CINE

Mel Gibson vuelve a dar batalla

Luego de 10 años regresa a la dirección con un drama bélico en la Segunda Guerra.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Mel Gibson. Foto: EFE

En las últimas entrevistas que le hicieron a Mel Gibson, cuando cree que la cámara no lo observa desvía la mirada y retuerce con ambas manos su barba, que le da un aspecto más robusto, parecido al de Orson Welles en la vejez. Si le toca hablar, satisface al periodista con amabilidad y un perfecto interés fingido. Unos meses atrás, en una de las primeras charlas que tuvo acerca de Hasta el último hombre no lucía tan emocionado. Respondió con molestia, apoyando el codo en una mesa de montaje, con un malhumor que hace más creíble la confesión que Andrew Garfield cuenta que le hizo durante el rodaje: no le gusta dirigir.

La primera de las preguntas recurrentes es por qué no dirigió en una década, curioso si se considera que entre 1993 y el 2006 rodó cuatro películas (El hombre sin rostro, Corazón valiente, La pasión de Cristo y Apocalypto) y una serie (La familia salvaje), obras que igualaron la buena fama que ya tenía como actor. Hubo tres razones, asegura: tiempo, dinero e interés. En resumen: "Lo que a mí me interesa hacer no siempre le interesa a los que pueden financiarme", aclaró en una nota con un medio argentino. Tampoco lo ayudó que Hollywood le diera la espalda luego de que lo acusaron de homófobo, antisemita y golpeador de mujeres. Para rodar Hasta el último hombre tuvo menos dinero (costó 27 millones, 26 menos que Corazón valiente y 23 por debajo de Apocalypto), menos tiempo (filmó en la mitad de las semanas que creía necesarias) y tuvo menos contacto con la idea original.

Por primera vez trabajó sobre un material sugerido por un productor, que confió en su talento para filmar batallas. El guión circuló durante 13 años por distintos estudios e iba a ser dirigido por Randall Wallace, guionista de Corazón valiente (1995).

Cuando habla del resultado de su nueva película, Mel Gibson repite la palabra "impacto" como si la estuviera actuando: abriendo las palmas de las manos y agrandando sus ojos azules tan fotografiados. "Ser director es el siguiente paso natural para un actor. Los procesos son muy parecidos, solo se necesita ser más megalómano…", lanza sin terminar la idea, dejando entrever que el problema de su última película está en ese gesto: impacta, pero no desprende ni la pasión ni la garra ni la admiración con la que filmó a los otros personajes heroicos de su carrera.

Molde heroico.

Hasta el último hombre cuenta una historia que calza con su perfil. Un campesino de Virginia amante de la medicina y enamorado de una hermosa enfermera, siente el deber moral de pelear en el campo de batalla japonés durante la Segunda Guerra Mundial. La hombría parece medirse en esta decisión y los hombres rechazados por el ejército han llegado a suicidarse. Una vez dentro, Desmond Doss (Andrew Garfield) se apegará a sus convicciones religiosas (fue un adventista del séptimo día) y se negará a tomar un arma y matar. Sus compañeros y superiores (entre los que destacan Vince Vaughn y Sam Worthington) lo maltratarán para sacarlo de filas, incluso lo llevan ante una corte marcial. Y cuando ya transcurrió una hora del film, es que comienza su vida en la guerra como médico de combate. Tildado de cobarde por sus pares, Doss rescató solo a 75 soldados heridos (de los dos bandos) durante la batalla de Okinawa.

Esta leyenda parecía diseñada para conquistar a Gibson, que se topó con un guión que cumple con la estructura habitual de su cine: un hombre con creencias firmes que se enfrenta con el deber moral de convertirse en un guerrero noble, motivado por la justicia de un bien común y sostenido por la promesa de un gran amor que lo espera. Hay un círculo familiar que lo ronda y un grupo de pares que terminará conquistado por su coraje. Finalmente está el sacrificio, violento, imposible de soportar emocional y físicamente, pero que será recompensado por la memoria colectiva.

Sus personajes suelen ser hombres comunes (con la excepción de Jesús) condenados a un destino de honor y fatalidad. Pero Desmond Doss es una excepción, porque sobrevivió a todas las batallas, recogió la Medalla de Honor del Congreso y se convirtió en una leyenda viviente (murió en 2006).

