Entrevista

Madre al borde de un ataque de nervios

Hoy llega Tully, con Charlize Theron como una mamá que se las ve complicada con sus tres hijos

Charlize Theron en "Tully"
Charlize Theron en "Tully"

Para Charlize Theron, actuar significa ir más allá del guion. Y no la atemoriza subvertir las nociones tradicionales de belleza para entrar en personaje: usar maquillaje deformante y dientes podridos para interpretar a la asesina en serie Aileen Wuornos en Monster, asesina en serie (y ganar un Oscar); mostrar musculatura y afeitarse la cabeza para ser Furiosa, la guerrera manca en Mad Max: Furia en el camino; y ponerle tanta pasión a un combate mano a mano durante el rodaje de Atómica como para terminar lastimándose las costillas y con los dientes rotos.

Así que no estuvo dispuesta a ponerse un disfraz que la engordara para Tully, su segunda colaboración con el director Jason Reitman y la guionista Diablo Cody.

Para la película, que se estrena hoy en Uruguay, Theron aumentó cerca de 25 kilos para ser Marlo, una agobiada madre de tres (incluyendo un bebé) que, sin mucho entusiasmo acepta el regalo de su hermano millonario de una niñera nocturna, Tully (Mackenzie Davis).

Tully
Vea el tráiler de "Tully", la película para la que Charlize Theron aumentó 25 kilos

Pero fue la experiencia de Theron con sus hijos adoptados —un varón, Jackson, de seis años, y una nena, August, de dos— lo que más la ayudó.

“Solo recuerdo que mi cuerpo y mi cerebro no estaban realmente en la misma página”, dice. “Ese período, especialmente los primeros dos meses, consume tanto que tenés esos pequeños momentos cuando te das cuenta cuán lejos te presionás para asegurarte que esa cosita siga viva”.

En una entrevista telefónica desde Los Ángeles, Theron, que tiene 42 años, habla de su transformación en la pantalla, las demandas de la maternidad y su lucha por los derechos de las mujeres en la industria del cine.

—¿Diablo Cody escribió este papel pensando en vos?

—No creo que Diablo escriba así. Creo que escribir para ella es muy terapéutico, acababa de tener su tercer hijo, y se sentó en un escritorio para escribir lo que estaba sintiendo porque es avasallante y el guion como que le fluyó solo.

—¿Qué edad tenían tus hijos cuando leíste el libreto por primera vez?

—Mi segundo hijo tenía seis o siete meses, así que yo estaba saliendo de ese túnel donde uno se siente superado y por ahí vi un poco de luz.

—¿Era necesaria esa transformación física?

—No sé cómo interpretar a una mujer que acaba de parir a su tercer hijo y debe vivir con ese cuerpo sin hacer esa clase de cosas. Jason me conoce y sabe cómo trabajo y cómo es mi proceso, y los dos sabíamos que eso iba a ser así. Para mí, es una manera de acercarme al personaje y tratar de sentir tanto como pueda.

—Y eso te ayudó a entrar en el estado emocional de Marlo.

—Bueno, pensaba que tenía que empezar con la transformación física para entonces poder trabajar en su interior. Y lo que me terminó sucediendo fue bastante parecido al personaje y, pienso, a muchas mujeres. Realmente afecta tu humor y tu cerebro cuando estás alimentándote con comida procesada y azúcar. Y por primera vez en mi vida, me metí en una verdaderamente profunda depresión.

—Tenés la paternidad compartida con tu madre, Gerda.

—Sí, vive a unas cuadras de casa y está muy involucrada en la vida de mis niños. Y es una relación muy diferente a la relación que yo tengo con ellos. Es una relación sobre la que no hablemos o valoramos lo suficiente. Estamos tan restringidos en nuestros pensamientos de una madre y un padre y de cómo debe ser una familia que negamos cualquier otro tipo de relación como un padre, un abuelo y un niño, un nieto.

—Cambiando de tema, ¿algo para decir sobre #MeToo y tus propias experiencias con el acoso sexual?

—Definitivamente me sentí débil en ciertas situaciones por el poder que algunos hombres en mi carrera han ubicado en el espacio en que tenía que trabajar. O incluso antes de trabajar, al intentar conseguir un trabajo o salir de una audición sintiendo cosas como “Oh, OK, entiendo. Me estás haciendo saber quién manda en la oficina, y mi dignidad quizás no sea tan importante en ese momento”. Siento que hay algo de este movimiento que llegó para quedarse y no habrá marcha atrás. Me hubiera gustado que esto hubiera estado hace 20 años cuando empecé. Me hubiera gustado que existiera una manera de hablar de estas cosas sin ser juzgada o sentirte avergonzada, o incluso que te creyeran.

—Exigiste y conseguiste el mismo salario que Chris Hemsworth in El cazador y la reina del hielo.

—Tuve que plantarme y decir, “Miren si vamos a hacer otra película, vamos a tener que hacerla justa”. El problema es que yo sé que no soy representativa en mi industria, y lo que yo puedo hacer no es necesariamente lo que toda mujer puede hacer. Otras podrían tener familia que hay que alimentar y el miedo de ser remplazadas, no les deja opción. Es a esas mujeres a las que quiero ayudar. Y es ahí donde hay que cambiar las cosas.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Te recomendamos
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)