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Mad Men: fantasmas en la máquina

Quizás el secreto del éxito de una serie como Mad Men esté en su logrado afán de representar el final de una era —de hecho, ese es el subtítulo de esta segunda parte de la séptima temporada— que, a pesar de su machismo alcoholizado, algunos ven como ideal.

Un tiempo en que los hombres eran más libres y las mujeres ganaban espacio. En ese sentido, los hombres de la serie insisten en mantener, a base de rituales obsoletos, la última esperanza masculina en un orden que se va extinguiendo. Don Draper, Roger Sterling y todos sus secuaces son, así, los únicos héroes en pie de una generación condenada a ser la última de su especie.

En la muestra sobre la serie que el propio productor, Matthew Weiner, curó para el Museum of the Moving Image (el Museo de la Imagen en Movimiento, en Queens, New York, a unos 20 minutos de Manhattan) eso queda más que claro. El despacho de Draper, la cocina que compartía cuando estaba casado con Betty, ambos reconstruidos con precisión museísitica, son dioramas de un mundo perdido. Las botellas de Beefeater y Smirnoff están allí en el barcito de Draper y está ese sillón donde tantas veces lo vimos echarse una siesta como esperando. Nadie vendrá: Mad Men es una historia sobre fantasmas de un tiempo ya ido. Un tiempo que se ve a través de un vidrio.

La muestra —que va hasta el 14 de junio y que si usted es un fanático de la serie que va andar por aquellos lados, no puede y no debe dejar de ver— incluye además, una reproducción de la sala en la que el equipo de Weiner trabaja en los capítulos de la serie, una bibliografía y una filmografía básica en las que se inspiró, vestuarios, objetos creados para la serie (las tarjetas personales de cada personaje, por ejemplo, o la cajilla de esos American Spirit que se fuman sin parar) y una serie de clips que cualquiera que vea la serie solo puede mirar con emoción. La serie está plagada de grandes momentos.

Y recorrer la exposición, titulada Matthew Weiners Mad Men es entender cómo, después de todo, la serie (considerada una de las mejores de todos los tiempos por su historia y la excelencia de su producción) no es más que la crónica del final del sueño americano. Weiner ha dicho que la serie (con su aire a John Cheever confirmado por una preciosa cita al comienzo de la exposición), no es necesariamente sobre el mundo de la publicidad, aunque transcurra allí, sino sobre los conflictos humanos de cualquier ecosistema.

La exposición en Queens coincide con el lanzamiento de la temporada final de la serie cuyo primer capítulo se estrenó el domingo en Estados Unidos y en Uruguay ya se puede ver por HBO (se repite hoy a las 20:20, mañana jueves a las 19:00 y el domingo 13 a las 10 de la mañana). Termina el 17 de mayo.

Mad Men no sólo fue siguiendo a un grupo de publicistas a lo largo de los 60 (la parte final de esta temporada transcurre en 1970), con sus idas y venidas personales, familiares y económicas, sino que fue un resumen de una década que algunos aún llaman prodigiosa pero que otros la padecieron.

El grupo está liderado por Don Draper (un papel que estaba obligado a hacer de Jon Hamm una estrella), un hombre con un pasado complicado (en realidad se llama Dick Whitman; es hijo de una prostituta y robó la identidad de un soldado muerto a su lado en la guerra); un presente exitoso pero complicado (se separó dos veces, tiene dos hijos, su primera exmujer lo odia) y un futuro millonario, pero igual de complicado como el de cualquiera que ve su vida en retrospectiva mientras el mundo se cae a su alrededor.

Alrededor de él andan, principalmente, la timorata y laboriosa Peggy Olson (Elisabeth Moss), el donjuanesco Roger (John Slattery), la voluptuosa Joan (Christina Hendricks) y el ambicioso Pete Campbell (Vincent Kartheiser), entre otros contertulios de una agencia de publicidad donde el día empieza con una reunión con vodka y cigarros, ingredientes imprescindibles de la dieta básica del lugar. El nombre Mad Men viene de un juego de palabras con Madison Avenue, donde están las agencias de publicidad en Nueva York y Mad ("loco"). La acción comienza en una agencia ficticia Sterling & Cooper, pero en toda la historia se mencionan hitos reales de la publicidad y la historia estadounidenses.

La idea de ese mundo fantasmal es clara en el primer capítulo de esta temporada final, "Severance". Draper vive rodeado de amantes ocasionales pero es cuando sueña con una de sus primeros amores (de la primera temporada) y se entera de que murió que empieza a caer en una melancolía que, todo indica, lo consumirá por toda la temporada.

Peggy, que es el otro personaje central de la historia, también es conciente de que ya no es la misma que aquella de hace ya ocho años. Conoce las herramientas para vivir en un mundo masculino (una lección que Joan aún no aprendió como se ve en una gran escena de ambas en un ascensor tras ser vapuleadas por unos varones poco cordiales), pero a su vez añora el sueño adolescente de irse a París y perderse. La tentación de empezar de nuevo, como Don hizo cuando mató a aquel que fue y se convirtió en este hombre exitoso, es una constante en toda la serie. En el primer episodio, no aparecen Betty, la exesposa, ni Sally, su hija adolescente.

Weiner ideó Mad Men en 2000 pero demoró su concreción hasta después de trabajar como guionista de Los Sopranos, un puesto que consiguió cuando David Chase, el productor, leyó precisamente aquel guión. El primer programa se emitió en julio de 2007 por la cadena de cable AMC (la misma de Breaking Bad) y desde entonces ha ganado, entre otros premios, 15 Emmy y cuatro Globos de Oro. Ya han pasado ocho años, qué locura.

Los personajes de Mad Men son unos cretinos, sí, pero cuando uno recorre esa muestra en el Museo de Imagen en Movimiento se da cuenta que se los va a extrañar. Nada mal para un grupo de publicistas alcoholizados y con olor a cigarro.

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¿Por dónde había quedado la serie?


La primera mitad de la séptima temporada de Mad Men terminó en un momento histórico: todos los personajes, con sus propios dramas, veían en vivo y en directo el alunizaje de Neil Armstrong. Habían pasado muchas cosas (y si usted aún no llegó hasta ahí mejor no lea más): Don Draper perdió el empleo, se volvió a divorciar cuando la bella Megan decidió quedarse en Los Angeles y, tras la muerte de Bert Cooper, uno de los socios fundadores de Sterling & Cooper volvió a la agencia que, por esas cosas de la publicidad, ahora es parte de McCann Erickson. La última escena mostraba a Don Draper viendo al fantasma de Bert bailar "The Best Things in Life are Free", mientras se recuesta en su sillón y se pone a llorar. Ese tono melancólico está presente en el primer capítulo de la serie, con otros fantasmas atormentando al cínico publicista que interpreta Jon Hamm.

OTROS PERSONAJES DE UNA ÉPOCA OLVIDADA


Peggy Olson - Creativa.


El personaje interpretado por Elisabeth Moss, es el otro pilar de la historia. Empezó como secretaria de Draper y fue ascendiendo en la empresa a pesar del desprecio inicial por ser mujer. Es un personaje fuerte e interesante.

Roger Sterling - Socio.


Interpretado con elegancia por John Slattery, Roger es un bon vivant dedicado a seducir mujeres y clientes y a preparar tragos. En la nueva temporada luce un bigote muy poco afortunado.

Betty Francis - Ex esposa.


La primera esposa de Draper, se volvió a casar con un político y tuvo un hijo. Es una víctima atrapada entre dos mundos: el de la familia y el de un tiempo que no para de cambiar. Aún no apareció en esta temporada.

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