cine

Marcos Carnevale: "No quiero hacer cine para pocos"

El director argentino habla de El espejo de los otros, su película que se estrena hoy.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Esta es mi película más cruda, como un Purgatorio de Dante". Foto: La Nación / GDA.

En los días previos a un estreno, me estreso mucho", dice Marcos Carnevale, vía telefónica. "Creo que me es más fácil conseguir el dinero para filmar que toda esta parte". Lo dice parte en broma, parte en serio, pero sí que deben ser tiempos de ansiedad los que preceden al estreno argentino (y simultáneamente uruguayo) de El espejo de los otros, su nueva película. En esta película, el director de Elsa y Fred (la de China Zorrilla) y Corazón de León (la de Francella petiso), se lanza a un proyecto más personal en formato entre episódico coral que transcurre en un restorán de una sola mesa donde se desarrollan cuatro "últimas cenas", observadas por otros tres personajes, los dueños del lugar. El escenario, logrado mediante tecnología CGI, es una vieja catedral abandonada, sin techo y de dimensiones espectactulares donde transcurre casi toda la película.

El elenco es de superproducción e incluye a todas estrellas del cine argentino como Norma Aleandro, Graciela Borges, Leticia Bredice, Alfredo Casero, Pepe Cibrián, Mauricio Dayub, Luis Machin, Oscar Martínez, Ana María Picchio, Favio Posca, Carola Reyna, Marilina Ross y María Socas, Julieta Díaz y Javier de Narváez. Muchas de ellas (Norma Aleandro y Graciela Borges, las dos grandes actrices de cine argentinas) es la primera vez que trabajan juntas, uno de los tantos gustos que se dio Carnevale.

"El momento que más disfruto es cuando estoy solo con la página en blanco pensando la próxima película sin ningún humano adelante", dice a El País. Igual dice que en el set "es muy feliz" como en todas las etapas de una película. Cinéfilo, dice que intercambiaba cartas con Federico Fellini. Carnevale consigue hacer un cine popular pero con un sello de director. De eso también habló con El País.

—Sus películas son bastante distintas entre sí. ¿Qué tiene que tener un proyecto para seducirlo y qué tuvo El espejo de los otros en particular?

—Desde mi primera película, aunque es cierto que pegué algunos saltos cuánticos, trato de hacer un cine lo más humanista posible y basándome en películas que hablen de personas y personajes, más que de historias. Esta película me representa más que ninguna porque es literalmente un espejo en el que el espectador se siente identificado o reconoce un sentimiento y se ve reflejado. Esta película es una mirada a una gran variedad de bichos humanos que transita esta catedral loca en el medio de Buenos Aires que funciona como un restorán que tiene una mesa sola evocando, cada noche, una última cena.

—Esos espejos funcionan en cómo nos vemos nosotros o cómo nos ven los otros.

—Me gusta agarrar desprevenido al espectador. En Elsa y Fred la gente creía que iba a ver una historia de amor entre dos viejitos, pero en la película se daba cuenta que en realidad hablaba de no perder el tiempo y no correr el riesgo de llegar a los 80 y que no te ocurra. En Corazón de León también se iba a ver una película sobre una mujer que se enamoraba de un hombre bajo, pero después el espectador también terminaba juzgando porque te referías a él como el enanito, y también eras un poco enano en otras cosas.

—¿Y en El espejo de los otros cómo funciona eso?

—Es mi película más cruda, es medio un Purgatorio del Dante co donde están todos los monstruoso ahí tirados y está la mirada de un Gran Hermano.

—¿Por qué esa elección de una catedral vacía que es un restorán y que, además, podría ser visto como un set de Gran Hermano? Y que tiene una fuerte connotación religiosa.

—Tiene algo de bíblico y de místico todo esto. Quería un lugar que no fuera terrenal y que tuviera su magia. De movida, entrás en esa catedral y entrás en un mundo ajeno a cualquier cotidianeidad. Entrás un mundo algo dantesco. Igual es una gran catedral que no tiene techo, semidestruida y un poco lo que estoy contando es que hay un fin de los tiempos o el fin de un paradigma con el que entramos a una etapa en la que muchas cosas no funcionan más y valores humanos que ya están caducos que si no cambianos nos vamos al diablo. Pero esa catedral todavía tiene posibilidades de ser reconstruida, hay como una mirada optimista en la película.

—Son varias historias, ¿la pensó como una película coral?

—Son cuatro "últimas cenas" que empiezan y terminan, lo que le da algo de episódico a la película. Pero también está toda linqueada por la historia principal que es la mirada de estos tres personajes que interpretan Graciela Borges y Pepe Cibrián y el hijo de Graciela que es el chef, que es impactada por las otras cuatros historias.

