ENTREVISTA

Miguel Ángel Solá: "Siempre sería más víctima que verdugo"

El reconocido actor argentino vino a Uruguay para sumarse al rodaje de una película sobre los tupamaros: El año de la furia

Miguel Ángel Solá
Miguel Ángel Solá, trabajando en un rodaje en Uruguay. Foto: Francisco Flores

De visita en Uruguay, el gran actor argentino Miguel Ángel Solá estuvo trabajando la semana pasada en locaciones montevideanas, en el rodaje de El año de la furia, de Rafael Russo, con un elenco en el que se mezclan uruguayos, argentinos y españoles. “Estamos trabajando en esta historia que se ubica un año antes del golpe de Estado en Uruguay. Será por mi cara, pero me asignaron de personaje un capitán del ejercito, con ideas muy claras de estar a la altura de la circunstancia, para la destrucción sistemática del movimiento tupamaro”, comenta con humor Solá a El País.

“El argumento de la película gira sobre gente que trabaja en televisión y radio, y hacen sketches, y que se van comprometiendo con movimientos progresistas, no con armas sino desde las ideas. Y empiezan a ser observados, y luego hay desapariciones. Y se va generando eso de hay que terminar con éste, y con este otro, en ambos bandos, en los dos movimientos armados. Pero más allá de eso, la película habla de la conciencia humana, y cómo el miedo y la ambición a veces hacen que se pueda cambiar de bando”, cuenta el intérprete sobre su nuevo proyecto cinematográfico, basado en la novela El ordenamiento del orden, de Gualberto Baña.

“Estamos trabajando mucho en las calles de Montevideo, porque todos los exteriores se hacen aquí, y los interiores en Madrid. Se pensó en filmar la película en Buenos Aires, pero allá no se encuentran cinco metros de fachadas de la época limpias. Y aquí en Montevideo todavía sí. Hemos estado rodando en distintos puntos de la ciudad, desde Malvín a Palermo, en una calle muy cerquita del río. Hacía un frío de morirse: nos mató el frío, estuvimos muchas horas”, comenta el artista.

Miguel Ángel Solá
Solá, rodando en Montevideo una película sobre los tupamaros. Foto: Francisco Flores

-¿Cómo vivís eso de participar en una película sobre tupamaros? ¿Cómo te ubicás ante esos hechos históricos?

-Yo no he sido tupamaro. Nunca puse una resistencia de armas. En mi país, mi única resistencia fue haber puesto el pecho y las ideas en contra de todo movimiento armado, y de la represión hacia ese movimiento armado. No creo en las revoluciones hechas a los tiros, ni en la muerte de los demás, como si fuéramos dioses que decidimos sobre la vida del otro. Eso genera más odio sobre el odio. Eso hay gente que lo comprende con el tiempo y que no volvería a repetir esa historia. Yo ni siquiera la haría por primera vez. Siempre sería más víctima que verdugo. No se por qué en el caso de esta película se eligió contar el movimiento tupamaro y no el montonero. Sí sé que el movimiento tupamaro era más genuino. Porque el movimiento montonero venía de la guardia pretoriana de Ongania. En la película hago un papel cortito, pero intenso.

-Tú compartiste escenario con leyendas de la escena argentina...

-Sí, trabajé con todos. Con mi tía Luisa Vehil, con Pepe Soriano, no pude trabajar con mi mamá, Paquita Vehil, porque se murió antes. Me vio debutar en teatro y luego se murió. Pero trabajé con Federico Luppi, Ernesto Bianco, María Rosa Gallo, Inda Ledesma, Lydia Lamaison, Norma Aleandro, Óscar Martínez, con todos. Con el único que no puede laburar fue con Alfredo Alcón: todos los años nos proponíamos hacer algo juntos, y por problemas de agenda, nos quedamos con las ganas. Me hubiese divertido mucho trabajar con Alfredo, porque era un ser entrañable.

-Con China Zorrilla también trabajaste...

-Sí, hicimos cine, y dos ciclos de televisión, Luces y sombras y Atreverse. China era muy simpática, muy buena persona, culta, divertida. Era un anecdotario vivo, y lo que no había sucedido lo inventaba. Pero te hacía reír como loco. Nos pasó de estar haciendo una escena ante cámara, y que me tocara un monólogo a mí, y ella se dormía. Y cuando le tocaba responder, abría los ojos y contestaba. Yo me moría de risa, no entendía. Y a veces eso hasta me favorecía, porque yo soy tan serio, que a veces esa situación me llevaba a trabajar en otro tono. Ella sufría narcolepsia, cosa que yo estoy sufriendo ahora, por la edad. China tenía ese tinte de siempre quitarle el hierro a las cosas, quitarles dramatismo, pero cuando te ponías a charlar profundamente, ella no escapaba a la profundidad del diálogo.

