Aniversario

Hoy se cumplen 20 años de la muerte de Stanley Kubrick, un maestro del cine

Fue uno de los grandes independientes con un puñado de películas que aún mantienen su encanto

Stanley Kubrick
Stanley Kubrick, un maestro que se mantiene vigente

Con esa terquedad porque las cosas salgan a su manera, Stanley Kubrick falleció justo después de entregar la versión definitiva de su última película, Ojos bien cerrados. Había sido un intransigente con eso de mantener personal y puro su arte, así que el 7 de marzo de 1999, hace hoy 20 años, murió aferrado a ese precepto. Ojos bien cerrados fue una gran despedida de uno de los grandes directores del cine estadounidense.

Limitar su obra a una nacionalidad es, igual, demasiado, perdón, limitante. Aunque nació en Nueva York, hizo gran parte de su obra desde Europa. Comparte mucho con el otro gran director independiente, personal, genial y algo petulante del cine mundial, su compatriota Orson Welles. Sin los problemas financieros que atentaron contra la obra de Welles, Kubrick hizo las películas que quiso, en el tiempo que quiso y de la manera que quiso.

Así entregó algunas piezas únicas que marcaron su época como Lolita, 2001: Odisea del espacio, La naranja mecánica, Nacido para matar, películas que, además, generaron debates sociales, científicos, políticos y artísticos.

Al igual que Welles, Kubrick encontró en el cine una forma de expresar cuestiones que ya había explorado en otro arte. En su caso fue la fotografía: a los 19 años, este neoyorquino se hizo fotógrafo de la revista Look. En esas instantáneas mostró el mismo humanismo de sus películas, aun en las más espectaculares.

Tras unos primeros intentos de principiante con ideas (la pelea entre maniquíes de Marcado para morir, por ejemplo), hay coincidencia en que su primera obra madura es Casta de malditos, el robo a un hipódromo, novedosamente, contado desde varios puntos de vista. Mayor personalidad hay en La patrulla infernal, un alegato pacifista ambientado en la Primera Guerra Mundial con Kirk Douglas enfrentando la prepotencia y la necedad de unos oficiales. Allí ya están presentes algunas de sus cuestiones narrativas (los travellings laterales, la simetría) y temáticas (la indefensión del hombre ante las estructuras jerárquicas), además de la escena clásica en las trincheras y una batalla filmada con ojo y cámara de documentalista.

Algunas de esas cosas se colaban en Espartaco, su única película por encargo y la que determinaría su independencia posterior. Llegó al proyecto invitado por Douglas, intentó darle humanidad y se encontró con un sistema que aun en sus estertores, se atribuía una injerencia directa en el producto final. Esas cosas no iban con él: se mudaría a Londres y haría sus propios proyectos.

Streaming

Dónde ver Kubrick en tiempos como éstos

Como suele pasar, no hay mucho para ver en los servicios de streaming de los directores clásicos. Stanley Kubrick no es la excepción. En Netflix solo está Espartaco, que no es su película más representativa aunque la escena de la batalla entre romanos y esclavos es magnífica, aun sin el esplendor la pantalla grande. En QubitTv están Casta de malditos, Lolita (con el pobre James Mason arruinando su vida por la no tan inocente Sue Lyon), Doctor Insólito (y esa escena final de destrucción total), La patrulla infernal con Kirk Douglas recorriendo trincheras, y una de sus primeras obras, Miedo y deseo.

Empezó así la etapa más importante y personal de su carrera en la que sus películas reflejaron sus inquietudes artísticas y sus preocupaciones personales. Allí hay que incluir su adaptación de una novela infilmable (Lolita), su comedia sobre el apocalipsis nuclear (Doctor Insólito), su reflexión sobre la dependencia con las máquinas y la tercerización de la inteligencia (2001) y las consecuencias de la violencia en La naranja mecánica, una película que sigue siendo incómoda y pertinente a 46 años de su estreno.

Repetiría algunos de esos temas en un tramo final que incluye cuatro películas en 25 años. Están ahí los preciosismos visuales y tecnológicos de Barry Lyndon, su reconstrucción del género de terror que también es una reflexión sobre la masculinidad en tiempos de familia nuclear (El resplandor), un nuevo ataque a la brutalidad militar (Nacido para matar) y Ojos bien cerrados, en la que a partir de una novela de la década de 1910, construye una parábola sobre las fantasías sexuales de los hombres y mujeres modernos. Tom Cruise y Nicole Kidman fueron los últimos en sobrellevar su perfeccionismo patológico, que lo tuvo expatriados en Londres durante un año y medio y repitiendo tomas bajo las órdenes de un poseído.

Parece increíble que con todo eso, Kubrick, que se negó a volver a su país y vivió como un exiliado aristocrático y excéntrico en una mansión en las afueras de Londres, solo haya ganado un Oscar. Fue por los efectos visuales de 2001, justo una atribución que, en un director que se encargaba de casi todo de sus películas, siempre ha estado en debate.

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