CINE

Un italiano que no para de hacer películas

Se estrenó "Sangre de mi sangre" del eterno Marco Bellocchio.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
"Sangre de mi sangre". Foto: Difusión

Quizás Marco Bellochio —junto con los hermanos Taviani, que incluso son unos años mayores que él— sea de los últimos grandes maestros del cine italiano clásico aún en actividad. Comenzaron en la década de 1960 y siguen produciendo: Paolo y Vittorio Taviani (85 y 87 años respectivamente) están trabajando en Una questione privata y Bellochio (77) estrenó ayer en Italia su última película, Fai bei sogni.

Y ayer se estrenó en Uruguay, la penúltima obra de Bellocchio, Sangre de mi sangre que fue saludada como una de las mejores de una carrera que se inició en 1965 con Con los puños en los bolsillos y que incluye películas como La condena, La hora de la religión, Vincere y Salto al vacío. Es parte de una generación heredera del neorrealismo y de algunas modernidades posteriores.

Sangre de mi sangre (que ahora va en Cinemateca 18 y se exhibió en el reciente Monfic 16) transcurre en dos tiempos y en un solo lugar: un convento de la Emilia-Romagna, la región en la que nació el director. Por un lado, en el siglo XVII, está la historia de una monja que no quiere aceptar que fue poseída por el demonio después del suicidio del cura con el que tenía un romance. La segunda transcurre en la actualidad cuando el convento es habitado por un ser bastante extraño que se niega a vender su casa a un magnate ruso.

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