Terminó la serie “Wayward Pines”, una historia de suspenso bien resuelta

Cuando el misterio es revelado justo a tiempo

Hace ya un buen rato que M. Night Shyamalan logró que se le ponga atención a lo que hace.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Matt Dillon llevó adelante la serie con una prolija actuación. Foto: Archivo

Sexto sentido (1999), clásico del cine moderno, le valió dos nominaciones al Oscar y una popularidad positiva que después no logró sostener. La aldea (2004), La dama en el agua (2006) o Después de la Tierra (2013) son algunas de las (malas) producciones que ha hecho, con argumentos flojos que penden de un hilo y al espectador no le dejan más que esa sensación de haber sido estafado.

Con tan particular trayectoria, nos podíamos imaginar cualquier cosa de Wayward Pines, su debut televisivo. Sin embargo, a días de haber terminado la primera y, de momento, única temporada de esta ficción, Shyamalan puede sentir que cumplió con el deber.

No es tan sencillo para un cineasta adaptarse al formato de televisión y él lo hizo sin perder la esencia. Planteó, basado en la novela homónima de Blake Crouch, un thriller de ciencia ficción que tuvo un desarrollo completo en 10 capítulos sin dejar cabos sueltos y sin parecer una incoherencia (¿se acuerdan de cuando terminaron las seis eternas temporadas de Lost? Bueno, eso).

Y si todo salió bien, fue en gran parte por el trabajo de Matt Dillon. Siguiendo la tendencia de las estrellas de Hollywood que deciden, ya maduras, probar suerte en la pantalla chica, Dillon se hizo responsable de esta trama y consiguió que el personaje del agente Ethan Burke evolucionara hasta volverse en héroe. Uno poco carismático, pero héroe al fin.

El jueves, cuando Wayward Pines llegó a su fin —alerta de spoilers— todo fue muy Soy leyenda. Y aunque era bastante previsible, también era justo que esta historia que por muchos momentos logró quitar el aliento, se despidiera así.

Cuando Burke (Dillon) llegó a Wayward Pines siguiéndole los pasos a dos colegas desaparecidos (una de ellas, su amante) se encontró en un callejón sin salida al mejor estilo Truman Show pero en versión siniestra. Una cerca eléctrica rodeaba el pueblo impidiendo la salida y los disidentes eran ejecutados públicamente a manos del detestable sheriff (Terrence Howard), que veía a sus "actos de justicia" como "ajustes".

Aunque en el primer episodio Dillon parecía más un Frankenstein (cara cortada, cuerpo tieso por los golpes de un accidente, voz siempre muy bajita) que un hombre asustado, el potencial de justiciero se fue desarrollando de a poquito, y se consolidó cuando su mujer y su hijo aparecieron misteriosamente en el pueblo. Finalmente supo que el mundo estaba bastante lejos de ser lo que él pensaba. Los humanos se habían convertido en "abbies" carnívoros y ellos pertenecían al selecto grupo que, en el año 4028 y tras dos milenios en cámaras de frío, repoblaría el mundo.

Hasta ese quinto episodio revelador todo funcionó como una maquinita perfecta que mantuvo la tensión alta, mérito del showrunner Chad Hodge. Ya con el misterio develado el entusiasmo tendió a desinflarse, y fue en esa breve transición que aparecieron los momentos más flojos de la ficción.

Realizadores y guionistaslograron salir a flote optando por no perderse en los caminos del misterio y ponerse prácticos. Así, el científico que fundó Wayward Pines, David Pilcher (Toby Jones) mutó en un ser vil que se encaprichó con ponerlos a todos en riesgo para demostrar su poder. El resultado: la inmolación de Burke.

Wayward Pines no innovó ni marcó un precedente en la industria televisiva, pero sí dejó la agradable sensación al revelar sus secretos en la mitad de la historia y preparar al espectador para un final que no prometía ser color de rosa. Una trama consistente y concreta no puede fallar, y por eso no hacer una segunda temporada sería la decisión más acertada.

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