AHÍ ESTUVE

El inolvidable ratito de 300 fans junto a Lali

Ni la alerta naranja ni los fuertes vientos pronosticados para la jornada de ayer impidieron que cientos de fanáticos de la cantante Lali Espósito se acercaran hasta el Montevideo Shopping para tener un disco autografiado de la artista.

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Miles de fanáticas se juntaron en el Montevideo Shopping para conseguir su autógrafo. Foto: D. Borrelli

Muchos pasaron la noche durmiendo incómodamente en las escaleras exteriores del shopping y otros sin tanta suerte se quedaron a la intemperie, en el estacionamiento, para hacerse con una de las 300 pulseras que comenzaron a repartirse a las 10 de la mañana y que los habilitaba a estar, al menos un momento, con la argentina que llegó para promocionar su show del 6 de diciembre en el Teatro de Verano.

A las cinco de la tarde del martes ya había decenas de personas aguardando para conseguir estar entre los primeros afortunados. "Mamá, llevanos y acompañanos" fue el pedido de cientos de estos niños y jóvenes que, aprovechando el feriado, acamparon en las inmediaciones del shopping.

Para el mediodía ya eran cerca de 500 personas las que rodeaban Todomúsica. Otro centenar, en las escaleras exteriores, esperaba conseguir una pulsera que, reclamaban, se les había prometido.

Esa clase de escena, comentaban algunos, también se repitió en el Hotel Radisson, donde otro grupo esperaba a la cantante desde tempranas horas de la mañana.

En las inmediaciones de Todomúsica se formaron dos grupos. Por un lado una fila ordenada de jóvenes con cinta naranja en su muñeca. Eran los afortunados que consiguieron el salvoconducto —como Charlie para la fábrica de chocolate— para estar junto a la cantante. Del otro lado, una masa de gente acaparaba la entrada y solo esperaba ver a Lali; era lo más cerca que iban a estar, así que sabían que debían hacerse notar para robarle un instante de atención.

Unas horas antes de que apareciera Espósito, algunos padres empezaron a reclamar por el lugar en el que estaban algunos de sus hijos comparando hora de llegada y lugar en la cola.

Estaba lleno de gente. Por ahí hay padres, niños y adolescentes, sobres de dormir, sillas, tuppers con comida y muchas mochilas. La escena se parecía más a una salida de campamento liceal que a unas fanáticas esperando a su ídola.

Treinta minutos antes de la hora fijada para la llegada de Espósito, gente de la organización empezó a aprontar la mesa para la ceremonia de firma de autógrafos, lo que, vaya uno a saber por qué, hace que la parcialidad empiezara a corear un repetitivo "Lali, Lali".

Además cantaban y bailaban los versos de las canciones del disco Soy acompañando la música que salía de los parlantes. No hay nada más estruendoso y desafinado que un coro de adolescentes, se los aseguro.

A las dos de la tarde, la hora prometida, la cantante seguía sin aparecer, pero los fanáticos no se preocupaban. Pero, según me comentó alguien al que se le notaba un poco más de paciencia que el resto, "Lali no es de llegar en hora".

Así que los 30 minutos de atraso que tenía cuando llegó fue disculpado y así se mostró: el mundo se vino abajo por los gritos de los fanáticos que la vitoreaban como si estuvieran en el estadio.

"¿Dónde está la gente?", pregunta Espósito, incapaz (¡es tan bajita!) de ver algo detrás del muro de cámaras. Para ella no había ningún adolescente a la vista, hasta que empezaron a dejarlos pasar siempre y cuando tuvieran la pulsera naranja.

Llegado ese momento único las muchachas se emocionaron sin pudor y a puro llanto. Quizás sea la mezcla entre alegría y cansancio, pero era una escena linda. Lali, pura simpatía, las tranquilizó, con besos, abrazos, y, claro, la firma el disco. Y no hay nada más lindo que la cara de una chiquilina contenta de vivir uno de los momentos inolvidables de su vida.

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