Crítica

El magnate más malo del mundo

Christopher Plummer es una de las tantas cosas buenas de "Todo el dinero del mundo"

Christopher Plummer en "All the money in the world"
Christopher Plummer en "All the money in the world"

"Los Getty no somos como todo el mundo”, dice John Paul Getty III, heredero de una de las fortunas más grandes de la historia de la humanidad el ecomienzo de Todo el dinero del mundo. Y eso es indiscutible. Es el nieto de John Paul Getty (Chistopher Plummer), un hombre de negocios que se hizo multimillonario con el petróleo y vive en Roma y en terrenos que alguna vez habitó el emperador Adriano. Tiene un poder que parece venir de ese linaje. Una toma final (que refiere a una similar en El Ciudadano) ubica su busto entre los de emperadores de otros tiempos pero con los mismos privilegios. Y quizás los mismos defectos.

Getty, al igual que el Charles Foster Kane de Welles o el Rico McPato de Disney es un magnate avaro, un villano de una sola pieza capaz de gastar una millonada en un cuadro pero incapaz de mover un dedo por su nieto secuestrado. La película está basada en un caso real ocurrido en 1973, aunque se toma algunas libertades, exagera algunas participaciones y disimula contradicciones.

Es la historia del secuestro de Getty III (Charlie Plummer, que no tiene relación con Christopher Plummer) por parte de unos ladrones de poca monta que lo terminaron vendiendo a la mafia calabresa. Al no conseguir el rescate, le cortaron una oreja que enviaron a la familia, en uno de los grandes eventos de la crónica roja de su época. Ni eso consigue conmover al abuelo por lo que es su madre (una Michelle Williams intensa) la que hace todo el trabajo. La ayuda con pericia discutible uno de los empleados de la empresa familiar (Mark Wahlberg, que parece sacado de otra película).

La película está dividida en dos. Por un lado está la historia policial de época, con secuestradores impiadosos (menos uno interpretado por Romain Duris) y policías italianos bastante torpes. Junto a eso va la historia de esa madre desesperada, obligada a regatear por la vida de uno de los muchachos más ricos del mundo.

La película —que trancurre en la Roma de 1973 y comienza con un blanco y negro que es claramente una cita a La dolce vita de Fellini y hay citas a la arquitectura de El conformista de Bertolucci— está armada como un thriller que tiene un aire a la década de 1970, cuando esta clase de películas se hacían con una grandeza que ya no existe. Escenarios y personajes secundarios tienen parientes en películas como Contacto en Francia, por ejemplo.

Ridley Scott está a la altura de la circunstancia. Uno de los grandes directores mainstream con una carrera que sabe de altos (Alien, el octavo pasajero; Blade Runner; Thelma & Louise; La caída del halcón negro; quizás Gangster americano), términos medios (Gladiador, Prometheus) y cosas francamente olvidables (Cruzada, Robin Hood). Todo el dinero del mundo es de sus buenas películas. Scott es un narrador vistoso.

Finalmente, está toda la cuestión de Christopher Plummer sustituyendo a última hora al defenestrado Kevin Spacey. Plummer tiene la edad de su personaje y habría que ver cómo iba a estar Spacey con su maquillaje y sus prótesis. Lo cierto es que el inglés consigue una actuación soberbia; había sido la primera opción de Scott.

Su presencia es uno de las tantas buenas cosas que tiene esta película entretenida, tan bien contada, tan bien presentada.

Ficha
Todo el dinero del mundo (* * * *)
Título originalAll the Money in the World
Duración132 minutos
Estreno18 de enero

Estados Unidos/Reino Unido, 2018. Dirigida por Ridley Scott. Escrita por David Scarpa sobre libro de John Pearson. Fotografía: Dariusz Wolski. Música: Daniel Pemberton. Edición: Claire Simpson-eatro Solís. Diseño de producción: Arthur Max. Con: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Timothy Hutton, Charlie Plummer.

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