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Mirella Pascual y Jorge Bolani recuerdan la filmación de "Whisky" que llega hoy a Netflix

Dos de los protagonistas de la premiada cinta uruguaya, el segundo largometraje de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll cuentan anécdotas del rodaje

Mirella Pascual y Jorge Bolani en la película "Whisky". Foto: Difusión
Mirella Pascual y Jorge Bolani en la película "Whisky". Foto: Difusión

La llegada, hoy, a Netflix, de Whisky, la película dirigida por Pablo Stoll y Juan Pablo Rebella, es una buena oportunidad de volver a ver una película uruguaya fundamental. No sólo mostró la temprana madurez del cine nacional, sino que además, instaló un modelo de narración y producción que muchos han definido -y no siempre para bien- como la esencia del cine nacional.

Estrenada localmente el 6 de agosto de 2004, Whisky fue la segunda película de Stoll y Rebella (quien falleció en 2006) después de la revelación 25 Watts. Repitiendo buena parte de aquel equipo, ahora contaron la historia de un improbable triángulo amoroso entre Jacobo Koller (Andrés Pazos), quien sobrevive en Uruguay con una fábrica de medias, su hermano Herman Koller (Jorge Bolani), que llega exitoso de Brasil y Marta Acuña (Mirella Pascual), la empleada a la que Jacobo contrata para hacerse pasar por su esposa. Es una reflexión tristona y divertida sobre un tipo de uruguayo.

La película ganó dos premios en Cannes, el Goya a mejor película iberoamericana y fue mejor película en los festivales de Chicago, La Habana, Huelva y Tokio, entre otros.

Para acompañar la llegada a la plataforma de streaming, El País le pidió a sus protagonistas, Pascual y Bolani (Pazos falleció en 2010), que recordarán aquel rodaje y las repercusiones que tuvo su trabajo.

Imagen de la película "Whisky". Foto: Difusión
Imagen de la película "Whisky". Foto: Difusión

“El proyecto tuvo muchas etapas, la primera fue el casting”, dice Bolani. “Recuerdo que con Andrés Pazos fuimos convocados a hacer un casting doble. Nos propusieron hacer el casting para los dos personajes masculinos y tengo entendido que Mirella Pascual ya estaba elegida como la protagonista femenina”, dice.

En esa etapa, “muy jugosa, nos hicieron improvisar, nos explicaron la película e improvisamos escenas de los personajes. Después tuvimos la suerte de ser convocados para asumir los roles. En mi caso particular pasó una cosa sorpresiva, al momento de hacer el casting me di cuenta que había un personaje en particular que me colgaba mucho y sé que me rompí todo en ese momento para dar lo mejor de uno y rendir; y quiso el destino que me llamaran para hacer el otro personaje, el de Herman, el hermano”, recuerda el actor.

Pascual ya estaba feliz por haber tenido la posibilidad de haber audicionado para la película. “Que estos chicos me consideraran para probar me hacía feliz”, dice la actriz.

Para los tres actores era una experiencia nueva, ninguno había hecho un largometraje antes, y “no esperábamos nada. Al menos no estábamos al tanto que la película después iba a ir a festivales, solo estábamos disfrutando del rodaje”, dice Pascual. “En ese momento no esperábamos nada más”, agrega.

Después del casting el elenco empezó a trabajar con los directores. La parte de ensayos fue muy rica, dice Bolani. “Yo que soy del palo del teatro, empezamos a ensayar el guion como si fuera una obra, y le brindaron un tiempo largo a todo eso que sirvió muchísimo a la hora del rodaje porque fuimos decantando y asumiendo los roles muy detalladamente. Teníamos como el carozo del personaje cada uno muy interiorizado”, señala.

El rodaje en sí también fue una fiesta, recuerda Bolani y dice que el equipo técnico “funcionó de una manera armoniosa como pocas veces”. Aquel invierno de 2003 el elenco estuvo un mes en Piriápolis grabando en el Hotel Argentino. El resto de la filmación la hicieron en Montevideo, donde se había creado el apartamento de Jacobo, cuya ubicación era en Marcelino Sosa y Yatay, frente al Palacio Sudamérica.

“Un día nos convocaron para una escena en las escalinatas que van a la playa de Piriápolis. La escena era entre Marta, el personaje de Mirella y yo. Y había ahí una cierta atracción de los personajes, nunca evidenciada, y era más de ella la que sentía la atracción por ese tipo. Él estaba en su mundo más frívolo, en ese momento lo definí un poco como un chanta al personaje. Tenía sus momentos interesantes pero básicamente era un vividor. Y estaba en una enemistad muy grande con su hermano. Creo que lo que tiene de genial el guion es haber inventado esa situación de que el hermano se hace pasar como que está casado, como para mostrarle una realidad en apariencia normal pero que era una mentira total. A ese punto llegaba la enemistad, que Jacobo planificó pidiéndole a una empleada de su fábrica de medias que hiciera de esposa de él. A lo cual Marta con esa personalidad maravillosa pero tan tímida y todo tan chiquito, aceptaba. Ese era un gran logro de la narración cinematográfica”, dice Bolani.

“Nos preparamos para la escena. Ella está sentada al final de la escalinata y los dos hermanos están mientras tanto jugando a ese juego de meter una ficha en las maquinitas donde baja una palanca y agarra una muñeca o una pelota, cosas que hoy en día parecen de la Edad Media. Entonces a la acción yo cruzaba la calle y empezaba a bajar por la escalinata y se da un diálogo de muy pocas palabras con Marta. Porque lo que estaban tratando de concretizar era ese aire de atracción entre los personajes. Y se empieza a dar un diálogo, le acepto un cigarrillo y hablamos casi en monosílabos porque era mucho más lo que se expresaba con los silencios que con las palabras. Y de pronto, sin mediar nada me dice, lo recuerdo tal cual: dice “namreg reloc”, eso no estaba en el guion; y una de las reglas de oro en el cine es que si el director no dice ‘corte’, se sigue, y manejate hermano. Y le contesté, porque quedó filmado: qué es eso?; ella me vuelve a repetir la palabra y me dice: es tu nombre al revés. Ahí me dice que ella sabe hablar al revés, y la escena seguía, y seguíamos charlando, y le decía frases para que me repitiera al revés, y ella lo hacía al toque. Después cortan la escena, la volvemos a hacer un par de veces más y estaba con un embole porque no sabía de dónde había salido todo eso, porque no estaba previsto. Después me enteré de la verdad, el equipo se había puesto de acuerdo para que eso surgiera en el momento para ver qué pasaba con la escena, y ganó en originalidad y espontaneidad”, recuerda Bolani.

Pascual recuerda ese momento de la película. “Hubo muchas sorpresas en ese rodaje. Como los chicos se habían enterado que yo sabía hablar al revés me propusieron hacer esa escena, fue una sorpresa para Jorge; como nunca nadie supo más que Jorge lo que decía en el papelito que ella le entrega en el aeropuerto. Me dijeron: escribile lo que le quiere decir Marta, y quedó entre nosotros, ni los directores lo saben. Esas cosas le dieron magia a la película porque era muy espontáneo y de los personajes todo eso”, dice Pascual.

También ese final, con Jacobo abriendo el local y esperando que apareciera Marta, quien no lo hace. “Esa es otra de las preguntas que mucha gente me ha hecho; y ese es otro secreto de Marta”, dice Pascual quien está feliz de ser asociada a esta película que le trajo reconocimientos en el mundo y alegrías personales.

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