El documental sobre el artista es brillante e igual de desgarrador

Kurt Cobain y la reconstrucción de una vida dolorosa

Montage of heck ha generado sensaciones dispares entre quienes la han visto. Parte de la audiencia ha manifestado que la considera una obra definitiva, y otra parte le atribuye errores de realización a su director Brett Morgen. Para quien escribe, nadie podrá hacer un mejor retrato de la vida de Kurt Cobain.

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Al terminar de ver el documental, que en Uruguay fue proyectado durante cinco días por Movie entre mayo y junio (se puede comprar en Amazon a US$ 22,48, el DVD y el Blu-Ray), el espectador siente que conoció como nunca pensó hacerlo al ícono rockero de la década de 1990. Eso implica dolor, estupefacción y, por momentos, espanto.

Morgen se internó en el universo Cobain, inspeccionó en todas las cajas que había guardado su mujer Courtney Love con sus pertenencias, y comprendió en profundidad los detalles de una mente perturbada. Los primeros pensamientos suicidas de quien fuera el líder de Nirvana se remontan a su temprana adolescencia, y se reflejan en sus composiciones, sean canciones, apuntes o cuadros.

El nombre de la película, Montage of heck ("Montaje del infierno"), es un indicio de esa constante conflictividad. Así había denominado el propio Cobain a un montaje de audio que había realizado en su casa, en la que fusionaba sonidos de The Beatles y Black Flag con otros producidos por él, y fragmentos de películas.

La reconstrucción de la personalidad de Cobain es precisa y profunda, y a lo largo de dos horas —que, vale decir, parecen mucho más— cada aspecto de su carácter es trabajado en detalle. El pequeño niño rubio y de ojos azules con diagnóstico de hiperactividad, va mutando frente al lente a partir del aporte de sus personas más cercanas y del material que cada una dio al equipo de producción. Son muy pocos los testimonios tenidos en cuenta: sus padres Wendy y Don, la pareja de su padre, su exnovia, su hermana Kim; su amigo y colega, Krist Novoselic; y su última mujer, Courtney Love. La ausencia de David Grohl no pasa desapercibida, pero tampoco va en detrimento del documental.

Víctima de una adolescencia fatal en la que mucho influyó su familia, que no supo comprenderlo ni respaldarlo, la música y las drogas se volvieron las únicas alternativas de Cobain para salir adelante, hasta que terminó optando por el suicidio. El manejo de la banda sonora (prácticamente toda de Nirvana) es sublime. La intensidad musical de Nirvana y los gritos desgarradores de su cantante son interrumpidos de manera abrupta por el silencio, y es ese uno de los recursos mejor trabajados para generar un efecto devastador en los espectadores. Ese y los cambios de ritmo en la compaginación de imágenes.

No sorprende que durante su proyección algunas personas abandonen la sala; Montage of heck tiene secuencias desesperantes e insoportables, y no son sólo las vinculadas al consumo de heroína. El recorrido íntimo por los apuntes de Cobain, en los que siempre alude a su necesidad de morir, es angustiante. Lo mismo sucede con sus dibujos, casi todos aterradores.

Otro de los buenos recursos que aplica Morgen es el de recrear situaciones a través de las animaciones, bien definidas y para nada caricaturescas. Con ellas les da vida a algunos audios que dejó Cobain (entre sus pertenencias había más de 100 casetes), un complemento sensible a un relato complejo y completo, al que no parece faltarle nada.

Frances Cobain, la hija de Kurt y Courtney Love, fue coproductora de la película y fue su participación la que hizo posible unir los puntos para construir este documento. ¿Qué otro aporte podría esperarse, si perdió a su padre cuando tenía dos años? Es un perfil definitivo de Cobain para ella y para el mundo, hecho de primera mano, sin tapujos ni edulcorados, y centrado exclusivamente en su vida. Una vida oscura, dolorosa y plasmada, al fin, de manera brillante. B. F.

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