crítica

Maestro en plena forma para el teatro

Podrá parecer que están hablando de muchas cosas y ocurrir en distinos tiempos y lugares, pero en general, las películas de Roman Polanski hablan del tema favorito del director polaco: Roman Polanski.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Seigner y Almaric, musa y director en relación rara.

Eso es más o menos evidente por nombrar algunas recientes en el primer ministro británico que teme ser extraditado (El escritor oculto, su mejor película en muchos años), o en El pianista sobre su experiencia en el gueto de Varsovia.

Y está explícito en La piel de Venus, su última película (es de 2013) en la que visita, a través de una obra de teatro y con una puesta en escena teatral, el clásico de Sacher-Masoch. Su anterior película, A un Dios salvaje, también era básicamente una adaptación más teatral que cinematográfica de un éxito de las tablas.

Acá cuenta la relación entre un director de teatro (Mathieu Almaric, cuyo parecido con Polanski hace todo medio ominoso) que está haciendo un casting para el personaje de Vanda en su puesta de La piel de Venus. A última hora y salida de una tormenta recibe una aspirante (Emmanuelle Seigner, que es la esposa de Polanski, hablando de autorreferencias) que empieza a inquietarlo.

Parece, sin embargo, la mujer ideal para el papel, y seducido el director se deja llevar por un inquietante juego de dominación.

Todo le sirve a Polanski para bucear en algunos temas también centrales de su carrera. Una locación opresiva, el vínculo dominante de una pareja, la infidelidad, el poder de la seducción, la posibilidad de lo maligno. Lo hace en un escenario preparado para una versión teatral de La diligencia, lo que debe ser tomado como un chiste cinéfilo. También reflexiona sobre el papel del artista y el adaptador.

Se limita a que los actores (ambos están muy bien) hagan lo suyo y apenas usa la cámara para enredarse en algunas situaciones. Sin embargo, hay una distancia, demasiado fría, con lo que se ve y, quizás de la mitad para adelante, todo empiece a perder algo de fuerza.

Pero en sus mejores momentos es un buen Polanski porque siempre se puede rastrear algo de su viejo espíritu. Cada vez lo raciona más, eso es cierto.

La piel de Venus está lejos de ser lo mejor del director (sería, digamos, Repulsión, El bebé de Rosemary, Barrio chino) pero a los 80 años aún es un hombre con cosas para decir sobre el mundo que le tocó vivir y, por encima de todo, sobre sí mismo. La piel de Venus parece una personal terapia de pareja, pero Polanski siempre fue generoso en compartir sus problemas.

La piel de Venus [***]

Origen: Francia, Polonia, 2013. Título original: La Vénus à la fourrure. Director: Roman Polanski. Guión: David Ives y Roman Polanski sobre obra de teatro de Ives basada en la novela de Leopold von Sacher-Masoch. Fotografía: Pawel Edelman. Música: Alexandre Desplat. Dirección de arte: Bruno Via. Vestuario: Dina Collin. Con: Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner. Duración: 96 minutos. Estreno: 9 de diciembre.

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