entrevista - Mariana Viñoles

"En mi cine, yo estoy adentro, me involucro"

Desde hoy al 29 de julio en Sala Pocitos, la Zitarrosa y la Zavala Muniz, se realiza una nueva edición de La Semana del Documental, una programación que suele ser excelente. La apertura será con El mundo de Carolina, documental en el que la uruguaya Mariana Viñoles (foto) explora el universo de una joven con síndrome de Down. Viñoles charló con El País.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Todo lo que está fuera de cuadro entra y forma parte de la historia", cuenta. Foto: Nicolás Pereyra.

—¿Por qué creíste que Carolina podía convertirse en protagonista de un documental?

—Fue bastante intuitivo en realidad. La elección estuvo más relacionada con el vínculo que fuimos estableciendo que con un criterio más objetivo. El momento en el que se encontraba en su vida me interesaba mucho: el de una joven en pareja, que ya estaba soñando de alguna manera con obtener alguna forma de independencia, y de cómo se podrían ir superando esos obstáculos a pesar de sus limitaciones.

—El título refiere individualmente a ella, pero vos comentás en la película que tuviste una hermana que nació con síndrome de Down, ¿qué tipo de enfoque te motivó?

—Aquel que verdaderamente conoce a personas con síndrome de Down verá en Carolina un reflejo muy representativo de cómo son ellos, cómo elaboran el discurso, la manera en que perciben el mundo, esa sensibilidad especial. Después, Carolina tiene sus propias particularidades, como tenemos todos en este mundo. Digamos que es una persona muy especial. La idea justamente era la de poder entrar en su mundo.

—¿Cómo fue conocerla?

—Cuando la conocí me di cuenta que, a pesar de que en mi familia teníamos un caso muy cercano (una hermana que nació y murió antes de que yo naciera, que estuvo y está muy presente en nuestras vidas), yo nunca me había encontrado verdaderamente frente a una persona como ella, seguramente por miedo a lo desconocido, porque nos da miedo interactuar con personas con quien no sabemos cómo van a interactuar, y eso genera una distancia que las hace víctimas. Entonces me di cuenta que los desconocemos por completo. Por ser cineasta tengo la posibilidad de acercarme a lo desconocido. No hubiese tenido el privilegio de conocer a Carolina si no fuese a través de hacer esta película.

—Una particularidad de tus películas (La Tabaré rocanrol y después, Los uruguayos, Exiliados), es una sobreexposición de la intimidad. ¿Cómo fue éticamente trabajar con Carolina?

—Mi objetivo desde el inicio, y por eso decido establecer este diálogo frontal, es tratar a Carolina como a una persona, quitándole la etiqueta de "persona con síndrome de Down". Ellos son básicamente como niños. Se relacionan con el mundo que los rodean de manera genuina, son muy cariñosos y expresivos, no tienen las barreras o los códigos sociales que los adultos normales hemos ido adquiriendo a través de los años. En el caso de Carolina, nuestro diálogo siempre fue franco, y el hecho de yo fuera mayor pero con una distancia generacional menor que la que la separa de su madre o de su tía (¡y que además acababa de ser mamá!), nos permitió hablar de cosas que ella necesitaba hablar y que yo quise como cineasta, mujer, poner sobre la mesa. El tema de la ética es mi mayor preocupación en el cine que hago, sobre todo en el caso de una persona como Carolina.

—Entre las pocas preguntas que le hacés frente a cámara, insistís en la sexualidad, ¿por qué te parecía importante?

—Porque también quise hablar de ese tema tabú. Me interesaba entender cómo esas cuestiones eran tratadas dentro del seno de la propia familia y en la sociedad en su conjunto. Ellos básicamente son personas muy sensuales, el contacto físico es esencial en sus vidas. Quise indagar un poco en cuáles eran sus verdaderos deseos y cuáles eran las cosas que la sociedad le imponía por el hecho de ser una mujer diferente. Es un tema súper delicado, pero me parecía esencial tratarlo en esta película.

—Tu forma de hacer cine es una especie de anticine. Esta película tiene dos planos fijos, suenan celulares, se cierran puertas, vos aparecés, entran tus hijos en cuadro...

—Un anticine...me encanta. Para mí, cine es aquello que tiene una búsqueda estética y artística en su forma más allá de su contenido, y que narrativamente nos mantiene sentados delante de una pantalla, no porque la fotografía sea perfecta o porque los planos cambien a determinado ritmo, sino porque nos vemos reflejados en la historia que se cuenta, podemos disfrutarla, entenderla y emocionarnos. Desde el inicio comprendí que todo ese fuera de cuadro, entra, forma parte de la historia, y en esta película me propuse firmemente incluirlo. Filmo solamente a Carolina, pero todo un universo se construye alrededor de ella. Esa es mi manera de hacer documentales: yo estoy adentro, me involucro completamente, más cerca o más lejos dependiendo de la historia. Me interesa el cine como expresión de la vida y no me interesa separar una cosa de la otra. Seguramente porque lo necesite así, y así iré dejando un trazo, perfecto o imperfecto, pero un trazo al fin.

Las entradas cuestan, si no se tiene beneficios de membresía de Cinemateca, 160 pesos. 

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