Clase magistral

Un maestro del cine que habla sobre su arte

David Cronenberg fue homenajeado en el Festival de Venecia

David Cronenberg. Foto: EFE
David Cronenberg. Foto: EFE

El pequeño David Cronenberg tenía una cita semanal con la aventura. Cada sábado, acudía con otros niños del barrio al cine Pylon, a descubrir vaqueros y piratas. Un día, al salir, miró al otro lado de la calle. Vio otra sala y espectadores como él. Pero eran adultos y lloraban. Así que se acercó para entender qué provocaba aquella reacción. Halló la respuesta en el cartel: La Strada, de Federico Fellini. “Me hizo entender que el cine podía ser arte, no solo diversión. Aunque tardé mucho en creer que yo también podría hacerlo”, recordaba este miércoles el canadiense. Se le dio estupendamente: la prueba está en el León de Oro a la carrera que le entregó el festival de Venecia, y en los asistentes que recibieron de pie la clase magistral que ofreció en La Mostra.

Tras la cámara, Cronenberg es un maestro en generar incomodidad en el espectador. Sangre, provocación, angustia y secretos son elementos recurrentes en su cine, de Una historia de violencia a La mosca. Pero, sentado ante el público, hizo sentir a todos como en casa. Risueño y entregado, sorprendió también con el centro de su debate. Cuando le preguntaron de qué querría hablar, respondió que no le interesaba repasar sus películas. Prefería reflexionar sobre el futuro del séptimo arte y sus cambios. La palabra que más repitió fue “Netflix”. Tanto que bromeó: “Deberían ficharme como ejecutivo. Además, hace bastante que no trabajo”.

Al fin y al cabo, el creador de Crash y Pacto de amor siempre ha mirado más allá del horizonte establecido. A sus 75 años, por lo visto, no ha dejado de hacerlo. “La pregunta interesante es: ‘¿Una película realizada para Netflix es cine?’. En la producción, sí. Cuando sale, se convierte en otra cosa. Puede que no llegue a la gran pantalla, pero irá en un solo día a 190 países. Nunca había ocurrido antes y ya nada será igual”, aseveró.

Lejos del integrismo, abrió incluso a la posibilidad de ver las películas en los celulares, o formatos aún más pequeños. Aunque matizó con ironía: “'Lawrence de Arabia' en un reloj debe de ser bastante distinto”.

Pero él mismo experimentó una parte de esta revolución. Vio La forma del agua, la obra de Guillermo del Toro que ganó La Mostra el año pasado, en Blu-ray, en el enorme televisor de su salón. Tiempo después, repitió, en sala. “Por la calidad de la imagen, tuve una experiencia mejor en casa, lo admito”, dijo. Reconoció que se puede perder la experiencia “casi religiosa” de un colectivo de desconocidos atrapado en un cine, aunque encontró una rápida solución: “Los invito a todos a ver películas en mi casa en Toronto”. Hasta dio la dirección exacta. Hay que saber cuántos la apuntaron.

“Netflix tiene implicaciones enormes que aún no se conocen. Están dispuestos a producir películas en cualquier lado del mundo. Además, para promocionarlas, nunca mencionan al director o los actores. Enseñan un trozo, de qué se trata, el tono. Es el producto que debe atraer; a veces no sabes ni la lengua en que está rodada”, agregó. Célebre por las series, la compañía llevó hasta La Mostra un despliegue fílmico poderoso, liderado por Roma, de Alfonso Cuarón, ganadora del León de Oro de este año.

Cronenberg, en cambio, se plantea el camino opuesto: dirigir una serie. “Las que duran años son parecidas a las novelas. Vives con los personajes. Y te permite profundizar en aspectos que el cine impide”, defendió en la charla.

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