CINE

"Me gustaría ser más prolífico pero el medio no lo permite"

El cineasta Gabriel Drak dirigió a Juan Minujín en una comedia negra.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Gabriel Drak y Juan Minujin llevaron a sus hijos al rodaje del film. Foto: Karina Amato

Estos son días de readaptación", dice el director Gabriel Drak, que acaba de finalizar el rodaje de su tercera película, Los últimos románticos. "En realidad me queda una sola toma y no dejo de pensar en ella. Eso por un lado, y por el otro es volver a la rutina, porque durante los rodajes me sumerjo y pierdo noción del dinero, de las cuentas que tengo que pagar, de los problemas, de todo", cuenta.

El cineasta ya había estrenado en 2001 el policial Los desconocidos y luego, 10 años después, volvió con el drama familiar La culpa del cordero, película que consiguió un interesante número de espectadores. Desde entonces se dedicó a buscar la forma de filmar este proyecto, una comedia negra que combina escenas de humor con policial.

—¿Con qué sensación se quedó luego del estreno de La culpa del cordero?

—Me encantó, pero a uno le queda sabor a poco porque me gustaría ser más prolífico, y de repente eso no tiene nada que ver con la cantidad de obra que uno genere, sino con que el medio no te permite llevarlas a cabo. Por eso hay que buscar nuevos horizontes.

Drak explica que su tercer film fue mayoritariamente financiado con fondos argentinos que logró su productor Mario Viera. Debido a esta alianza, contó con la participación de los actores Juan Minujín y Adrián Navarro en el elenco. Minujín y Néstor Guzzini interpretan a Perro y Gordo, dos amigos que se mudan a un pueblo ficticio del Río de la Plata, unos 10 años atrás. Uno se dedica a cuidar un hotel y el otro hace tareas de jardinería, hasta que deciden comenzar a plantar marihuana y vender las plantas. "En determinado momento se les presenta una oportunidad que les cambia la vida, pero que les trae problemas", dice Drak. Es que coincide con la llegada de un nuevo inspector (Ricardo Couto) al pueblo, que trabaja con los agentes Sosa (Adrián Navarro) y Núñez (Ernesto Liotti).

—Minujín está en el mejor momento de su carrera, ¿cómo fue trabajar con él en el set?

—Es un tipo muy simple y familiar, incluso trajo a sus hijas al rodaje y yo llevé a los míos y jugaban juntos, así que fue un set lleno de niños.

—¿Cómo se llevaron los elencos de ambos países?

—Si hubo algo que caracterizó a este rodaje fue la abundancia de actores maravillosos, fue un placer verlos laburar. Las dos duplas de actores se llevaron muy bien, al punto de que los vi adueñarse de los personajes y ahí vos como director lo que tenés que hacer es no bloquearlos, dejarlos avanzar y creo que por eso fluyó muy bien el humor, porque esta película primero es una comedia y después tiene algo de policial.

—Es la segunda vez que dirige a Ricardo Couto, un actor que se ve muy poco, ¿le parece que está desaprovechado?

—Completamente desaprovechado. El personaje del inspector lo escribí para él, lleva uno de sus apellidos.

—¿Qué clase de actor diría que es Néstor Guzzini?

—Es un animal. Tiene unas condiciones ocultas que te sorprenden y te confirman su buen momento. Por ejemplo, tiene una destreza física increíble. Para la película tuvo que aprender una disciplina deportiva muy exigente y lo logró a tal punto que nos dejó a todos boquiabiertos.

—Los últimos románticos ya tiene fecha de estreno para marzo o abril de 2018, ¿qué implica saber el tiempo justo que se tiene para terminar una película?

—Es una manera de no estirar la postproducción por años, como fijarte un límite. Además, con lo difícil que es conseguir distribuidor y fecha de estreno, esto de tenerla agendada es como una bendición.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)