—A pesar de que por el propio formato de la película no estaban todas en el set al mismo tiempo, ¿cómo fue lidiar con tanta estrella?

—Estoy bastante entrenado para eso. Yo trabajo con Suar y he dirigido a Francella, a Norma Aleandro, a Graciela...

—Pero esta vez es como el seleccionado: están todos juntos.

—Sí, es cierto, pero con casi todos ya había trabajado y somos amigos, lo que me dio la soltura, la libertad de soñar la historia y con quién quería trabajar. Son todos amigos pero, de pronto estoy armando situaciones que son muy importantes: que Graciela Borges y Norma Aleandro estén juntas por primera vez en una película, que Pepe Cibrián debute en cine o que Norma y Marilina Ross dignifiquen una relación lésbica como la que cuentan en la película.

—¿Vio alguna película antes de filmar El espejo de los otros?

—Son elementos inconscientes. He visto mucho cine a lo largo de mi vida y sí, hay cosas que me han impactado. Hay algunas grandilocuencias que tienen que ver con el cine de Fellini. Yo me escribía con Fellini y me influyó mucho —aunque no hago un cine parecido al de él—en cuanto a la libertad de soñar. Y Las alas del deseo de Wim Wenders me influyó mucho...

—Yo pensaba en Peter Greenaway...

—Ahí sí. Estéticamente sí. Ahí estuve mirando mucho El vientre del arquitecto y El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante. La película tiene una estética un poco teatral y eso Greenaway lo consigue muy bien.

—Usted hace un cine popular y a la vez mantiene un prestigio de cine de director.

—No me gusta hacer cine para pocos. Es muy triste ver una sala con poquísimos espectadores y una vitrina llena de premios. Mi referente es Juan José Campanella que sabe combinar un cine de calidad, de autor y al mismo tiempo popular.

—Usted trabaja mucho en televisión y hay una idea de que el cine estadounidense está pasando por un mal momento y la televisión está haciendo las mejores cosas. ¿Eso aplica a Argentina? Parecería ser al revés.

—En Argentina antes se hacía mejor televisión que ahora. Hoy está en un momento de transición hacia algo que no sé muy bien qué es. Quizás ahora haya un brillo más grande en lo que se hace en el cine, pero no diría si es mejor que la televisión.

—¿Qué le pareció la remake de Elsa y Fred?

—Fue muy emocionante pisar un set de Hollywood y ver a Shirley McLaine haciendo el papel de China y a Christopher Plummer en el de Manuel Alexaindre, y a Michael Radford dirigiendo o escuchar mis diálogos en inglés. Después de esa emoción vi una traslación de lo que hicimos a una emoción sajona quizás perdió un poquito de la fuerza. Era una película de esencia más latina y ellos la hicieron un poquito más fría. Y me sigue gustando más China que Shirley McLaine.

Un proyecto sobre la gran poeta uruguaya.

—Se lo ha vinculado a Juana de América, La verdadera historia de Juana de Ibarbourou una película basada en la novela de Diego Fisher, Al encuentro de las Tres Marías. ¿En qué etapa está ese proyecto?

—Estamos en conversaciones con tus compatriotas sobre la posibilidad de hacer una película sobre Juana. Eso sería para mí un enorme honor ya que sería retratar a esa mujer gigante. Hay algo dando vueltas por ahí con ese proyecto.

—Ya se está mencionando a un elenco con Natalia Oreiro, Leonardo Sbaraglia y Norma Aleandro y un posible estreno para mayo de 2017.

—Sí, es verdad. Pero por ahora está en un etapa de pre-pre-producción. Estamos buscando la financiación porque no es una película comercial como las que he hecho. Es más de corte cultural.

—¿Le seduce el personaje de Juana?

—Mucho. Me interesa su vida y me gusta su obra. Y además para mí es un honor que me inviten de un país vecino a contar la historia de un prócer como fue Juana de Ibarbourou.

Un hombre muy activo del cine y la televisión.

El espejo de los otros es el octavo largometraje dirigido por Marcos Carnevale, quien ha venido trabajando también como guionista, gerente de contenidos de Pol-ka, la productora de Adrián Suar, y director también de productos de televisión. Su primera película como director es Noche de ronda de 1997 y su éxito como guionista se distribuye en cine (escribió Esa maldita costilla y Papá es un ídolo, por ejemplo) y en televisión (escribió, entre otros, Malparida, Padre coraje y Amas de casa desesperadas). El espejo de los otros, que tiene un elenco que es un seleccionado del cine argentino y parece un proyecto muy personal del director, se estrena hoy en Uruguay en varias salas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados