Obituario

Kirk Douglas, un artista que supo ser héroe y uno de los rostros del Hollywood clásico

El actor tenía 103 años y una carrera en el cine que comenzó en 1946. Fue una figura relevante de su tiempo y una de los últimos sobrevivientes de la era de oro del cine

Kirk Douglas
Kirk Douglas, 1916-2020

Era una de esas figuras que definen por sí mismas, a toda una época. La de Kirk Douglas, fallecido ayer a la edad de 103 años, representó a su manera la edad de oro del cine americano. Y en su historia de vida, en los héroes que encarnó y en las actitudes que defendió, siempre fue un distinto, un galán recio al que su hoyuelo en el mentón, tanto como su simpatía y su ética de trabajo, ayudaron a volverlo una de las más grandes estrellas de la historia del cine.

La noticia de su fallecimiento la dio su hijo, el actor Michael Douglas. “Con gran tristeza mis hermanos y yo anunciamos que Kirk Douglas nos ha dejado hoy a la edad de 103 años”, escribió en su página en Facebook. “Para el mundo era una leyenda, un actor de la época dorada del cine que vivió hasta bien entrada su época dorada, un humanitario cuyo compromiso con la justicia y las causas en las que creía marcaba una pauta a la que todos nosotros debíamos aspirar. Pero para mí y mis hermanos Joel y Peter era simplemente papá”.

Hijo de pobrísimos inmigrantes ruso-judíos (su verdadero nombre era Issur Danielovitch Demsky), Douglas nació en Amsterdam, Nueva York, el 9 de diciembre de 1916. Siguiendo el protocolo de la época, pasó de la escuela de actuación, al servicio militar y a dedicarse al teatro en Broadway donde debutó en 1941.

Tras la muerte de Douglas, la única estrella de esa época dorada de Hollywood que aún vive es Olivia de Haviland, quien en julio cumple 104 años.

En 1946, y estando en bancarrota, llegó a Hollywood donde debutó en El extraño amor de Martha Ivers de Lewis Milestone y tres años después consiguió una nominación al Oscar por el papel de un inescrupuloso boxeador en El triunfador de Mark Robson.

Fue la primera de tres nominaciones como mejor actor. Las otras fueron al servicio de Vincente Minelli: Sed de vivir, donde interpretó a un intenso Vincent Van Gogh y Cautivos del mal, una dura crítica a los métodos de Hollywood que él encarnaba en un recio productor.

A pesar de sus aportes a la industria y un buen tino para elegir proyectos nunca ganó el premio. Recibió, sí, un Oscar honorífico en 1996 celebrando sus 50 años de carrera en el cine. Lo fue a retirar con toda la hidalguía de muchos de sus héroes.

Su gran década fue la de 1950, pero aunque luego sus proyectos interesantes se hicieron más esporádicos su estrellato sería imbatible hasta sus últimos días. En 2011, subió a entregar un Oscar, recibió una ovación y se permitió bromear con las celebridades.

Como parte del sistema de estudios, Douglas trabajó en películas importantes de los grandes directores del cine clásico americano. Entre ellos están William Wyler (Antesala del infierno), Billy Wilder (Cadenas de roca), Jacques Tourneur (Traidora y mortal) Michael Curtiz (Música en el alma) y Howard Hawks (Sangre en el río).

Ahí hay que sumar su asociación creativa con Stanley Kubrick para La patrulla infernal y Espartaco, que le aportaron dos de los grandes héroes que encarnó en su carrera.

Los dos, además, lo definen bastante bien. En la primera, uno de los grandes alegatos pacifistas de la historia del cine, interpretó a un teniente francés que defiende a unos soldados que serán fusilados como chivos expiatorias de la cobardía de sus superiores. El travelling en las trincheras y su discurso final son dos momentos clásicos de la historia del cine.

En Espartaco encarnó a un héroe de una sola pieza: el líder de una revolución de esclavos que se levantó contra la opresión romana, y terminó en un martirio que, quizás, podría estar refiriéndose a sacrificios recientes en la industria del cine de esa época.

Después estuvo en asuntos más o menos interesantes como Los valientes andan solos de David Miller. Los vikingos de Richard Fleischer, Dos semanas en otra ciudad de Minelli, La lista de Adrian Messenger de John Huston o Siete días de mayo de John Frankenheimer. Su última películas destacada probablemente sea Furia de Brian De Palma a comienzos de los 80. La última estrenada en cines de Uruguay fue Herencia de familia, una comedia en la que compartía elenco con su hijo, Michael y su nieto Cameron.

Douglas fue un tipo de los duros del cine y una de las figuras que más hizo para consolidar el modelo clásico de Hollywood aunque siempre fue crítico de algunos de sus manejos. Y no disimuló su recelo con aquello que se interponía en su expresión como artista.

En 1952 dejó Warner para formar su propia productora, Bryna, una movida que predijo la decadencia del modelo de los grandes estudios. En 1960 le dio el crédito de guionista de Espartaco a Dalton Trumbo, uno de los descastados en la listas negras de la persecución anticomunista de la industria que había escrito con seudónimo sus últimas películas: un gesto político que cerró una era siniestra de un plumazo.

En los últimos años se había dedicado a la filantropía junto a su esposa Anne Buydens. Era un luchador de causas justas que usó su carisma y su nombre para impulsar los asuntos que le preocupaban.

Su registro actoral era, como todos los de su generación, todo lo genérico que se le permitía pero cuando era exigido respondía demostraba su formación y su pasión.

Pero como los de su clase, Douglas fue mucho más que un actor y un héroe. Fue una estrella. Y, dirán los contemporáneos de su esplendor, una estrella de un brillo como ya no se ven más.
 

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