El interés de Gibson por la gloria surgida del patriotismo aparece desde el primer plano de su película inicial El hombre sin rostro (1993), la más atípica. El niño protagonista sueña con ser militar y a lo largo del film se prepara con determinación para el examen de ingreso, ayudado por un profesor con el rostro desfigurado (Gibson), acusado por el pueblo de ser pedófilo y homosexual. El relato incluye un alegato contra el antisemitismo, que no deja de sorprender si se considera las acusaciones que le pesan hoy.

También en ese debut surge el alcoholismo como una enfermedad de los padres con la que cargan los hijos, retomada en Hasta el último hombre con una buena actuación de Hugo Weaving como un padre violento, traumatizado por su experiencia en la Gran Guerra.

Autor.

Entre los cineastas hollywoodenses rompedores de taquilla, Mel Gibson se para del lado de los autores. Su filmografía insiste con tres temáticas centrales: el miedo (y cómo sacarlo del camino), la valentía y la convicción de las creencias. En los casos que eligió filmar, estas se prueban en el campo de batalla, escenario en el que el protagonista definirá su carácter.

Es en esta lucha que rebosa su capacidad de articular escenas emocionantes, con héroes humanistas y poderosos que suelen basarse en personajes históricos: William Wallace (Corazón Valiente), Jesús (La pasión de Cristo), Desmond Doss (Hasta el último hombre).

El título que mejor expuso sus intereses y talento es Apocalypto (2006), su obra más personal (el guión es suyo), plagado de acción, y en el que mejor controla sus desbordes cursis y demagogos.

Todas sus películas incluyen unas primeras escenas iniciales amables, con chistes colectivos e ingenuos, que retratan un presente idílico que va a contrastar con el futuro sangriento (el indio con problemas sexuales en Apocalypto, Jesús mostrándole una mesa alta a su madre en La pasión de Cristo). En Hasta el último hombre estos episodios se exceden, reforzando la tendencia de Andrew Gardfield a un registro blando y sensible que le resta a este personaje.

En el Festival de Venecia, donde se estrenó, parte de la crítica dijo que era una "comedia involuntaria". Es que el maltrato mostrado en el ejército parece chistoso al lado del que ilustró una película como Full metal jacket (Stanley Kubrick, 1987).

La parte más valiosa del film es la más terrible: esas larguísimas escenas que se meten de lleno en la carnicería de la guerra. A pesar de su gusto (sobre todo estético) por registrar la violencia más cruda, Gibson no olvida el humanismo que caracteriza a sus protagonistas, héroes a los que el miedo se les nota en la mirada y en los nervios que sacuden su cuerpo.

Aunque sea uno de los títulos favoritos para inaugurar la temporada de premios, este es un regreso más vistoso que sólido, que no consiguió el apoyo crítico ni económico que esperaba, pero que, innegablemente, lo confirma como un buen director de escenas de acción.

“Yo nunca dejé de trabajar”


En 2006, el mismo año en que estrenó Apocalypto, fue acusado de hacer comentarios antisemitas y de golpear a su pareja Oksana Grigorieva. Gibson se excusó en una recaída en el alcoholismo, pidió disculpas y cumplió con las condenas.

Poco se supo de él hasta el estreno de Hasta el último hombre: en 2011 protagonizó El castor (película de su amiga Jodie Foster) y en 2012 la elogiada comedia Get the gringo . Sobre su regreso a la dirección, dijo en una conferencia de prensa en Los Ángeles: “He hecho un buen trabajo con esta película y sé que para muchos estoy de vuelta, pero yo nunca me fui. Nunca dejé de trabajar. Sinceramente quiero seguir haciendo esto. Me sale bien y me encanta”, aseguró.

Hasta el último hombre (***)

Estados Unidos y Australia, 2016. Título original: Hacksaw Ridge. Dirección: Mel Gibson. Guión: Robert Schenkkan y Andrew Knight. Fotografía: Simon Duggan. Montaje: John Gilbert. Música: Rupert Gregson-Williams. Elenco: Andrew Garfield, Rachel Griffiths, Hugo Weaving, Teresa Palmer, Vince Vaughn, Sam Worthington.

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