Repaso

Hoy se cumplen 20 años del estreno de "Gladiador", un clásico para volver a ver

La película de Ridley Scott y con Russell Crowe como un general romano se estrenó en Uruguay el 16 de junio de 2000. Hoy está disponible en Netflix

Russell Crowe en Gladiador
Russell Crowe en Gladiador

El problema con estos clásicos recientes como, pongamos, Gladiador, es que con la perspectiva del tiempo, uno termina valorándole mucho de lo que, en su momento le odió. Es decir, todo lo malo de esa épica romana sigue estando ahí: el melodrama barato, el laconismo de Russell Crowe, todos los lugares comunes, el heroísmo de postal y el acopio de anacronismos y construcciones históricas que tienen poco de históricas.

Pero, vista hoy (está en Netflix), parecería que es lo que precisaba una superproducción de ese tipo, con ambiciones tan romanas como conquistar el mundo. Vale decir que lo consiguió: en Uruguay, por ejemplo, donde se estrenó el 16 de junio de 2000 (o sea de lo que hoy se cumplen 20 años) fue la segunda película más vista de ese año con 105.000 espectadores, de acuerdo al sitio Cinestrenos; en el mundo recaudó unos 500 millones de dólares.

Al servicio de ese éxito están los cuidados visuales de Ridley Scott, el director más desparejo del mundo que en Gladiador tiene una de sus mejores obras. Aunque parece lejos de Alien: El octavo pasajero, Blade Runner y Thelma & Louise (lo mejor de su carrera), se ubica cómoda con La caída del Halcón Negro y Gangster americano, en un término medio más que aceptable. Por suerte, también, está lejos de inventos de época como Éxodo: Dioses y reyes, Cruzada o 1492: la conquista del paraíso. Esas no están buenas.

Hoy, entonces, Gladiador se deja ver, más allá de cualquier crítica, como un entretenimiento vistoso y de gran despliegue, que se mira con el reposo del que sabe que la historia va en velocidad crucero sin complicaciones narrativas. Eso es todo lo que quería conseguir. y tuvo el bonus de cinco Oscar, incluyendo el de mejor película y mejor actor protagónico, Russell Crowe.

El neocelandés interepreta a Maximus, un general romano que se ve obligado a convertirse en gladiador para luego rescatar al Imperio Romano. Crowe cumplió con todas las tareas con la dedicación de siempre y tiene la rudeza melancólica que precisaba su personaje.

A pesar de que, justificadamente se lo apropió, Gladiador no era un proyecto de Scott. Los productores Walter Parkes y Douglas Wick lo acercaron a él mostrándole la pintura “Pollice Verso” (“pulgar para abajo”) del artista decimonónico Jean-Léon Gérôme. “Esa imagen me reveló el Imperio Romano en todo su gloria y crueldad”, contó más de una vez Scott. “Desde ese mismo momento supe que estaba enganchado”.

La imagen muestra un gladiador romano mirando al público y esperando la decisión de si matar o perdonar a su víctima. Por lo que se ve la opción poular es la primera.

Pollice Verso
Pollice Verso, la pintura que inspiró "Gladiador"

Acompañando la imagen también había un guion escrito por David Franzoni y sobre el que trabajaron John Logan y William Nicholson. Era un proyecto raro para Scott y para la industria que había pasado de tener a las películas de romanos (Ben Hur, Espartaco) en la gloria artística a convertirlas en una suerte de broma cinematográfica. Además, era un mundo ajeno al director pero que le daba la posibilidad de jugar en un terreno clásico de Hollywood.

La primera opción para el papel principal fue Mel Gibson, quien agradeció la oportunidad pero le pareció muy parecido a su personaje en Corazón valiente. Crowe venía de estar nominado al Oscar por El informante, para lo que debió ganar 20 kilos. que debió perder para hacer de Maximus. El papel lo consagró como una estrella, incluyendo una muy mala disposición durante el rodaje con gritos y caprichos, la negativa a repetir sus líneas y destrozar la mansión que alquilada en Marruecos.

Más calmo resultó Joaquin Phoenix, sorpresivamente elegido para el papel de villano. Al elenco, donde también está Connie Nielsen como Lucila, se sumaron viejas glorias del cine británico como Richard Harris. Derel Jacobi, Oliver Reed y David Hemmings en un papel menor.

Ademas de los modales de Crowe, el rodaje, que se hizo en Malta, Marruecos y Gran Bretaña, tuvo sus propias complicaciones. Hay que anotar la muerte de Reed, por un ataque cardíaco, tres semanas después de llegar a Malta. Solo quedaban por filmar tres de sus escenas, para los cuales Scott utilizó un pionero remplazo digital combinando primeros planos de otras escenas. Muchos de los mejores momentos de la película, están, de hecho, generados por computadora. Y eso incluye el despliegue de la batalla que abre la película y el Coliseo.

La película, que dura dos horas y media, también está hablando de cosas más actuales como el culto a las celebridades, el desdén de la clase dirigente y el viejo asunto del pan y circo. Quizás. Pero lo que hay que son un par de batallas muy bien filmadas, exteriores vistosos y una historia de esas que ya vimos cien veces pero que siempre tienen un encanto.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados