Entrevista

"Me considero de la clase obrera de Hollywood"

Una charla con Fede Alvarez, el uruguayo que está a punto de estrenar su tercera película y no para de crecer

Fede Alvarez
Fede Alvarez, sus dos últimas películas estuvieron primeras en la taquilla estadunidense. Foto: Leo Maine

—Miraba un video que subiste a YouTube hace un tiempo en que se te ve bien cholulo cerca de Schwarzenegger. ¿Aún te sigue generando eso el conocer estrellas?

—Ahí estábamos en un restaurant, en el lanzamiento de un libro de él. Yo conocía a alguien que tenía una entrada y fui. Como cualquiera nacido en los 80, soy un fan de sus películas y de las de Stallone. De eso hace ocho años y ahí estoy yo intentando sacarme una foto para mostrarlo. Seis años después de eso, cuando salió No respires, a los tres días me manda un mail Arnold que me quería conocer. Así que me fui a la casa a charlar, a hablar de cine y ahora estamos empezando a hablar de hacer un par de proyectos. Lo mismo con Stallone que me llamó a los dos días y me invitó a su casa. De esas hay muchas. Pasó mucho desde aquel video a ahora que he ido a comer varias veces a la casa de Arnold. De hecho, estuve en su cumpleaños número 70 y me presentó a James Cameron, quien después me invitó a su estudio. Eso es mucho sueño de pibe acumulado.

—¿Cómo te ves en la industria?

—Yo me siento bastante outsider. Por ejemplo, no tengo un agente porque lo que más hace es traerte trabajo y yo mi primera película la conseguí charlando. Ataque de pánico lo subí a YouTube, me fui a dormir, al otro día tenía un montón de mails de Hollywood. Me fui y me cruzo con un loco que me dice “vos hiciste ese corto”. Nos pusimos a charlar, y terminé en Posesión infernal. No respires la escribí de la nada con una computadora en blanco y con Rodo (Sayagués) preguntándonos qué hacemos. Tenía cerradas muchas puertas porque le había dicho que no a todas las ofertas que habían venido de los estudios grandes. Y si decís muchos no se dan cuenta que no tenés ganas de ser un empleado o trabajar en proyectos tan grandes. Y escribimos No respires, la produjimos, la vendimos y eso te pone en otro nivel porque sos capaz de crear tus propias ideas y sacarlas adelante. Y encima la hicimos con menos de 10 millones de dólares y recaudó 160 millones en todo el mundo.

—Y eso permite una tercera película...

The Girl in the Spider Web, sale directamente del éxito de No respires porque es el mismo estudio el que me dice si me interesa. Ahí sentí que era el momento para pasar a un lienzo y una historia más grande y más presupuesto. Y además era salir del encierro de casas que era donde transcurrían las otras dos películas que era una casa y dos pasillos. Esto es otra historia. El trabajo trae el trabajo y en ese sentido me siento un poco outsider.

The Girl in the Spider's Web
Vea el trailer "La chica en la telaraña  sobre novela de la saga Milleniuim

—¿Y así es como te ven?

—Va cambiando. Se sabe que no soy alguien al que si le das un guion que está más o menos bien y le pagás, va a hacerlo. La gente allá no lo entiende pero hay algo uruguayo en eso de ser incorruptible. Acá hacer algo por la plata está muy mal visto y ese valor a mí me ha servido mucho. Y eso que ha habido épocas duras. Justo antes de No respires, estábamos viviendo con mi mujer en un apartamentito en Los Ángeles, mi primer hijo, Lucas, estaba por nacer y me quedaba plata para un mes de alquiler. Y en ese momento le estaba diciendo que no a películas por las que me pagaban un dineral pero que eran cosas que yo no quería hacer.

—¿Qué papel creés que jugó la suerte en tu carrera?

—Siempre hay algo de suerte porque hay mucha gente con mucha capacidad y muy trabajadora a la que las cosas no se le dan como esperan. Hay algo que se dice mucho que es que la suerte es el cruce de la oportunidad con la preparación. Y eso fue lo de Ataque de pánico. Eso me enorgullece mucho y más saliendo de Uruguay. Estoy convencido que en pocos países se podría haber hecho Ataque de pánico como se hizo.

Ataque de pánico
Vea "Ataque de pánico", el corto que llevó a Alvarez a Hollywood

—¿Por qué?

