Pablo Stoll

"Mis películas salieron mejor de lo que imaginé"

Su Whisky, la producción uruguaya al tope.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Stoll consiguió colocar al cine uruguayo en festivales y lograr premios. Foto: N. Pereyra.

Este año, la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay decidió actualizar la lista de las mejores películas uruguayas de la historia. Aunque el derrotero del cine uruguayo ha sido errático e intermitente, existe un corpus sólido que permite esa clase de cosas.

La elección, en la que finalmente participaron 22 críticos, le dio el primero y segundo puesto, a dos películas co-dirigidas por Pablo Stoll (junto al fallecido Juan Pablo Rebella), Whisky y 25 Watts. El uno y dos en la lista sorprendió a Stoll, quien sin embargo, no se emocionó demasiado. "Está bueno, pero en la lista faltan películas que yo creo fundamentales y hay otras que pienso no deberían estar", le dice Stoll a El País.

Surgido como parte del grupo reunido alrededor de la productora Control Z (de donde salieron, además, Fernando Epstein, Gonzalo Delgado, Federico Veiroj, Arauco Hernández, entre otros libretistas, productores, editores y directores), Stoll, que tiene 41 años, se ha mantenido en activo aunque con todo lo esporádico que puede resultar hacer películas en este país. Ha sido el uruguayo que más premios internacionales ha ganado (Cannes, por ejemplo) y actualmente está trabajando en una nueva versión de su nueva película (provisoriamente titulada El tema del verano) a la que ha definido como una comedia de zombies que se desarrolló entre Brasil y Rocha y podría contar con un elenco internacional. Es profesor en la a Licenciatura en Lenguajes y Medios Audiovisuales que la Escuela Nacional de Bellas Artes dicta en Playa Hermosa y es columnista del programa Suena tremendo de El Espectador. Estrenó su última película, 3 en 2012.

De sus recuerdos de aquellas primeras películas y de la que está por hacer, Stoll habló con El País.

—¿Ves tus películas?

—No. Las vi demasiadas veces mientras las hacía y después. Uno no puede verla enseguida de filmar porque ve el fuera de cuadro: al ver una escena ve todo lo que pasó alrededor de todo ese momento del rodaje. Y son cosas que pueden nublar el juicio sobre lo que está en el cuadro. A mi lo que me pasa es que incluso después de tiempo, sigo viendo el fuera de cuadro y ni siquiera la realidad sino lo que me acuerdo. Encima me concentro en los errores, en las cosas que me salieron mal y como no tengo posibilidad de cambiarlas, prefiero no verlas.

¿Y cuáles son tus recuerdos de esas películas?

—Era muy raro todo. Está ese concepto de Lou Reed de "crecer en público" y es eso: éramos re-pendejos y salir en la tapa de los diarios fue muy extraño. 25 Watts fue como la síntesis de un lugar y un momento y que si no éramos nosotros, lo iba a hacer alguien más de esa vuelta generacional. De alguna forma eso iba a eclosionar por algún lado. Fue el inicio, además, de lo que después fue una profesión para todos nosotros.

—¿Y de Whisky qué recordás?

—Tengo muchos recuerdos de un rodaje que fue muy tranquilo. En 25 Watts era mucho nervio y muy rápido todo. Whisky fue más pausado y pensado. Fue un rodaje largo, eso sí, y pasó de todo, pero en un plan manejable. Después fue un proceso largo de edición en el que nunca pensamos que fuera a pasar algo con la película. Quedamos afuera de Berlín y unos amigos nos dijeron que probáramos en Cannes donde no pensábamos que fuéramos a entrar, pero entramos y todo fue inesperado.

—Me acuerdo de las fotos de vos y Juan Pablo, trajeados en Cannes...

—Fue muy gracioso y parte de un juego, de "estamos en ésta, vamos a divertirnos". Con Whisky dimos la vuelta al mundo y se vendió a todas partes.

—Fueron un buen negocio esas películas, entonces.

—En términos de dinero, no. 25 Watts fue una "cooperativa" (en realidad eramos Epstein, Rebella y yo que si iba mal, perdíamos nosotros y si iba bien, repartíamos entre todos) y así la pudimos hacer. A la película le fue lo suficientemente bien como para poder recuperar plata en mucho tiempo y poderle pagar a todo el mundo, un poquito aunque nunca llegamos a completar el aporte de sueldos en estos 15 años. Whisky fue una película que ya estaba financiada por los premios que ganamos. Y le fue muy bien de espectadores en todos lados, no solo acá.

—¿Cuál era el aporte tuyo y el aporte de Rebella?

