¿Cómo es "Malcolm & Marie", la película con Zendaya que estrenó Netflix?

La protagonista de "Euphoria" y John David Washington, el actor de Tenet, protagonizan un drama en blanco y negro sobre el fin de una pareja

Malcolm & Marie
Malcolm & Marie

O sea, ¿este es el futuro del cine? Filmada en el verano boreal durante la pandemia, Malcolm & Marie apeló a un exclusivo dúo de estrellas y un escenario único como para cumplir con todos los protocolos necesarios durante el rodaje. El resultado es novedoso, limitante e insuficiente. Cine de burbuja.

La película, estrenada ayer en Netflix es, básicamente, una obra de teatro de un solo acto sobre la destrucción de una pareja. Está filmada en un blanco y negro bien contrastado y tiene un aspecto estilizado que refleja el status de sus protagonistas pero también su vacío emocional. Las tomas largas acentúan el tono teatral de la propuesta y permite un despliegue actoral de los importantes.

Así, el peso específico pasa exclusivamente por la presencia de sus dos intérpretes, Zendaya (la novia del Hombre Araña, la protagonista de Euphoria) y John David Washington (el hijo de Denzel; el de Tenet), dos de las estrellas del actual Hollywood. Son, por lejos, lo mejor de la película. Aunque por momentos su actuación parezca catártica y gritada un poco demás, eso viene con el tono nervioso que tiene Malcolm & Marie.

Zendaya y Washington son, precisamente, esos Marie y Malcolm, una pareja de millenials que está en crisis. Él es un director de cine que vuelve henchido de orgullo y narcisismo de la premier de su nueva película, que, por lo visto, le ha ganado elogios del tipo “el nuevo Spike Lee”. Al contrario, ella, flaquísima en su vestido de fiesta, no está del todo contenta: él no la incluyó en la larga lista de agradecimientos a pesar de que, quizás, la película está basada en su experiencia como adicta recuperada a las drogas.

Ese es el disparador de una serie de rounds de discusiones de pareja de las feas, donde empiezan a revelarse resentimientos y conflictos mal resueltos; se dicen cosas espantosas de esas que duelen mucho. También se está hablando de arte, del papel del creador, de sus musas, de directores y críticos de cine en una sucesión de monólogos y disputas maritales que, para los que no acepten el juego, podrían llegar a ser irritantes. Muy irritantes.

Alguien podría definir todo esto como un ¿Quién le teme a Virginia Woolf? en tiempos hipsters. Y podría tener razón. Hay algo de John Cassavetes, también, aunque el director que más se menciona es William Wyler, uno de los grandes del cine clásico americano quien acá no tiene nada que hacer.

Malcolm & Marie fue una de las primera películas en ser filmadas después de que se detuvieron, universalmente, los rodajes. Se rodó entre junio y julio, incluso antes de que protocolarizara esta clase de tareas. Los productores (entre los que están los propios Zendaya y Washington) armaron sus protocolos.

A pesar de eso, la historia no hace mención al evento global que nos aqueja, ubicando la acción en un tiempo indeterminado del pasado o de un futuro sin barbijos y con presentaciones masivas de películas. Los problemas de pareja no tienen tiempo.

Malcolm & Marie es una nueva colaboración entre Zendaya y Sam Levinson, que es el creador de la serie Euphoria. Y a pesar de que en el centro de la historia hay un director afroestadounidense, en realidad está escrita y dirigida por Levinson, que es caucásico e hijo del director Barry Levinson (el de Buenos días, Vietnam; Rain Man).

Lo que más le interesa, por lo visto, es hacer alarde de un esteticismo de travellings y encuadres que no por ser vistosos aportan hondura dramática. Es, en ese sentido, una película exhibicionista a la que le encanta mostrar sus posibilidades visuales, en algunos casos innecesariamente.

Esa autoconciencia se extiende a las críticas a la crítica cinematográfica, que amaga en algún momento a generar una interesante metalectura sobre el propio film. Toda una trama ronda lo que puede decir de la película una crítica (blanca) del Los Angeles Times, sobre la que Malcolm tiene una idea formada incluso cuando lo elogia.

Queda claro que a Levinson, con esa clase de bravuconadas, no le interesa qué va a decir la crítica de su propia película. En general, por las dudas, los críticos no han sido muy proclives a estos soliloquios filmados con ojo publicitario y moderno. O sea insustancial.

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