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Kevin Hart como un padre en problemas en "Paternidad", un drama amable para Netflix

"Paternidad" lo muestra al comediante en un terreno totalmente novedoso para él en una historia de un viudo que debe criar solo a su pequeña hija

Paternidad
Melody Hurd y Kevin Hart en "Paternidad"

Hay algo engañoso, dicho con todo respeto, en Paternidad, la película que acaba de estrenar Netflix. Eso puede deberse, por ejemplo, a la presencia de Kevin Hart, un actor petiso y gracioso que ha acostumbrado al público a comedias como las recientes Escuela nocturna o Un espía y medio, que son medio tontas pero, gracias a él, tirando a eficaces.

Esto no es una comedia, un detalle que el trailer camuflaba con los dos o tres únicos chistes esparcidos en lo que es más un drama inspirador, de aquellos que antes iban directo a la televisión. Hart está en un terreno diferente.

Hay que saber que esto es una producción de Sony que estaba pensada para ir directamente al cine, una opción descartada después de seis postergaciones en su fecha de estreno. La presencia siempre taquillera de Hart y la imposibilidad de llevarla a las salas, la convirtió en uno de los estrenos fuertes de Netflix.

Después de todo, es el lugar (el streaming) para verla. Hoy se ve difícil que películas como estas vayan a volver a los cines.

Y eso que la dirige Paul Weitz quien es el fundador de la saga de American Pie y había hablado de paternidades forzosas en la bien interesante About a Boy sobre novela de Nick Hornby y con Hugh Grant como un soltero obligado a ejercer como padre sustituto (está en Netflix).

Paternidad también está basado en un libro, Two Kisses for Maddy de Matt Logelin, quien cuenta en un tono muy personal su experiencia como padre viudo. Empezó compartiendo sus vivencias en un blog y las reunió en un best seller.

El espectador “engañado” por la presencia de Hart y el trailer empieza a pensar cómo van a hacer para levantarle el humor a una película que empieza con un velorio. Matt está paralizado y no es para menos: Liz, su esposa, murió a pocas horas de dar a luz a Maddy, una hermosa nena. Una serie de flashbacks hacen compartir el dolor por que se los muestra como una pareja adorable y llena de ilusión.

Como es previsible, Matt no la pasa bien. Al duelo le debe sumar el tener que hacerse cargo de la beba, una tarea para que, por lo visto, no está nada preparado. Sus torpezas generan algún que otro gag que le permite a Hart explotar su personaje tradicional pero todo se resuelve de la manera más amable.

Cinco años después (eso no estaba en el libro original), y con la nena Hay algo engañoso, dicho con todo respeto, en Paternidad, la película que acaba de estrenar Netflix. Eso puede deberse, por ejemplo, a la presencia de Kevin Hart, un actor petiso y gracioso que ha acostumbrado al público a comedias como las recientes Escuela nocturna o Un espía y medio, que son medio tontas pero, gracias a él, tirando a eficaces.

Esto no es una comedia, un detalle que el trailer camuflaba con los dos o tres únicos chistes esparcidos en lo que es más un drama inspirador, de aquellos que antes iban directo a la televisión. Hart está en un terreno diferente.

Hay que saber que esto es una producción de Sony que estaba pensada para ir directamente al cine, una opción descartada después de seis postergaciones en su fecha de estreno. La presencia siempre taquillera de Hart y la imposibilidad de llevarla a las salas, la convirtió en uno de los estrenos fuertes de Netflix.

Después de todo, es el lugar (el streaming) para verla. Hoy se ve difícil que películas como estas vayan a volver a los cines.

Paternidad también está basado en un libro, Two Kisses for Maddy de Matt Logelin, quien cuenta en un tono muy personal su experiencia como padre viudo. Empezó compartiendo sus vivencias en un blog y las reunió en un best seller.

El espectador “engañado” por la presencia de Hart y el trailer empieza a pensar cómo van a hacer para levantarle el humor a una película que empieza con un velorio. Matt está paralizado y no es para menos: Liz, su esposa, murió a pocas horas de dar a luz a Maddy, una hermosa nena. Una serie de flashbacks hacen compartir el dolor por que se los muestra como una pareja adorable y llena de ilusión.

Como es previsible, Matt no la pasa bien. Al duelo le debe sumar el tener que hacerse cargo de la beba, una tarea para que, por lo visto, no está nada preparado. Sus torpezas generan algún que otro gag que le permite a Hart explotar su personaje tradicional pero todo se resuelve de la manera más amable.

Cinco años después (eso no estaba en el libro original), y con la nena (Melody Hurd) en edad escolar, Matt conoce a Liz, una muchacha que no solo se llama como la difunta esposa, sino que es linda, soltera y le encantan los hijos ajenos. Matt además lidia de una manera civilizada y comprometida con la identidad de género de Maddy, quien prefiere vestirse con ropa interior de varón o ir a la escuela de monjas con pantalones en lugar de la mandatoria pollera. Toda esa subtrama es solucionada con buena onda y sin demasiada profundidad.

Ese es, en todo caso, el mayor problema de Paternidad: la insistencia en no ir muy hondo en nada. Parece, en ese sentido, que de cada una de las decisiones de guion se tomó la menos arriesgada. Las comedias de Hart, muchas veces, no tienen esos pruritos.

Así también puede ser vista como una suerte de limpieza de imagen para Hart, quien supo incluir en sus rutinas de stand up comentarios con tintes homofóbicos. Le costaron, por ejemplo, ser el anfitrión de los Oscar y algún intento de cancelación aunque desde entonces ha estado en proyectos de gran porte como Jumanji. Acá figura como productor de una película tolerante y liberal.

Es, entonces, un proyecto personal de un comediante en busca de una nueva imagen. Pero Escuela nocturna es mucho mejor.



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