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"El legado del diablo" perturba y llega en la ola del nuevo horror de autor

Se estrenó en Uruguay una de las película más aclamadas del año

Tráiler de "El legado del diablo"
Tráiler de "El legado del diablo"

Ari Aster no tiene una presencia que de miedo. Casi lo contrario. El director parece ser un treintañero muy simpático. Su baja estatura, los lentes más grandes que su rostro y una vestimenta que uno asociaría más con un ingeniero de Silicon Valley que con un cineasta de Hollywood, hacen de Aster un sapo de otro pozo.

Y ese sapo, tan agradable que parece, filmó El legado del diablo, un perturbador drama de horror que causó revuelo dentro del cine anglosajón desde su estreno en enero en el Festival de Cine de Sundance. Desde ayer, se puede ver en cines uruguayos.

El legado del diablo, cuyo título original es Hereditary, cuenta el duelo de una familia. Sus protagonistas son el matrimonio Graham y sus dos hijos adolescentes. Al comienzo de la historia, Annie Graham (Toni Collete), una artista que diseña miniaturas, entierra a su madre Ellen, cuya muerte desencadena dolor, resentimiento e incertidumbre en Annie y los suyos. La ausencia de la abuela también destapa secretos. Secretos horripilantes.
Aster es un director recién llegado. Sus cortometrajes le ganaron una oportunidad con el estudio y compañía de distribución A24 (responsable de Lady Bird y Luz de luna, entre otras) y el momento no podía ser mejor. Porque El legado del diablo no solo es una buena película, sino una buena película de horror que llega a Uruguay como una apuesta renovada dentro del género.

Las nominaciones y el premio obtenido por ¡Huye! en la última edición de los Oscar no solo daban cuenta de una Academia más abierta a historias de una mayor diversidad racial, sino también una mayor apertura hacia historias fuera del drama, el favorito de los galardones. Hubo más amor para la fantasía (La forma del agua fue la gran ganadora) y el terror, cuyo último representante en los galardones había sido El cisne negro, de Darren Aronofsky.

Y si bien el terror es una presencia constante, prolífica y taquillera dentro de la cartelera -incluso en Uruguay, donde no hay un mes sin un estreno hecho para asustar-, El legado del diablo, al igual que ¡Huye!, es la última producción dentro de un esquema bautizado como “horror de autor”.
Sin desmerecer la labor creativa de directores como James Wan o el productor Jason Blum, el horror de autor ha sido la forma en que estudios como A24 encontraron para promocionar obras como Te sigue y La bruja, Under the skin, It comes at night y la película de Aster.

En esos casos, y en otros como la australiana The Babadook e incluso hasta lo último de Arrofonsky -madre!-, hay modelos que se repiten.

A nivel de producción, películas como "El legado del diablo" no cuentan con un presupuesto elevado -una película como "El conjuro" tuvo un costo de 20 millones de dólares y la producción de Aster apenas salió la mitad- ni tampoco estrellas de un calibre suficiente como para arrastrar a su propio público.

El horror de autor también se distingue por su narrativa. Contiene historias que no necesitan de asesinos imparables capaces de volver por secuelas infinitas o recursos audiovisuales repetitivos como las cámaras hogareñas que retratan a toda la saga Actividad Paranormal.

Se da lugar, en cambio, a historias íntimas en las que lo sobrenatural tiene un pie en lo emocional y en lo humano, un aspecto que se corrompe por agentes terrenales desprendidos de fenómenos sociales como la religión o el espiritismo.

Si bien es cierto que varias de estas películas recientes aluden a los grandes hitos del género del pasado -con El excorcista, El resplandor y El bebe de Rosemary como una “santa trinidad” para las nuevas voces del horror-, también han ayudado a revalorizar el género no solo con relatos compuestos por buenos sustos, sino también buenas historias.
El legado del diablo cumple con ambos aspectos.

El legado del diablo
Vea el tráiler de "El legado del diablo"

En una entrevista reciente, Aster contó que mientras buscaba la financiación para su película, trató de promocionar al proyecto no como una película de terror, sino que la describió como una tragedia familiar que lentamente se convierte en una pesadilla. “De la misma forma que la vida real puede parecerse a una pesadilla cuando el desastre aparece sin aviso”, dijo.

En ese sentido, Aster no miente. Terminar de ver El legado del diablo se siente como despertar de una pesadilla. Y a su vez, querer volver a experimentarla. Porque mientras algunos componentes familiares del horror dicen presente (hay fantasmas, insectos y elementos del gore), Aster se guarda unos cuantos trucos para mantener la mirada bien abierta y los nervios a flor de piel.

Hace unos meses, Un lugar en silencio (otro éxito del género, aunque de un perfil más popular) generaba un silencio inquietante en las salas. El legado del diablo apela a algo similar y deja una sensación de temor en la piel que tarde en irse. Es un trago amargo, pero uno recomendable.

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