—A nivel creativo, no sabría decirte. Hay cosas que sé que escribió él y otras que escribí yo. Hay cosas que escribió él que yo cambié y al revés. Y en Whisky se sumó Gonzalo Delgado, así que es un "matete".

—Uno de los momentos más tristes que nos tocó vivir, ni imagino lo que fue para vos, fue la muerte de Juan Pablo Rebella. ¿Pensaste en dejar de hacer películas cuando pasó?

Sí, claro. Por entonces estábamos armando la película que después se convertiría en 3 y la dejé en un cajón por dos años: no lo podía ni leer. Lo que me pasaba era que todos mis amigos eran amigos de Juan y todos estábamos hechos mierda y era muy difícil mirar para cualquier lado porque todos estábamos heridos. Fue un momento complicado. Pero con Gonzalo y Fernando tuvimos un momento de lucidez y nos planteamos cerrar (teníamos Acné, acabábamos de terminar La Perrera) y decidimos seguir. Y Gonzalo, me dijo "¿te acordás cuando tenías 17 años y no lo conocías a Juan y ya querías hacer películas? Pensalo y no lo dejes pasar". Me costó un tiempo procesarlo, me dediqué a la televisión con Los informantes y eso me llevó a que me dieran ganas de volver a filmar. Escribí Hiroshima y después laburé en Gigante de asistente de dirección. Y ahí dije quiero hacer películas.

—En qué está tu próxima película, El tema del verano, tu famosa comedia de zombies.

—Acaba de ganar un fondo en Chile, lo que es importante. Es una road movie que empieza en una playa brasileña y termina en Cabo Polonio. Debería estar estrenándola en 2017.

—Es un proceso largo.

—Es que es una película de un presupuesto alto al que no se llega aunque se consigan todos los fondos en Uruguay.

—¿Qué es alto?

—Y ronda los dos millones de dólares.

—¿3, por ejemplo cuánto salió?

—Unos 800.000 dólares que también es mucho. Para El tema del verano estamos buscando coproducciones pero todo lleva tiempo y cada nuevo coproductor tiene sus propios tiempos y hace cinco años que estoy con eso. No quiero apurarla: quiero hacer esa película que sale esa plata. Estoy cuidándola. Hace poco trabajando con un especialista de efectos especiales, estuvimos presupuestando la película y él puso precio a cada uno de los efectos y era como ponerle precio a los sueños. Y sumar todos los sueños es un montón de plata.

—¿Tus películas terminan estando bastante cercanas a lo que soñabas?

—Siempre supe con el presupuesto que me manejaba y nunca quise hacer algo que no pudiera. Pero a mi me pasa una casa rara: mis películas salieron mejores de lo que eran cuando las imaginaba. La intersección de mi imaginación, la gente con la que trabajás y la realidad, eso siempre termina en algo mejor. O por lo menos distinta. Una película siempre es otra cosa.

Un gol en la hora para el audiovisual nacional.

—Este fue un año complicado para el audiovisual uruguayo. Hubo reclamos al Estado, reivindicaciones y cambios. ¿Cuál es tu balance de toda esa movida?

—Para ponerlo en términos futbolísticos, íbamos perdiendo 1 a 0, empatamos 1 a 1, y nos clavaron en la hora y perdimos. Había una promesa de que se iban a equiparar los fondos que entrega el Instituto del Cine y Audiovisual Uruguayo (el Icau) que no habían venido siendo aumentados por el IPC. Esa era una promesa que no entró al Parlamento. Eso provocó un terremoto en la asociación de productores (la Asoprod), se dio una primavera de militancia que consiguió que Diputados aumentara el fondo pero no se logró que quedara fijada una forma de reajuste dentro de la ley. Se siguió peleando pero se aflojó y no se aprobó ningún reajuste por lo que el fondo que se aprobó nuevo, ya está perdiendo valor.

—Está todo igual, entonces.

—Un poco. Lo positivo es que se salió a decir cosas. Lo negativo es que no se logró lo que se pretendía y que denunciábamos que había una falta de liderazgo desde el gobierno y que eso se reflejó en que hubo un cambio de autoridades del Icau pero entró Martín Papich, que fue director durante todo el tiempo que pasaron estas cosas. Queda esperar que Martín escuche más y no sea sordo a las propuestas y así no volver al mismo lugar. Si no, va a ser una goleada. Este año hubo dos rodajes y para 2016 hay uno solo previsto. Y eso se va a ver dentro de un par de años cuando haya menos películas uruguayas en los festivales. Convendría pensar una estrategia para mantener la cantidad y el nivel de las películas. Porque para tener nivel tenés que tener cantidad.

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