: Sean Baker y Chris Bergoch. Productoras: Cre Film, Freestyle Picture Company, June Pictures y Sweet Tomato Films. Productores: Sean Baker, Chris Bergoch, Kevin Chinoy, Andrew Duncan, Alex Saks, Francesca Silvestri y Tsou Shih-Ching. Fotografía: Alexis Zabe. Música: Lorne Balfe. Montaje: Sean Baker. Diseño de producción: Stephonik Youth. Con: Willem Dafoe, Bria Vinaite, Brooklynn Prince, Valeria Cotto, Christopher Rivera, Josie Olivo, Mela Murder, Sandy Kane, Jim R. Coleman, Sabina Friedman-Seitz, Carl Bradfield. Duración: 111 minutos. Estreno: 5 de abril.

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