CRÍTICA - CINE

Un juego que no logra encastrar

Cincuenta sombras más oscuras [**]Estados Unidos, 2017. Título original: Fifty Shades Darker. Dirección: James Foley. Guión: Niall Leonard, basado en la novela de E.L. James. Producción: Dana Brunetti, Michael De Luca, E.L. James, Marcus Viscidi. Fotografía: John Schwartzman. Con: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eric Johnson, Kim Basinger, Marcia Gay Harden. Duración: 118 minutos. Estreno: Jueves 9 de febrero.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Caputura del segundo trailer de Cincuenta Sombras de Grey

Para no arrastrarla a su vida condenada a la oscuridad, el vampiro Edward abandona a la humana Bella a su suerte y, en la segunda entrega de la saga Crepúsculo, o sea Luna nueva, ella se hunde en el sufrimiento mientras se las ingenia para que él vuelva a su lado. Pero Christian Grey, aunque su historia nació como una versión erótica de la escrita por Stephenie Meyer, no tiene tanta paciencia y le lleva menos de 10 minutos de película (literal) recuperar a Anastasia Steele, que al final de Cincuenta sombras de Grey lo había abandonado, atormentada por sus sádicos gustos sexuales. Al final el asunto no era tan grave. ¿O sí?

Lo más difícil de Cincuenta sombras más oscuras es empatizar con el personaje que construye Dakota Johnson (poco mejor que en la entrega anterior), que se debate absurdamente entre caer en los juegos de su amante, cambiarlo para siempre y convertirlo en su príncipe azul, o dejarlo en el pasado. Su propio discurso va tantas veces hacia adelante y hacia atrás, que hace perder a cualquiera. Y eso no es lo único confuso en esta secuela que no es ni peor ni mejor que su antecesora: es igual de lenta y cansina, con sus diálogos entrecortados y esa sensación de estar dándole vueltas siempre al mismo asunto, el de si está bien o no el sexo como lo concibe el apuesto señor Grey.

Lo confuso son las otras líneas argumentales que, se supone, se deberían trabajar.

Si no puede ver el video, haga click aquí.

Aparece, por ejemplo, una ex sumisa perturbada de Grey (Bella Heathcote) acechando a Steele, pero apenas se profundiza en el asunto y se resuelve de manera muy vaga, con el protagonista haciendo una intervención digna de un héroe de acción de segunda mano.

Aparece también la muy esperada por los fanáticos señora Robinson (la que introdujo a Grey al sadomasoquismo, interpretada por una intrascendente Kim Basinger), sólo para cumplir con lo que indica la novela y para molestar un poco a la protagonista, que sigue teniendo eso de Cenicienta en un mundo de lujos, vestidos carísimos y un estilista a la orden del día. Su palidez y sus labios rojos siempre rodeados de grises y colores secos, contribuyen a esa sensación de que la brillante estudiante de literatura no debería estar metida en ese mundo tan... complicado.

Y la otra aparición es la del jefe de Steele (Eric Johnson), que al igual que las mencionadas anteriormente, no aporta. Los recursos de la muchacha consternada, la mujer de importancia clave en el desenlace de la historia y un hombre peligroso, con todo el potencial que tienen en sí mismos, son apenas presentados y abordados de manera superficial; piezas encajadas a la fuerza en un puzzle que quiere concentrarse en la pareja y sus asuntos más íntimos, tratando de que sean más explícitos pero aptos según los niveles hollywoodianos.

Es, en definitiva, un juego de encastre que no va a funcionar pero en el que uno se empecina, tratando de al menos entender por qué es que no funciona. La belleza de los protagonistas, la sensualidad, el cuidado estético, la banda sonora (nuevamente un acierto con estrellas pop que crean el ambiente) y algún chiste de la protagonista son las pocas cosas rescatables de Cincuenta sombras más oscuras, que podría haber encontrado en esa prometida oscuridad algo en lo que levantarse de la fallida primera parte. Sin embargo, se queda en el mismo lugar, y deja la puerta abierta a una tercera entrega... ¿igual?

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados
Max caracteres: 600 (pendientes: 600)