—Por todo el laburo que le puse en su momento y haberme desarrollado en suficientes áreas como para haber podido hacer cosas del sonido o todos los efectos especiales. Pero al mismo tiempo había un colectivo de gente muy apasionada por las cosas que no se estaban haciendo y querían hacerlas. Lo pudimos hacer con dos pesos. Me acuerdo de todo el mundo laburando o corriendo por la Plaza Independencia imaginándose que había un robot gigante. Había placer. Hoy, en Estados Unidos, si planteo hacer algo así, me van a decir “bueno, ¿cuánto me van a pagar?”. Se convirtió en el laburo y en el día a día. Fueron años muy lindos con gente muy creativa y hacíamos sin nada a cambio.

—¿Y vos seguís manteniendo aquella pasión?

—Me lo pregunto todos los días porque es lo más preciado. Hago el esfuerzo de intentar cuidarlo y nunca acostumbrarme. Pero, sí, hace ocho años que no hago otra cosa que pensar, escribir y hacer películas, y te terminás acostumbrando. He evolucionado hacia una profesionalización y se volvió mi oficio. Me considero de la clase obrera de Hollywood: mi laburo es hacer películas y no pienso mucho en la parte que soy un artista.

—¿Pensás que, por el camino que estás haciendo te vas cruzar con una película de Oscar?

—A quién no le copa. Pero lo que más me gustaba es traerle un Oscar a Uruguay, pero ya lo hizo Jorge Drexler. Así que no está entre mis ambiciones. Además si empezás a pensar en cómo conseguirlo vas a tomar las decisiones equivocadas. Si mañana pinta, de fiesta, pero mi ambición directa es mostrarte mi película y que te parta la cabeza. Esa ha sido desde Ataque de pánico a ahora mi principal meta. Y lo he venido consiguiendo, así que menos de eso lo considero un fracaso. No debería ser así pero es lo que mantiene las ganas de hacer.

—Hablando de Hollywood, está el movimiento #MeToo. Vos de alguna manera participaste de ese debate, saliendo en defensa de James Gunn, el director de Guardianes de la Galaxia, despedido por unos tuits bastante ofensivos...

—No lo conozco pero lo defendí porque hay algo muy bueno con ese movimiento pero a veces hay una cultura de tolerancia muy baja que ya trasciende todo. Él hizo unos chistes de muy mal gusto hace unos 10 años y que se haya quedado sin laburo, me pareció injusto. Me criticaron por decir eso pero yo lo veo como algo de la época de las listas negras de Hollywood. Y eso es muy peligroso y muchos estamos intentando que no se pase para ese lado. Eso no tiene nada que ver con #MeToo que es algo que está genial y que tenía que pasar: los hombres hemos hecho cosas muy malas que la sociedad ha tolerado por demasiado años. Está bueno que se ponga una regulación moral para que cierta gente con poder sepa que hay cosas que no se pueden hacer.

—Hace unos días murió tu papá, Luciano Alvarez. ¿Fue él quién te pasó el amor por el cine?

—Sin él no hay nada de todas las cosas que hice yo. De la manera en la que era tan apasionado por todo, te contagia eso. En un país donde es muy difícil a veces encontrar alguien que sea apasionado por otra cosa que no sea el fútbol, esa diferencia de ser tan apasionado por las películas me la transmitió a mi y a mis hermanos.

—¿Qué característica heredaste de él?

—Una cosa muy de mi viejo fue no dar por sentada ninguna historia de un héroe. Si en la escuela yo tenía que escribir algo de Artigas bien básico, él me decía “ojo, pero mirá que Artigas fue que en un momento la patria necesitaba ponerle cara a un prócer y se lo eligió entre varios”. O sea me hacía una revisión de la historia que cuando tenés ocho años no necesitás escuchar. Pero me enseñó a mirar las cosas desde otro punto de vista siempre y nunca aceptar lo que te dice una autoridad o no porque algo se haya escrito millones de veces tiene que ser cierto. Eso lo vas a encontrar en mis tres películas. En No respires, la gente me decía no sé por quién hinchar, quién es el bueno y eso es algo que siempre hacía mi viejo que siempre decía que aquel no es tan héroe, ni el otro tan canalla.

—Son esas cosas las que hacen que una historia sea original.

—Está en esas ideas. Lo que han tenido de diferentes mis películas es que el antagonista no es tan antagonista y los héroes no siempre son héroes y eso viene directamente de él.

—¿Aparece un banderín de Peñarol en La chica de la telaraña?

—Sí, claro que sí. No soy muy futbolero es más un homenaje a mi viejo y ahora es más necesario. Papá pudo ver la película que era lo más importante para mí: siempre quise que mi viejo estuviera orgulloso de mí.

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