-¿Extrañás un poco toda aquella generación?


-Hoy está este mundo para vivir. Las cosas cambiaron, el anacrónico soy yo. Yo no me voy a quejar de las generaciones jóvenes. Ellos han desarrollado los pulgares, y eso abre otro circuito cerebral. Creo que hoy les cuesta que tenga algún valor la capacidad, el talento. Hoy pesa más la cantidad de seguidores que tenés en las redes. Yo soy un bicho tardío para eso: mi primer celular lo tuve a los 63 años. Tengo 69. Pero yo nunca me he sentido popular. Es más, desprecio mucho la popularidad. Mi agradecimiento al mundo sería que me olvidaran.

-En tu vida tuviste que lidiar mucho contra distintos problemas de salud...

-A los 20 años, haciendo la colimba, yo perdí 14 dientes. Eso me llevó a que yo tenía que mostrar que era buen actor de teatro, sin abrir la boca. Nadie descubrió que a mí me faltaba los dientes. Fue en un accidente de esos, que suelen tener los militares cuando hacés la colimba, que te torturan para ver lo hombre que sos. De los nervios, me desperté escupiendo dientes. Y tardé bastante tiempo en poder ganar dinero, primero para poner una dentadura móvil, y 25 años más tarde, implantes. Y después de haber terminado de hacerme los implantes, en 2003, tuve unos años de felicidad, interrumpidos por un accidente en Canarias.

-¿Cómo fue bien ese accidente?

-Una estupidez. Estaba con el agüita por las rodillas, y se levantó una ola alta como este techo delante mío. No me dio tiempo a reaccionar, y con toda la experiencia que tengo yo del agua, en lugar de aplastarme contra la arena, la quise pasar por el medio. Y me levantó hasta arriba y me tiró. El primer diagnóstico fue tetraplejia. Estuve un mes en intensiva, y después fui saliendo de a poco, moviendo los brazos, aprendiendo a caminar. A los tres meses, caminé los primeros 50 metros solo. Y cuatro años después de eso, tuve un accidente, un síncope vasovagal, con la mala suerte de caer en una pecera de vidrio y acero. Y me rompí todos los dientes del lado izquierdo, y el palatino. Y otra vez de nuevo, tuve que aprender a hablar. Así que tuve una mala salud de hierro, y me he tenido que adaptar a eso.

una pregunta más

“Siguen saliendo pequeños trabajitos”

-¿Ahora estás viviendo en España nuevamente?

-Sí, ya nos fuimos a vivir a Madrid. Estuvimos cuatro años en Buenos Aires, intentándolo. Es difícil: la gente te va olvidando. Hicimos buen teatro. Y ahora estamos esperando que nos den los derechos de una obra de teatro, para hacerla en Madrid. Y mientras tanto, sale algún trabajo en televisión o en cine. No protagonistas. El último que hice en cine fue El último traje. Pero siguen saliendo pequeños trabajitos. Hasta que podamos hacer teatro allá en España, a ver si con eso nos podemos mantener tranquilamente, y evitar hacer pequeños trabajitos. Los cuatro años en Argentina nos sirvieron para vivir, sin lujos. Pero la situación económica era cada vez más precaria, y decidimos volver a España.

europa y américa

“El Mercosur no funcionó por la corrupción”

Miguel Ángel Solá, considerado uno de los grandes actores de Argentina y España, ha participado en más de 50 películas, bajo las órdenes de directores de la talla de María Luisa Bemberg, Sergio Renán, Alejandro Doria, Juan José Jusid y Fernando Ayala. De su gran filmografía destacan, entre otras películas, El exilio de Gardel y Sur. Su familia viene de una larga vinculación con el teatro catalán, con reconocidos artistas que emigraron a principios del siglo XX a Argentina. El nexo de Solá con España es fuerte, y ahora el artista se vuelve a radicar en la capital española. “Madrid está unida a la Unión Europea. Y son procesos serios. Afanarán como en todos lados. Pero son procesos serios que se obligan a cumplir, y funcionan como bloque. Acá el Mercosur no ha funcionado, por la cantidad de corrupción”.

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