ENTREVISTA

Juan José Campanella: “El rodaje fue como una reunión de compinches”

El reconocido director de cine argentino presenta su nueva película, El cuento de la comadreja, que se estrena este jueves

Juan José Campanella
Juan José Campanella, con nueva película. Foto: AFP

El director argentino, ganador del Oscar por El secreto de sus ojos, tiene película nueva, El cuento de la comadreja, una adaptación de un clásico del cine argentino, Los muchachos de antes no usaban arsénico, con Graciela Borges, Óscar Martínez, Luis Brandoni y Marcos Mundstock como cuatro veteranas personalidades de cine en un viejo caserón. Es una comedia inteligente -a la inglesa, dirán algunos- que Campanella tenía en carpeta desde 1997. Se estrena el jueves.

-¿Por qué hacer una nueva versión de Los muchachos de antes no usaban arsénico?

-Siempre fui fanático de la película. En 1997 que es cuando escribí el primer boceto, estaba compaginando en Los Ángeles mi segunda película y me puse a pensar en las comedias de Lubistch y Wilder y las de los estudios Ealing, de diálogos inteligentes, y ahí empecé a pensar que esta película era una buena idea. Por ejemplo, para hacer un homenaje al cine convirtiendo a todos los personajes en gente de cine. Y la relación entre Mara (Graciela Borges) y Pedro (Luis Brandoni) me permitía explorar algunos temas que siempre están en mis películas como el amor a través de los años y sus idas y vueltas. Con esas dos cosas ameritaba usar aquella película como vehículo para contar una nueva historia.

-¿Se puede leer como una reflexión sobre un tipo de cine?

-Es un homenaje, un volver a ver ese tipo de cine, aquellas películas que terminaban bien, sin vueltas. 

Juan José Campanella
Juan José Campanella, visita a un clásico. Foto: Difusión

-Y es un rescate de un tipo de cine argentino popular.

-Hay dos definiciones de popular: una es que sea masivamente vista y la otra es que sea una película de vocación popular, más allá de lo que haya pasado en la taquilla. El cuento de las comadrejas no tiene un humor burdo, por ejemplo. Y también el concepto de popular ha bajado: los chistes de las comedias de Lubistch despertaban carcajadas y ahora no sé si se entenderían. En las proyecciones que vi de mi película, y en chistes en las que tenía dudas de si era demasiado irónico o no tan obvios, lo que me ha pasado de mucha gente que se ríe mucho. Es lo mejor que puede pasar.

-¿Iba a hacerse en Hollywood? Entiendo que la empezó a trabajar en inglés.

-Originalmente sí. Y con todo lo del Oscar era más natural, pero cuando en 1999 me vine a Argentina, ya pasó a ser argentina.

-¿Cómo es su carrera hoy?

-Muy variada. De acuerdo a dónde me lleva el entusiasmo. El único proyecto serio que tengo es la construcción del teatro Politeama acá en Buenos Aires que es muy grande para mis socios y para mí, y que va a llevar dos años. Todo lo demás es seguir con la obra de teatro (¿Qué hacemos con Walter?) a la que, por suerte, vienen muchos uruguayos.

-El grado de exposición del Oscar no lo hizo cambiar Buenos Aires por Hollywood o hacer películas por compromiso. ¿Recibe muchas ofertas desde allá?

-Cuando una película gana el Oscar, durante un tiempo (que en mi caso fueron dos o tres años) hay decenas de ofertas. Después se van espaciando. Yo en ese momento estaba enfrascadísimo en Metegol, de la que empezamos la producción al mes que El secreto de sus ojos ganó el Oscar, y no podía irme porque era un proyecto muy caro que venía acompañado con la intención, que se concretó, de abrir una industria de animación en Argentina. Y es verdad que los proyectos que me llegaron no eran lo que quería hacer en el momento. De los que rechacé, ninguno fue una gran película.

-Pero sigue trabajando en Estados Unidos.


-Sí, yo me llevo bien allá. Voy cada tanto, trabajo, hago series, lo que me sirve para un cambio de aire. Me sirve mucho filmar cosas de otros: me dan cintura que me den dos o tres parámetros creativos que me exijan, son tres semanas y no me cuesta nada. Y como hago las películas que quiero, hacer series me divierte. Y además hay mucho rango de creatividad.

Juan José Campanella. Foto: AFP
Un director con gran sentido del público. Foto: AFP

-¿Hay algún capítulo de serie que ubica al nivel de su cine?

-El capítulo ocho de Vientos del agua es una de las mejores cosas que he hecho. Algunas escenas en capítulos de Colony también me gustan. Y me gusta mucho el piloto de Halt and Catch Fire, una serie que no tuvo mucho éxito pero que se está volviendo de culto.

-Sus películas, a menudo, se asocian con cierta nostalgia y hay algo de eso El cuento de las comadrejas. ¿Está de acuerdo?


-En realidad... Si uno mira la película en total, el razonamiento sería este: todas mis películas medio empiezan con un personaje encerrado en el lugar, la nostalgia de quedarnos en los tiempos viejos, es un lugar cómodo de lamento . Pero siempre se trata de salir de ese lugar y empezar a hablar de futuro. Eso estaba clarísimo en Luna de Avellaneda o en El hijo de la novia.

-¿Cómo fue este rodaje con un elenco tan importante?

-Fabuloso. Oscar (Martínez), Beto (Brandoni) y Graciela (Borges) trabajaron juntos mucho y aunque Marcos (Mundstock) no, porque estaba en Les Luthiers, son amigos de la noche. Era como una reunión de compinches y era como trabajar con cuatro chicos que se ponían a cuchichear y se reían entre ellos. Y hubo una gran conciencia del equipo de que estábamos con cuatro monstruos. El único problema real fue el frío porque era invierno y la película transcurre en primavera. Había más frío adentro de la casa que en los exteriores. No había manera de calentarla.

-Usted es muy activo en opinar sobre la realidad argentina. ¿Qué está pasando?

-Argentina está en un momento muy clave con dos maneras muy disímiles de cómo se ve el futuro del país. Y esas dos ideas, más allá de nombres, es lo que se va a votar: Macri y Cristina son emergentes de actitudes sociales. Como sociedad, voy y vengo. Hay días que te encontrás con gestos de solidaridad que no veo en Estados Unidos, y por otro lado te encontrás con una intolerancia frente al que piensa distinto que tampoco existe en otros lados.

un clásico

Una comedia como las de antes

Juan José Campanella, para su séptima película, revisita un clásico maldito del cine argentino: Los muchachos de antes no usaban arsénico, que José Martínez Suárez dirigió en 1976 con un elenco notable en el que fuguraban Narciso Ibañez Menta, Mario Soficci, Arturo García Buhr, Mecha Ortiz y Bárbara Mujica. En El cuento de las comadrejas, que se estrena este jueves, Campanella -quien ganó el Oscar con El secreto de sus ojos, y también dirigió El hijo de la novia y Luna de Avellaneda- hizo algunos cambios. Aquí los cuatro habitantes de una casona son viejos hombres del cine con Graciela Borges como una diva a lo Gloria Swanson en Sunset Boulevard que vive con su esposo (Luis Brandoni), y el guionista (Marcos Mundstock) y el director (Oscar Martínez) de sus películas. Cuando llegan unos especuladores inmobiliarios (Nicolás Francella, Clara Lago), se dispararán recuerdos y alguna manera ingeniosa de librarse de ellos. Es una comedia divertida con alguna cosa escabrosa y un aire a películas de las que ya no se hacen. Y un elenco que ayuda mucho.

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