crítica - "adiós al lenguaje"

Dos miradas sobre lo nuevo de Godard

Siguiendo con una tradición que inició hace casi 60 años, las películas de Jean Luc Godard generan amores u odios. Estas páginas nunca han sido ajenas a eso y Adiós al lenguaje generó opiniones encontradas.

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Adiós al lenguaje es su primera película en 3D, un recurso del que hace un uso original.

LA CRÍTICA DE FERNÁN CISNERO


Una enorme reflexión cinematográfica


No es casual que Jean Luc Godard ponga en los créditos finales a un mismo nivel de reconocimiento a las cámaras digitales que utilizó para filmarla que al corpus literario, cinematográfico y pictórico en el que está basada. Al igual que lo ha venido haciendo sin miramientos en los últimos 50 años, Godard pone en piel de igualdad un debate sobre el cine, la comunicación y la política del mundo que nos tocó vivir. Lo hace en un formato más cercano al video arte que al cine, por lo que eso puede espantar. Una película de Godard es cada vez más una película de Godard y eso quiere decir una experiencia única.

En definitiva, lo que Godard está preguntando es ¿cómo construir significado sin lenguaje? La respuesta, como siempre, en el director es críptica. Hay referencias a Hitler, la televisión, el Tour de France, Solyenitzin, Piranha 3D y a la desnudez de los animales, mucho celular, en una conjunción que es conceptualmente y visualmente confusa pero cautivante.

Adiós al lenguaje es su primera película en 3D, un recurso del que hace un uso original. Lo emplea como un artista, haciéndolo lucir como si fuera un cuadro de Monet o desnudándolo hasta el límite de la incomodidad. La recurrencia a utilizar varios planos sonoros se replica en lo visual: es una película por momentos estroboscópica. Godard es capaz de reconstruir un travelling por ejemplo utilizando la tercera dimensión. Mientras el 3D es un recurso que se pretende disimular (porque la idea es que se parezca a la realidad), Godard lo despoja, le da un sentido cinematográfico. Romper el artificio del lenguaje cinematográfico, ha sido siempre el arma política y artística de Godard. Ahora lo hace con el 3D.

No la hace fácil, claro. Aparentemente es la historia de una pareja (quizás de dos parejas) que intentan comunicarse (mayormente desnudos sin una razón aparente) y, de alguna manera adoptan un perro, que es el propio perro de Godard, pobre animalito. En el medio hay imágenes clásicas del director, incluyendo su uso de la tipografía y todo transcurre en varios planos simultáneos en un menjunge importante.

La película funciona como un mantra como una posibilidad de lo que se puede decir en el cine y como adaptarlo a estos tiempos. Al final se escucha el balbuceo de un bebé. Así estamos todos aprendiendo a comunicarnos. Y Godard lo sabe.

LA CRÍTICA DE GUILLERMO ZAPIOLA


Marchito resplandor de un viejo rebelde


Hace medio siglo (o un poco más) Jean-Luc Godard fue un revolucionario del lenguaje cinematográfico. Hoy es un fastidioso. El firmante admite que esta opinión es minoritaria entre la crítica de cine, y corresponde fundamentarla debidamente.

Los griegos, que eran unos tipos cultos, sabían que el mejor arte (el arte clásico, vamos) es el que logra un adecuado equilibrio entre forma y contenido. En ese sentido Sin aliento (1959) de Godard, que era una película rupturista, puede ser considerada también un clásico: el paso de una escena a otra mediante corte directo, el registro de una acción ya comenzada antes de empezar a filmar, el incesante movimiento de la cámara, proponían un quiebre con respecto al cine tradicional, pero también se revelaban como una adecuada opción estética. No había mejor forma de contar la carrera “sin aliento” de su protagonista hacia la muerte. Aún hoy se sostiene.

Godard siguió rompiendo fronteras en los años y décadas siguientes, pero ya es tiempo de preguntarse en qué momento la máquina empezó a estropearse: tal vez en los años ochenta, o un poco antes. De entonces para acá, y con los desniveles del caso (que pueden llamarse Detective, Yo te saludo María, Rey Lear, Nouvelle Vague, Elogio del amor, Histoires du cinéma o Film socialisme, aunque hubo también otras cosas) Godard parece haber sufrido un proceso de ensimismamiento, una creciente obsesión por el experimento del lenguaje (o lo que sea) que se agota en sí mismo. Uno de los problemas de las vanguardias ha sido siempre que sus autores parecen haber olvidado lo hecho por vanguardistas anteriores, y terminan repitiéndose.

En el caso de Godard, la repetición es muy personal, y hay que reconocerle por lo menos la integridad de su negativa a seguir las modas: el hombre no hace concesiones. Pero la pregunta es si, en definitiva, comunica algo. Este cronista piensa que no, y se confiesa muy ajeno a sus juegos con el color (a veces sugestivos), sus disociaciones de imagen y sonido, sus citas eruditas que remiten a buena parte de la cultura del siglo XX. Es inútil aclarar que un mal Godard juega de todos modos en otra liga que tonterías como 50 sombras de Grey o Rápidos y furiosos 7, pero no es mucho consuelo. El film se despide del lenguaje, pero también del interés del espectador.

SABER MÁS

ADIÓS AL LENGUAJE


Suiza/Francia 2014. 2004. Título original: Adieu au langage. Dirección y guión: Jean-Luc Godard.. Fotografía: Fabrice Aragno.. Música y asistencia de producción: Phil Zagajewski. Vestuario: María Muscalu. Maquilaje: Oriane Cattiaux. Director de segunda unidad: Jean-Paul Bataggia. Producción: Brahim Chioua, Vincent Maraval, Alain Sarde, para Wild Bunch. Intérpretes: Héloise Godet, Zoe Bruneau, Kamel Abdelli, Richard Chevalier, Zoé Bruneau, Christian Gregori, Jessica Erickson, Marie Ruchat, Jeremy Zampatti, Daniel Ludwig, Gino Siconotti, Alexandre Païta, Dimitri Basil.

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