Un clásico olvidado

Lobo, el papel de Jack Nicholson del que pocos se acuerdan

A menudo vista como una película menor del actor, vista hoy la película que Mike Nichols estrenó en 1964 es una comedia de horror con Nicholson aullándole a la luna llena en el Central Park

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Jack Nicholson como el hombre lobo bueno

Seguramente, Jack Nicholson sea el más grande actor de una generación llena de grandes actores.Ese es un mérito que logró combinando buenas películas, personajes e interesantes y carisma de estrella. Le bastó solo una década (la de 1960) para ascender de la B de Roger Corman y las exploitation movies a la primera división de Roman Polanski. Su rango de papeles no parece de antemano demasiado amplio pero aportó todos los detalles atractivos de personajes clásicos como el Buduski de El último deber, JJ Gites en Barrio chino, McMurphy de Atrapado sin salida (por el que ganó uno de sus tres Oscar), el Guasón, Hoffa, Frank Costello en Infiltrados o el señor Schimdt de Las confesiones del Sr. Schmidt. También fue Eugene O’Neill en Reds, al servicio de su compinche de juergas, Warren Beatty ypresidente de Estados Unidos lidiando con una invasión extraterrestre en Marte ataca.

Y, claro que fue Jack Torrance, el psicótico sereno de un hotel abandonado que amenaza con un hacha y una cara demente importante a su esposa y su hijo en El Resplandor de Stanley Kubirck. Ese papel fue la excusa perfecta para soltar todo el histrionismo y para cimentar su prestigio de actor tirando a loco pero talentoso. Uno de sus mejores personajes, de hecho, fue él mismo aportando su presencia de lentes negros y sonrisa picarona.

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Todo bien, cualquiera de esos personajes, incluyendo el suyo propio deben estar en el salón de la fama personal que uno tenga de Nicholson, pero si me apuran yo voto por su Will Randall en Lobo, película injustamente ninguneada de Mike Nichols.

Es cierto que vista hoy es un poco cutre en su estética de adultez noventera, que el maquillaje de Rick Baker quedó superado por efectos especiales más digitales, que el guión tiene sus inconsistencias y que la decisión de recurrir a la cámara lenta en la escena final es, por lo menos discutible. Todos nos podemos equivocar.

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Pero, también, es una película capaz de manejarse entre la comedia y la película de horror y a la vez reflexionar, una costumbre de Nichols, sobre hacia dónde nos llevan los cambios. En ese sentido, Loboes también una de esas comedias tirando a tristonas que hicieron grande a Nichols. En se sentido acá también rumbea para la ironía final que han estado siempre en su cine. El ejemplo más mencionado es el final ¿feliz? de El graduado o el menos mencionado largo zoom out final de la desencantada Secretaria ejecutiva, otra de sus grandes películas.

En Lobo Randall, el personaje de Nicholson es un editor de Nueva York que volviendo a casa en una noche de luna llena atropella a un lobo. Es raro, no sólo porque ahí no es zona de cánidos sino porque Randall empieza a transformarse en un hombre lobo. Los primeros síntomas son, por lo visto, agudizar su oído y nariz (lo del olfato es particularmente molesto) y redescubrir una libido olvidada. En plena metamorfosis (¿puede haber una coincidencia tan fatal?) se entera que su protegido en el trabajo se le quedó con el empleo y la mujer. En compensación se cruza con Michelle Pfeiffer quien le acompaña en el proceso. Hay un crimen del que es principal sospechoso, un romance raro y un par de policías bastante ineptos. Algunas escenas son decidadamente de comedia.

Y, la razón de estas líneas, es un gran papel de Nicholson, quien claramente, estaba comprometido con la causa. La película está armada básicamente en base a primeros planos de Nicholson quien debe hacer de buen marido, ejecutivo serio y amenazado, hombre desesperado y compinche enamorado y además de hombre lobo: está muy bien todo el despliegue de gestos lobeznos que tiene que hacer incluyendo aullar a la luna en pleno Central Park. Su actuación está llena de recursos y lo obliga a pasar por diferentes estados de ánimo de su personaje que, además, es un tipo encantador involucrado en una situación espantosa.

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