Se estrenó “El hipnotizador”, una ficción que cautiva

Los misterios de un hombre controlador

Quién es el señor Arenas, este hombre que aparece de la nada para poner de cabeza a una ciudad tranquila? HBO estrenó el domingo El hipnotizador, la serie de Alex Gabassi protagonizada por Leonardo Sbaraglia que se filmó en Uruguay, y la primera pregunta ya se planteó.

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Sbaraglia interpreta a un hombre habilidoso y reservado.

Esta ficción latinoamericana mitad en castellano y mitad en portugués, oscura tanto en su imagen como en su contenido, hizo su debut con el primero de ocho capítulos que, sin dar un golpe maestro, se las ingenió para tirar el anzuelo y hacer que el espectador lo muerda.

Poco se desprendió del episodio inicial, "La cinta amarilla". Pensándolo bien: lo indispensable. Arenas (Sbaraglia) es reservado, misterioso y un hábil hipnotizador que padece de insomnio. No se le pasa tomando un té de hierbas; Darek (Chico Díaz), su colega, lo ha condenado a no poder dormir. Y eso es un problema, sobre todo para quienes duermen en las habitaciones contiguas del hotel.

Bien lo dice Salinero, el conserje del sombrío hotel Las Violetas en el que se instala Arenas y el personaje que interpreta César Troncoso: "¿Para qué sirve un hotel si no es para que las personas duerman?". En esta nueva ciudad, Arenas se transforma en el espectáculo central del Teatro Rex, donde su vida se pone en riesgo de entrada a causa de su innegable don para desempeñar esta tarea.

Y Arenas también es, evidentemente, el espectáculo central de El Hipnotizador. La historia que importa y de la que todavía se conoce muy poco es la suya, y el televidente deberá ir recolectando piezas para armarla. En esa misión, Salinero ya se presentó como el cómplice ideal.

Quienes hayan leído la novela gráfica homónima de Pablo De Santis y Juan Sáenz Valiente, se podrán haber hecho una idea de lo que depara esta ficción rodeada por una nube de misterio. Pero no den todo por sentado, pues esa historia no es más que una mera inspiración, avisó la producción.

Este Arenas, en quien Sbaraglia calza a la perfección con su voz seductora y su semblanza de hombre hosco y lejano, es un personaje riquísimo que podrá dar muchas satisfacciones a quien lo siga (si es que guionistas, productores y directores dan en la tecla con su labor).

También lo son Salinero, Darek y el resto: todos son un enigma para el público, esconden un secreto, parecen sospechosos de haber cometido váyase a saber qué atrocidad.

Es imposible juzgar el advenimiento de una historia solo con su primer capítulo, y sobre todo cuando el planteo es tan enigmático y ambicioso. El hipnotizador es el típico proyecto que pretende transgredir y puede transformarse en un fenómeno que cautive a todos o en una inconsistencia que se desmorone con el correr del tiempo. Desde aquí se prefiere optar por lo primero; eso sí, no hay que perder pisada.

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