Crítica

Del material que están hechas la vida y las obras maestras

"Roma",l a película de Cuarón llega hoy a Netflix pero acá se estrenó en cine y es una experiencia cinematográfica

Roma
Roma, una escena mágica en medio de una película bellamente realista

Hay que estar a favor de la democracia de las plataformas, se supone, pero cuando uno ve una película como Roma en un cine, se da cuenta que la experiencia de verla en la televisión, la tablet o el teléfono, es lo mismo que ver un Caravaggio en la reproducción satinada de un álbum de láminas. Nada se compara con la experiencia directa y en el caso de la nueva película de Cuarón —que hoy estrena Netflix pero que se exhibe hasta el 26 de diciembre en una de las nuevas salas de Cinemateca Uruguaya— eso sucede en un cine. Ahí es donde, siempre, ocure la magia.

Verla, en una pantalla así de grande y con un sonido así de fiel como el que ofrecen esos nuevos cines, es toda una experiencia. Y, conviene avisarlo pronto, Roma es una obra maestra del cine.

Después de dirigir la mejor Harry Potter (ya lo hemos dicho, es El príncipe de Azkaban) y uno de los grandes prodigios técnicos del cine moderno (Gravedad, que se llevó siete Oscar, dos para él), el mexicano apostó a un proyecto personal, cierto, pero no por eso menos espectacular.

Roma —que se llevó el Léon de Oro en Venecia, tiene tres nominaciones al Globo de Oro y tendrá varias al Oscar— retrata la infancia de Cuarón bien a comienzos de la década de 1970. Es una familia de clase media de cierta holgura con cuatro hermanos que viven en una suerte de fortaleza urbana protegida del exterior por un perro molesto y con asuntos digestivos y amparados por la protección maternal de Cleo (la debutante Yalitza Aparicio, una maravilla), una doméstica full time y todo terreno que cuida y da cariño a la cría. Los dueños de casa están en otra: enfrentan una separación que la madre encara como puede con la peor parte.

La historia que le importa a Cuarón, sin embargo, es la de Cleo, esa muchacha callada, que siempre está ahí pero que también sale, tiene un amor abandónico y debe sortear un episodio traumático. Es una película sobre la mujer en la que los hombres tienen el papel de villanos de reparto o son poco más que los detalles de un auto enorme e íncomodo o simple ignorancia fascista. Roma es una película femenina como también lo era Gravedad.

Esa parcialidad del guion, escrito por el propio director, queda clara desde la primera escena, con un plano secuencia que se demora y presenta el tema: el reflejo del agua que lava un patio y que se vuelve una ventana a un mundo exterior, del que Cleo tiene una versión empobrecida. El agua es un concepto presente en toda la película: representa el hogar y sus tareas, la calma de la lluvia y la peligrosidad del mar abierto.

Otros dos protagonistas importantes son esa casa con sus puertas que separan mundos pero no silencian disputas, su universo silencioso y esa Ciudad de México, ruidosa, llena de vida, pobre. En esos dos ambientes transcurre la mayor parte de la acción, hacen sentir su presencia y alojan la coreografía de vida de estos personajes.

También está presente un tiempo convulsionado de protestas políticas, estudiantiles y sociales que son vistas desde atrás de un vidrio o desde la fortaleza de una clase media atolondrada ante tanto sacudón, metafórico y real.

Roma no se parece a ninguna obra de Cuarón, ni siquiera Y tu mamá también, su anterior película mexicana. Aunque hay citas a Gravedad, por ejemplo (y un traje espacial casero marca las diferencias sociales que atiende la película), aquí parece ir por un naturalismo reproducido a través de la memoria. Consciente del porte que le da una película el travelling lateral (y eso lo enseñó Kubrick), utiliza el recurso para construir suspenso y desazón. En la escena de la playa es una maravilla lo que consigue con ese recursos.

El blanco y negro furioso y alguna escena (la del barrio pobre, por ejemplo) podrían estar dialogando con el cine más memorioso de Fellini.

La película incluye, conviene avisarlo, una de las escenas más terribles del cine que es a su vez, una de las grandes escenas del cine. Conviene no revelar cuál es, pero quédese tranquilo que se va a dar cuenta: el uso del sonido y el encuadre de un plano quieto es lo hace de ese momento, un momento estremecedor y único.

Así se filma la nostalgia, así se filma la vida. Cuarón recurrió apenas a eso para hacer su obra maestra.

Ficha
Roma * * * * *
OrigenMéxico/Estados Unidos, 2018
Dirección, guion, fotografíaAlfonso Cuarón
Estreno13 de diciembre en Cinemateca, hoy en Netflix.

Edición Cuarón y Adam Gough. Diseño de producción: Eugenio Caballero. Diseño de vestuario: Anna Terrazas.  Duración: 135 minutos. 

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