OBITUARIO

A los 94 años murió Stanley Donen, director de "Cantando bajo la lluvia"

Con su fallecimiento se cerró una página del Hollywood de la edad de oro. 

Stanley Donen
Stanley Donen, adiós a un grande. Foto: EFE

Stanley Donen, director de clásicos del cine como Cantando bajo la lluvia, falleció a los 94 años de edad, informó este sábado el diario Chicago Tribune. El periódico precisó que la muerte de Donen había sido confirmada por uno de sus hijos.

Donen, quien también era coreógrafo, dirigió Cantando bajo la lluvia, estrenada en 1952, con Gene Kelly como protagonista.

También fue responsable de otras películas musicales legendarias como Siete novias para siete hermanos, de 1954, y La Cenicienta en París, de 1957, con Fred Astaire y Audrey Hepburn.

En la década de 1960, se trasladó al Reino Unido, donde realizó dos de sus películas más populares, ambas con Audrey Hepburn como protagonista: Charade (1963) y Un camino para dos (1967).

Pese a ser responsable de películas que son consideradas referencias en la historia del cine, nunca fue nominado a los Óscar, galardón que sí obtuvo a título honorífico en 1998 por "una obra marcada por la gracia, la elegancia, el ingenio y la innovación visual".

El artista había nacido en en Carolina del Sur (Estados Unidos) en 1924, y comenzó a bailar cuando apenas tenía 10 años, tras ver a Fred Astaire en el cine.

"Vi a Fred Astaire en Volando hacia Río cuando tenía 9 años, y cambió mi vida. Me pareció simplemente maravilloso, y mi vida no era maravillosa. La alegría de bailar música", dijo en una entrevista con Vanity Fair en 2013.

Stanley Donen es considerado el hombre que reinventó los musicales de Hollywood. Y su amor por el cine se gestó en sus horas de soledad, huyendo de los abusos por ser judío.

"Para mí, dirigir es como el sexo: cuando es bueno, es muy bueno; pero cuando es malo, aún es bueno", dijo Donen en una de sus citas más conocidas.

Posiblemente el último de los grandes directores que quedaba vivo del Hollywood dorado, Donen será siempre recordado por sus películas con Gene Kelly, con quien formó una de las parejas artísticas más destacadas del séptimo arte.

Pero esa relación surgió muchos años atrás, cuando Donen, con 16 años, se empleaba como bailarín en producciones de Broadway a comienzos de la década de 1940.

Como miembro de una de las escasas familias judías de Columbia (Carolina del Sur), su infancia había sido solitaria, infeliz y repleta de insultos y abusos por parte de sus compañeros de clase.

Eso le llevó a refugiarse a menudo en los cines de la ciudad, con películas que le hacían evadirse de la realidad y donde se enamoró del musical Volando hacia Río, de Fred Astaire y Ginger Rogers.

Con el objetivo de recrear esa magia y escapismo, trabajó por primera vez con Kelly, bajo las órdenes de George Abbott, en Sus dos cariños, una obra que se convirtió rápidamente en toda una atracción para el público neoyorquino.

La relación entre Donen y Kelly se estrechó y éste le pidió que se convirtiera en su asistente para las coreografías.

Así llegaron de la mano a Hollywood, que les abrió las puertas con Rita Hayworth y Las modelos (1944), la película que convirtió a Kelly en estrella y que dio pie a nuevas colaboraciones.

La química entre ambos era tal que, finalmente, Arthur Freed, uno de los grandes productores de los musicales de Metro Goldwyn Mayer, confió en ellos para rodar Un día en Nueva York, el debut tras las cámaras de ambos y el primer musical con escenas rodadas en las calles de una gran ciudad.

Tras el éxito de su ópera prima, MGM le hizo un contrato de siete años y rodó Boda Real, (con su ídolo de la infancia, Fred Astaire, a quien puso a bailar por las paredes y los techos) y Nunca el amor fue más bello (con una jovencísima Elizabeth Taylor) antes de crear junto a Kelly Cantando bajo la lluvia.

"Cantando bajo la lluvia" se considera el musical más célebre de todos los tiempos, con secuencias inolvidables como la de un Kelly empapado pero radiante de alegría mientras canta, baila y chapotea en el agua acompañado de su paraguas negro.

Después llegarían otros grandes trabajos, entre ellos Siempre hay un día feliz, (su último trabajo con Kelly, cuya amistad se había ido deteriorando con el paso de los años). Y alejándose ya de un género musical en declive, firmó títulos como Un camino para dos.

Establecido como cineasta independiente, se lanzó a dirigir a algunos de los mejores actores de la industria en obras como La indiscreta (con Cary Grant e Ingrid Bergman) o Arabesque (con Gregory Peck y Sophia Loren), producciones rodadas en Europa, donde estableció su residencia.

Aunque la Academia de Hollywood nunca lo nominó en la categoría de mejor director, sí decidió entregarle el Óscar honorífico en 1998 de manos de Martin Scorsese.

Donen, con su humor habitual, decidió dar las gracias cantando el clásico "Cheek to Cheek", de Fred Astaire, y deleitando al público con pequeños pasos de baile rememorando sus fastuosas obras del pasado.

En su discurso, dijo que el secreto para ser un buen director es rodearse de los mejores en cada campo y, "cuando comienza el rodaje, aparecer y no te entrometerse en sus labores".

En cuanto a su vida familiar, se casó en cinco ocasiones y tuvo tres hijos. Desde 1999, Donen mantenía una relación sentimental con la comediante Elaine May. Hoy, con su muerte, se cierra una página de la historia del Hollywood dorado.

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