Michael Douglas

"Jamás había hecho una de efectos especiales"

El actor interpreta a Hank Pym, el científico que creó a Ant-Man.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Jamás había leído comics de Marvel", admitió.

—Se lo deben haber preguntado decenas de veces, pero ¿cómo fue su primer contacto con este papel?

—Lo primero que hice fue leer el cómic. Hasta ahora no tenía la menor idea de este mundo. Jamás había leído una historieta de Marvel.

Junto con el guión me mandaron un libro muy bonito con tapa de cuero y dos años de historietas de Ant-Man. Y allí pude conocer a Hank Pym.

—¿Cómo lo definiría?

—Por un lado es un científico brillante, responsable del impresionante éxito de la empresa que él mismo creó, y por el otro un guerrero, un combatiente que sufre la trágica pérdida de su esposa mientras hace esfuerzos enormes por recuperar el vínculo con su hija. ¡Guau!, me dije. ¡Qué personaje interesante! Aquí hay material mucho más rico que el de muchos otros papeles que me tocó hacer en el pasado.

—¿Qué encontró de nuevo? ¿Algo diferente de lo que estaba habituado a hacer?

—¡Jamás había hecho una película con efectos especiales! Tenía que hablar con personas diminutas que caminaban por mi hombro. Fue algo muy divertido, como pasar una temporada completa en el mejor parque temático de entretenimientos. Si tuviese 25 años menos... Recuperé gracias a este proyecto la convicción de que hacer películas es sobre todo un acto de magia. Además, el productor Kevin Feige y especialmente el director, Peyton Reed, tuvieron desde el comienzo una idea muy clara de lo que había que hacer. Ellos tienen una mirada bien precisa, pero al mismo tiempo muy flexible, abierta. Además, vieron mejor que nadie que la película se concentra sobre todo en las relaciones entre padres e hijos, y especialmente en el conflicto afectivo que envuelve a mi personaje y al de mi hija.

—¿Enfrentó alguna exigencia física en este papel?

—No mucho. Un poco de acción mayor a la habitual, nada más. La verdad es que al final de cada día de rodaje terminaba exhausto, pero no por mí. Me cansaba sólo de ver trabajar a Paul Rudd.

—¿Será acaso este gusto suyo por sorprender y aparecer en lugares inesperados el estímulo que necesita para seguir disfrutando de su carrera de actor?

—Mi historia está hecha en la mayoría de los casos de producciones independientes. Esto es así aunque mucha gente no lo vea sólo por el hecho de que mi padre se llama Kirk Douglas. Mi primera película como productor, Atrapado sin salida, era independiente. Y las dos más recientes, Juntos...pero no tanto y Duelo al sol, también. Quizás por eso me siento muy feliz de volver después de mucho tiempo a trabajar con un gran estudio. Lo tomo como un halago y un reconocimiento. Y esta posibilidad de participar en lo que seguramente será un éxito mundial me ayudará a seguir adelante con mis proyectos pequeños e independientes.

—¿Se animaría a definir lo que es un actor?

—Es volver a la infancia. Recuperar el asombro. No perder nunca el sentido de la incredulidad. 

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